La Falsa Equivalencia.

No cabe duda que vivimos tiempos locos, tiempos de evidente sin razón, tiempos de machismo exacerbado y violento y por lo mismo vivimos también un momento de feminismo irracional. Los medios de comunicación han perdido fronteras y nos encontramos muy cerca de alcanzar una globalización cultural, la profecía de Andy Warhol se cumplió, hoy día, todos podemos ser famosos por un instante, esto nos confunde y nos hace creer que podemos dar una opinión sin fundamentos en cualquier momento, cada vez que nos enteramos de una noticia política, económica o social, ¡atacamos! invertimos mucho más esfuerzos en los medios que en los objetivos, exigimos más de los futbolistas que de los políticos, disparamos juicios antes que ser empáticos, en lugar de sentir vergüenza al ver una foto infame, la compartimos y es por ello que este día vamos a confrontarnos, nos vamos a poner frente al espejo y vamos a determinar en qué nos estamos equivocando.

La equivalencia falsa es una falacia lógica que describe una situación donde hay una equivalencia aparentemente lógica, pero en realidad no hay ninguna. Esta falacia es catalogable como una afirmación de inconsistencia. Evidentemente los ismos nunca nos llevarán a un punto equilibrado de ninguna opinión o circunstancia porque por definición son radicales, por ejemplo, las feministas constantemente utilizan esta falacia para justificar sus procedimientos violentos contra los hombres y contra su entorno, esto no intenta de ninguna forma decir que sus demandas sean falsas o equivocadas, ¡No! pero queda evidente que sus medios no siempre son adecuados, y queda claro porque cierta fracción de la población se los demanda, e inmediatamente como respuesta, nace una falacia de falsa equivalencia, cuando se les pide mesura responden intentando hacernos sentir culpables y justifican “te preocupas más por una pared pintada que por las mujeres muertas”, ¡obviamente no! Claro que nos importa… pero poco o nada tiene que ver una cosa con la otra.

Que estemos viviendo algo terrible no justifica tales actos violentos. Los radicales te intentan hacer creer que pueden hacer cualquier cosa y que si te manifiestas en contra es porque no te importa la causa, en este caso, las mujeres, cosa que es mentira; obviamente en mi condición masculina me perciben como el sujeto menos adecuado para discutir este tema, esto me recuerda mucho al siglo XX donde el mundo estaba dividido en dos facciones y cada individuo tenía que tomar un partido de forma ciega y sobre todo irracional porque estabas con el sistema o contra el sistema y esto provocaba un temor resentido hacia la otredad, algo muy común entre el comunismo y el capitalismo. 

Por otro lado, está sucediendo un fenómeno social muy interesante, que nos está cegando el buen juicio, recuerdo que antes las jerarquías sociales estaban muy bien diferenciadas y provocaban una interrelación más adecuada con el ambiente que te envolvía, por decirlo de alguna forma, los pobres asumían su pobreza y postrados desde esa perspectiva tomaban desiciones que les favorecían y les permitía afrontar y a veces hasta romper esas circunstancias, el individuo, tenía parámetros más objetivos y palpables para tomar una decisión, ahora, insisto, todo se ha confundido, el liberalismo económico nuevamente ha cumplido su funesto objetivo y sus consecuencias nos mantiene ciegos, ¿a qué me refiero? seguimos siendo pobres, pero ya no lo creemos, ya ni siquiera lo concebimos porque viajamos en UBER, porque tomamos café en Starbucks, porque traemos un Smartphone en las manos o porque vergonzosamente nos venden una democracia de papel donde nos hacen creer que votamos por quienes nosotros supuestamente elegimos, antes, ser pobre, al menos significaba pertenecer, era nuestra identidad y sobre todo nuestra bandera y por ello siempre estaba latente una posible revolución, existían los ideales, visualizábamos un enemigo real y en común, el sistema era el enemigo. Ahora morimos por ser parte del sistema. Morimos y peleamos por una falacia absurda. Hoy en día peleamos pobres contra pobres, estudiantes contra maestros, padres contra hijos, hombres contra mujeres, atacamos a nuestro propio hermano, nos herimos y al mismo tiempo disfrutamos del espectáculo.

Walter Benjamin, filósofo alemán de origen judío desarrolla la perspectiva del “utopismo negativo”. Y lo hace articulando discursivamente categorías del marxismo, de la mística judía, del barroco alemán y la poesía de Baudelaire, Walter Benjamin sostiene la idea del tiempo concebido como sucesión, como un “diagrama evolutivo”. El tiempo se separa abruptamente y se fracciona entre el pasado, el presente y el futuro. En esta perspectiva, construimos un sueño de progreso “un avance continuo hacia la supuesta felicidad”. Sin embargo, lo único que estamos construyendo es un futuro Barbárico. 

¿Barbarie?. Así es de hecho. Lo digo para introducir un concepto viejo a esta nueva época, los romanos le llamaban “Bárbaro” a cualquier individuo que no se comportaba como ellos, porque su grupo social representaba la cúspide de la civilización, pero a nuestros hijos ¿Qué les espera? ¿A dónde le lleva al bárbaro la pobreza de experiencia? Los teoremas históricos indican que le lleva a comenzar desde el principio; a comenzar de nuevo… Walter Benjamin se concentrará en analizar la tecnología como instrumento de poder y como un factor determinante respecto de la cultura y la autonomía social. Considera que el desarrollo tecnológico diseñado desde las posiciones de poder, acentúa el poder de control. 

Walter Benjamin

El poder aprende, la tecnología dirige la comunicación hacia la masa y la unifica de modo que se revela como instrumento de control. Asimismo, este filósofo nos advierte y aprecia que el valor de la experiencia colectiva se diluye en la soledad del consumo técnico, del consumismo tecnológico. El sistema nos robó la identidad y nos convirtió en seres solitarios y egoístas. Además y por si fuera poco, este filósofo nos regala una advertencia que él escribió para los hombres del siglo XX, pero que nos viene mejor a nosotros, “La autoalienación de la humanidad ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético”, ¿qué quiere decir? que si eres pobre y crees que tu condición cambia por viajar en UBER y tomar café en Starbucks, pues el sistema ya ganó.

Las redes sociales representan “La hoguera de la banalidad del mal”, son el ejemplo claro que nos muestra que personas capaces de cometer atrocidades pueden ser gente aparente y perfectamente «normales». Cada vez que aparece un asesino, un maltratador de mujeres, un violador de niños en las noticias, oímos a los vecinos decir eso de «es increíble, era una persona normal, ¡¿quién lo iba a decir?!». Pensemos, pues, en esas personas «normales» capaces de cometer actos atroces.  Pues somos nosotros, Pensemos en las personas que no se consideran culpables aunque hayan participado o formado parte de alguna manera en un crimen, pues somos nosotros, Pensemos en las personas que piensan que sus actos son solo un insignificante ejemplo de lo que sucede en la sociedad, pues somos nosotros, pensemos en esas personas que únicamente obedecen y ejecutan los planes trazados por el sistema. Pensemos en los que se ven a sí mismos como un mínimo eslabón sin poder de decisión y, por tanto, sin responsabilidad, dentro de una cadena en la que hay otros por encima que son los que deben rendir cuentas y dar explicaciones. Porque siempre seremos nosotros. Y ahí, en esa obediencia sin reflexionar sobre las consecuencias de los mandatos, en esa forma de trivializar las actuaciones propias que, sumadas, llevan al mal final, en ese pensar «qué más da lo que yo hago si no tiene importancia…», en ese «pero si yo solo soy una persona normal…», ¿hay culpa? Los hoy extintos GRANADEROS no respondían a los rasgos de un monstruo ni de alguien mentalmente enfermo. Su motor no fueron la locura ni la maldad, sino funcionar dentro de un sistema establecido basado en la violencia social. ¿Qué ya no existen? ¡Claro que sí! Solamente cambiaron de nombre. Otros dicen qué y cómo y yo lo hago. Punto. La Policía o la infame guardia civil hacen lo que hacen actuando como un sistema burócrata, como un simple ejecutor, como una marioneta banal, solo guiados por el deseo de hacer lo que debían, lo que estaba estipulado. Pareciera que no tienen sentimiento del «bien» o el «mal» en sus actos. Tenemos un ejemplo histórico en los NAZIS, lo que quedó en las mentes de personas como ellos, no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso y único.

Pero ¿puede un hombre supuestamente «normal» cometer semejantes atrocidades ante una mujer? Todas las personas sometidas y educadas en un sistema machista podríamos hacerlo y hasta justificarlo. En mi opinión, es la educación y los acontecimientos que observamos a diario en los medios de comunicación los que hicieron que ciertos hombres desarrollaran ese odio hacia las mujeres. En determinadas circunstancias, el mal es el resultado de los actos de personas normales que se encuentran en situaciones anormales.

Si tomamos el ejemplo y el nombre de cualquier feminicida observaremos que es un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satanás, sino una persona ‘terriblemente y temiblemente normal’; un producto de su tiempo y del ambiente en que se desenvuelve. 

Sería un desacierto hablar enfocado solo de las últimas noticias aciagas de violencia y odio que cursa hoy la humanidad, ya que haciendo un esfuerzo de memoria, es una constante desde que usted y yo tenemos uso de razón. Se trata de un evento tras otro, que con gran culpa de la superficialidad informática es pasado por alto fácilmente o que a través de la fantasía del “esto nunca me sucederá” es olvidado y sumado a la cotidianidad. El mal, que es invisible para nosotros, está detrás de la cosificación de quien será su próxima víctima, transformamos a las mujeres en mercancía a maneras de explotación,  transformamos a los viejos en un aparato de exclusión, las minorías son objeto de persecución y así mismo quienes no constituyan parte íntegra de un sistema, de un orden, un discurso o una moral. El abuso, el criminal, bien puede ser una persona o muchas, en modalidades de corporación, de organizaciones sociales en protesta o de Estado.

En conclusión: el problema con un criminal es que por naturaleza y de inmediato, renuncia a todas sus cualidades personales como si no quedara nadie por castigar, como si no hubiera crimen ¿Cómo se sentirá un ratero después de ser juzgado por un estado que roba? Por otro lado, todos protestan una y otra vez que sus culpas no eran producto de su iniciativa, que no se tiene ninguna intención ni buena, ni mala, que solo somos víctimas de un sistema o peor aun, que solamente seguimos ordenes, esta justificación nos obliga a emparentar la acción de un criminal y de un policía, esta típica excusa social deja en claro que el mayor mal del mundo es el mal cometido por los “Don Nadie” subordinados, o que se esconden detrás de una causa, el peor mal del mundo es el mal cometido por los hombres que no tienen motivo, ni convicciones, que no tienen un corazón malvado, ni demoniaco, sino por seres humanos que se rehusan a ser personas y es este el fenómeno que estamos sufriendo. 

El sistema se aprovecha de todo esto, porque existe algo peor que ser socialmente desinteresado y es saberlo y aprovecharse de ello. El papel de los líderes políticos y de los intelectuales debería ser de protección social, ellos deben de advertir y revertir el daño, pero como no lo hacen, sino al contrario, lo abusan en beneficio propio, de esta forma nos permiten conocer en profundidad la dimensión y la totalidad del colapso moral que nuestra sociedad está sufriendo y no solamente en nuestro país, sino básicamente en todo el mundo y no solo entre los criminales, sino también entre las víctimas.

No estamos sufriendo una crisis de machismo, no estamos sufriendo una serie de crímenes contra los niños, estamos sufriendo un fenómeno de crimen hacia la humanidad, estamos sufriendo una etapa aguda de perdida de valores donde todos crean juicios sin intentar entender la responsabilidad que recae en cualquiera que se atreva a escribir sobre cualquiera de estos temas, desde el amanecer del hombre, solemos llamarle pensamiento a ese diálogo silencioso entre el sujeto y su propia conciencia, si renunciamos a esta posibilidad, rechazamos ser una persona y si le damos la espalda completamente a esta cualidad humana más determinante que es la capacidad de pensar, estamos perdidos. Queda evidente que nuestro gobierno está abusando de nuestro trance, de nuestra crisis social ¡como siempre lo ha hecho! 

Habiendo una vez entrado en la deconstrucción del mal y el respectivo desmontaje de los actos brutales, es muy probable que nos encontremos con el deseo de quien hizo uso de estos y al final descubramos un “porque así lo quise”, que revela la sociedad que hay entre detentar el poder y su capacidad para administrar el mal, bajo consentimiento o no de lo legal. Miles de seguidores de nuestro actual presidente se deleitan y festejan sus ocurrencias, pensando que al hacerlo se siguen burlando y vengando de los anteriores gobiernos, cuando la realidad es que afecta a nuestro país, ese es el peligro que representa tener un foro social abierto, necesitamos usar el pensamiento crítico y reflexionar que tanto hemos banalizado el mal y cuantas equivalencias falsas articulamos día con día, posiblemente 30 millones de personas si se pueden equivocar, pero ese ya será otro manifiesto. 

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