El apego emocional.

¿Es el resultado de las heridas de la infancia?

Todos sabemos que los primeros años y etapas de nuestras vidas son sumamente importantes para nuestro desarrollo y por lo tanto, para la manera en que aprendemos a comportarnos en el mundo; ¿pero, alguna vez te has preguntado hasta dónde llegan las consecuencias de lo que experimentamos de niños y durante nuestra adolescencia? 

En este ensayo me interesa hablar de una de estas consecuencias en particular y profundizar en ella con el objetivo de lograr comprender de dónde surgen ciertas tendencias afectivas de los seres humanos.

 Me refiero al apego emocional como consecuencia de las heridas que se les infligieron a temprana edad a muchas personas. 

Primero es necesario analizar los vínculos afectivos, con el fin de descubrir cómo, por qué y en qué momento llevan al apego emocional, o si al menos, guardan una relación entre ellos. 

Desde nuestros primeros momentos de vida los seres humanos desarrollamos un vínculo afectivo entre nosotros y nuestros padres (o tutores). Estos vínculos nos generan sensaciones de pertenencia y seguridad, lo que implica que desde pequeños poseemos la tranquilidad de explorar nuestros alrededores y además relacionarnos con otros seres humanos bajo la seguridad de que alguien siempre está allí para cuidarnos. Es ésta una de las razones por las que considero que la forma en que desarrollamos vínculos afectivos con nuestros cuidadores es un factor no necesariamente determinante, pero sí esencial para la formación de nuestra personalidad y carácter. Sin embargo, ¿qué sucede cuando un niño no recibe esta sensación de protección y seguridad de la mejor manera, o en el peor de los casos, no lo recibe? La falta de este aspecto tan importante en nuestras vidas puede afectar nuestro desarrollo, impacta en la formación de nuestra personalidad y aún más importante: influye la manera en que creamos vínculos con otras personas al crecer y en la vida adulta. 

Nuestros mayores, nuestra familia, tienen la responsabilidad no sólo de brindarnos las necesidades básicas para sobrevivir, sino también de ocuparse de nuestro desarrollo emocional, social y mental, un niño necesita recibir atención, cariño, protección y ser brindado de seguridad y estabilidad. A mi parecer, los niños deben recibir un trato que apoye la formación de su autoestima y autoconfianza, sin embargo, no debe olvidarse que otro aspecto esencial en su desarrollo es su educación y eso implica otro tipo de formación: una dirigida a tener valores y responsabilidad social; siempre teniendo cuidado de que en esta educación moral no se ejerza violencia física o emocional sobre ellos. 

Y aunque esto es lo adecuado para nuestra vida temprana, la gran mayoría de veces esta educación idealmente sana no es otorgada por los padres. Esto suele ser por una ideología social sobre cómo se debe educar a los niños: aquí en México, por ejemplo, es de lo más común ver a padres que pretenden educar a sus hijos a base de golpes e insultos; afectando directamente su percepción sobre sí mismos y además dañando este vínculo de seguridad del que hablé previamente. O bien, llega a suceder que se repiten los mismos traumas de la infancia que tienen nuestros padres, gracias al trato que les dieron nuestros abuelos y así una cadena que se ha ido formando sucesivamente a través de los años. 

A lo que me interesa llegar, es que muchos niños y no sólo en México, desarrollan vínculos “dañados” con sus familiares mas cercanos puesto que reciben violencia, insultos, burlas y muchas veces, la falta de atención, cariño y tiempo que un niño necesita. Por ejemplo, muchos no ven a sus padres el tiempo adecuado puesto que tienen demasiado trabajo, otros tienen padres con vicios, y existen otros que tienen padres que simplemente no brindan esta disponibilidad emocional a pesar de estar “presentes”; provocando que los niños no se sientan con la seguridad de contarles cosas a sus padres puesto que en lugar de consejos o una buena conversación reciben gritos, o muchas veces incluso ni siquiera son escuchados. Existen padres que tienden a ignorar o a minimizar los sentimientos de sus hijos, así como sus experiencias y puntos de vista. 

Cuando esta figura que en teoría debería ser la que nos hace sentir seguros, no nos brinda confianza ni escucha todo lo que tenemos que decirle o contarle, nuestro vínculo con ellos se ve directamente dañado, pues de cierta manera, perdemos ese sentido de pertenencia, confianza y protección que solíamos sentir o deberíamos tener. 

¿A qué quiero llegar? ¿Por qué aseguro que esto afecta a los vínculos y relaciones que crean las personas en su vida adulta? 

Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: cuando una persona no recibe este sentimiento de seguridad tan mencionado en las primeras relaciones o en las más importantes que tiene en su vida, no sólo se ve el impacto en su manera de ser y en su comportamiento, sino que también muchas de estas personas suelen buscar inconscientemente llenar esta falta que han tenido durante mucho tiempo. 

Me atrevo a plantear que generalmente buscamos crear vínculos similares a los que hemos conocido toda nuestra vida. Con base en mi experiencia y lo que he logrado observar en otras personas, considero que existe un por qué detrás de esta tendencia y para explicarlo me gustaría introducir los siguientes puntos: como he dicho anteriormente, los humanos de cierta manera buscamos seguridad y tranquilidad con el objetivo de alcanzar o en dado caso mantener nuestro bienestar. E incluso teniendo en cuenta que cada persona tiene diferentes percepciones de lo que es el bienestar y la felicidad, además de la manera de alcanzar ambas, considero que de cierta manera muchos llegamos a compartir un punto de vista en común: preferimos evitar lo que nos hace sentir mal o en peligro. 

¿Qué relación tiene lo anterior con buscar y crear vínculos similares a los que se tuvieron en el pasado? 

Como mencioné, considero que los seres humanos siempre buscamos nuestro bienestar y tranquilidad, y es posible que encontremos tranquilidad al mantenernos en un “entorno” que ya conocemos. Demasiadas veces nos asusta lo desconocido puesto que implica salir de nuestra “zona de confort”, descubrir nuevas cosas y experimentar nuevas situaciones que pueden brindarnos ya sea alegría o dolor, pero siempre un sentimiento de incertidumbre. Y ya que no tenemos manera de predecir las sensaciones que tendremos en nuevos entornos, considero que tendemos a huir de lo que desconocemos. Dicho de otra forma, pienso que de cierta manera lo “conocido” nos brinda una sensación de seguridad, pues es algo en lo que ya tenemos cierta experiencia. Por ejemplo, para nosotros siempre será preferible transitar por calles que ya conocemos antes que vernos en la situación de estar en una ciudad completamente desconocida. Pienso que lo mismo sucede respecto a las relaciones que tenemos con las personas. 

Cuando somos tratados de determinada manera durante mucho tiempo nos adaptamos a ese trato y a la manera de vivir con ello, entonces, al momento de conocer a nuevas personas, es muy posible que nos quedemos con alguien que nos brinde el mismo trato. Es decir, si en el pasado se tuvieron relaciones afectivas basadas en la confianza, el respeto y el apoyo mutuo, es normal que en un futuro se busquen vínculos muy parecidos, puesto que ya estamos acostumbrados al trato que alguien nos brindó. Por ejemplo, si se tuvo un vínculo sano con nuestra madre solemos buscar personas que nos puedan brindar el mismo respeto y cariño. 

¿Pero qué sucede con las personas que no recibieron seguridad? 

Es muy común ver que de igual manera se relacionen inconscientemente con personas que los tratan de la misma forma, un ejemplo claro de esto serían todas aquellas personas que terminan en relaciones tóxicas y además “deciden” quedarse. Lo pongo entre comillas porque en realidad no me parece una decisión completamente consciente, debido a que la voluntad de estas personas se ve restringida por la coerción o manipulación que estas parejas o amistades tóxicas suelen ejercer sobre las víctimas. 

Considero que dentro de estas situaciones se puede observar igualmente lo relativo a la búsqueda de seguridad, lo cual genera un problema: aunque parezca extremadamente contradictorio asegurar que alguien busca seguridad en una relación tóxica, lo digo porque pienso que de cierta manera la búsqueda de esta sensación está centrada en otro factor: mantenernos en nuestra “zona de confort”. 

Por lo tanto, me interesa hacer los siguientes cuestionamientos: ¿por qué alguien pensaría que es más seguro quedarse dentro de lo “conocido” sabiendo que de igual manera es perjudicial? ¿No tendría mayor lógica optar por descubrir algo nuevo que podría ser mucho mejor para nosotros? ¿Por qué el criterio humano puede llegar a inclinarse por una opción mucho más irracional que la otra? Sin duda me parece una situación psicológica extremadamente complicada de comprender, sin embargo, mi primera suposición se inclina hacia el autosabotaje. 

Existe otro factor que de cierta manera lleva a esta toma de decisiones perjudiciales, además de la búsqueda de seguridad; y me refiero precisamente al vínculo ideal que no se les brindó en su entorno familiar. Es decir, ¿cómo esperar que busquen algo sano y lo mejor para ellos, si nunca se les dio un ejemplo de lo que es sano dentro de una relación? Es por eso que me parece que estas heridas o traumas de la infancia pueden afectar directamente las relaciones que forjamos en un futuro. 

Una vez expuestos los puntos acerca de aquellas personas que suelen buscar vínculos similares en sus relaciones (independientemente de si éstos son sanos o perjudiciales), me interesa hablar de un tercer resultado extremadamente interesante: aquellos que buscan el vínculo que no se les brindó, y que por lo tanto, a mi parecer, puede llevar al desarrollo del mencionado “apego emocional”. 

Se podría decir que de cierta manera este grupo de personas busca reemplazar a la figura que les falló respecto de su vínculo. Me refiero a lo siguiente: ¿no es extremadamente común ver a adolescentes que buscan parejas que los cuiden y se preocupen por ellos de una manera más maternal/paternal que romántica? 

A falta de atención emocional y de pertenencia en un entorno familiar, es muy común descubrir en estas personas que (tal vez no de manera completamente consciente) se quedan con quienes las escuchan, les dan atención y además están emocionalmente disponibles. ¿Esto a qué nos lleva entonces? Este grupo de personas tiende a buscar a alguien que tenga la capacidad de brindarles cierta sensación de seguridad, protección y pertenencia. Esto puede suceder de muchas maneras y por distintas razones, tal vez algunos reciben validación y cumplidos, mientras otros se sienten protegidos y con la confianza suficiente de contar con ellos para cualquier cosa. 

¿Qué relación tiene eso con el “apego emocional”? 

Se podría decir que el afecto que se desarrolla por los demás puede estar relacionado a la búsqueda de seguridad, protección y bienestar con una persona o un círculo de personas. En caso de que el vínculo afectivo se desarrolle de la manera adecuada en el núcleo familiar, el individuo en teoría debería encontrarse preparado para desarrollar diversos vínculos con personas externas, de lo contrario pueden presentarse repercusiones en el comportamiento como una falta de estabilidad, miedo al abandono, dependencia, desconfianza y problemas de ira, las cuales representan a su vez obstáculos para la vinculación sana con otros individuos. 

Menciono esta alternativa pues me interesa destacar que si bien es importante para la exposición de las diferentes consecuencias que puede tener el trato que se nos dio de pequeños, aún no he llegado precisamente al concepto del que me gustaría hablar. 

Para llegar a comprender lo que es el “apego emocional” me parece esencial distinguirlo de otros dos conceptos que suelen confundirse; el afecto, la dependencia emocional y el “apego emocional” son diferentes, a pesar de que guardan una relación íntima entre sí. Retomando todo lo previamente expuesto, me atrevería a decir que, al menos desde una reflexión personal, el “apego emocional” se da cuando encontramos a alguien que nos ofrece el trato que anhelamos recibir y como consecuencia, desarrollamos cierto afecto hacia esta persona, de cierta manera buscamos su constante compañía para la obtención de la tan mencionada sensación de seguridad y tranquilidad. 

Es importante destacar que con “apego emocional” no me refiero al afecto que podemos llegar a sentir por cualquier persona que nos rodee, pues es común sentir cariño por personas no completamente cercanas a nosotros, sino que lo veo como una especie de inclinación, estima y aprecio especial por aquel individuo que nos brinda el trato que se anhela recibir. 

Tampoco sería ideal confundir el “apego emocional” con la dependencia emocional. En caso de llegar a un punto donde el individuo comienza a depender de la compañía e interacción con esta persona, y por lo tanto pone al otro frente a sus propias necesidades, es cuando considero que se le podría llamar dependencia emocional, justo como sucede en las relaciones “tóxicas”. El individuo desarrolla una baja autoestima, inseguridades, temor al abandono y a cometer errores que piensa que llevarán al alejamiento entre ambos, lo cual tiene como consecuencia que no respondan ante la manipulación y la violencia física, psicológica y sexual ejercida sobre ellos. 

Sin duda todo lo que experimentamos en nuestra niñez es un factor esencial para nuestra formación, sin embargo, no me parece que sea necesariamente el único factor que influye en nosotros, pues también nuestras experiencias, la educación en cualquier etapa de nuestra vida y muchos otros factores más nos forman como personas. 

El trasfondo de algunas de las tendencias que presentamos los seres humanos respecto a nuestras relaciones es demasiado complejo de comprender, pues el comportamiento humano respecto a este campo de nuestras vidas se ve influido por diversos factores y por cientos de posibilidades ya que ninguna persona experimenta las cosas de la misma manera. 

Pero a partir de la reflexión realizada en este ensayo, podría llegar a la siguiente conclusión: el “apego emocional” puede verse como un resultado común de la vinculación afectiva que se dio con nuestros cuidadores. Independientemente de todas las posibilidades antes presentadas, es decir, de si se presenta el desarrollo una vinculación adecuada, una “dañada” o una totalmente ausente con nuestros mayores: por lo general, buscaremos encontrar vínculos afectivos que nos brinden un sentido de pertenencia y seguridad.

La presencia del “apego emocional” no es absolutamente imperativa en todas las relaciones afectivas que desarrollamos con otros individuos, pues este no se siente hacia todas las personas que forman parte de nuestras vidas. Es decir, podemos sentir afecto hacia diferentes miembros de nuestra familia, amistades e incluso conocidos, y eso no implica una presencia de “apego emocional” necesariamente. Personalmente pienso que este mismo se da con personas específicas, normalmente aquellas que nos brindan lo que deseamos experimentar: una sensación de seguridad, pertenencia y por consecuencia, de bienestar. 

No niego que muchas otras personas (como nuestras amistades) también sean capaces de brindarnos el sentimiento de estar en un ambiente seguro, pero me refiero a que algunas veces, simplemente se puede desarrollar un cariño y apego especial por aquellos que nos hacen sentir protegidos o de cierta manera podrían reemplazar una figura paternal o maternal. 

El único problema es que el apego emocional (el cual no aseguro sea “bueno”, pero tampoco “malo”) puede derivar en lo que llamamos dependencia emocional, especialmente en aquellas situaciones donde existe una falta de vinculación sana a temprana edad, la cual es sin duda una cuestión extremadamente perjudicial para cualquier individuo por los problemas que se mencionaron anteriormente. 

Mientras tanto, ¿qué sucede cuando el “apego emocional” no deriva en dependencia emocional? Es cuestionable que el apego emocional en sí representa algo sano para cualquier ser humano, pues tiende a surgir de heridas ocasionadas en la infancia, sin embargo, tampoco significa algo totalmente “malo”. Considero que se encuentra en un punto intermedio entre la balanza establecida, siendo los otros dos puntos que forman un equilibrio, el afecto y la dependencia emocional. 

¿Esto significa que todo vínculo en el que exista la presencia de apego emocional es automáticamente insano? 

Pienso que no necesariamente, y es precisamente esta cuestión lo interesante, considero que incluso aunque exista este término tan complejo dentro de una relación, este no afecta directamente el vínculo afectivo, pero tal vez sí tiene un impacto en la persona que experimenta el apego. 

Finalmente, desde una reflexión personal, me atrevería a decir que el apego emocional efectivamente surge de las heridas ocasionadas en la infancia. 

Katia Heredia Arredondo.