Cómo analizar un Poema.

El secreto que no sabía que estaba buscando.

La importancia de la poesía radica principalmente en que nos permite ampliar nuestros horizontes. Leer poesía puede servirnos para entender mejor el mundo o para buscar nuevas formas de decir las cosas. La poesía es un espacio de revolución. En ese sentido, muchos poetas se han comprometido con su tiempo y han escrito para denunciar las injusticias y promover un cambio de actitud en los demás.

La poesía es entre los géneros literarios el que se ocupa de la belleza. En forma de verso o prosa, la poesía sirve para expresar imágenes que representan sentimientos o ideas de una forma artística. Se diferencia de la narrativa en cuanto a que en ella la forma tiene una importancia sublime.

Los temas que trata la poesía son tan diversos como lo son aquellos que trabaja la narrativa. Pueden ir desde cuestiones intimistas (experiencias personales) hasta asuntos comunes a un determinado grupo. Los temas y la forma en la que son encarados depende crucialmente del tipo de poesía al que nos enfrentamos.

Y es por eso que ahora te vamos a compartir algunos puntos necesarios para que puedas analizar un poema cada vez que te acerques a este sublime arte. Saca tu cuaderno y toma nota…

Lee el poema varias veces.

Léelo en silencio para empezar y luego léelo en voz alta. Tómate tu tiempo al leer, ya que cada palabra y verso de un poema es importante. Lee todo el poema de principio a fin como mínimo una vez y luego vuelve a leerlo pero, esta vez, hazlo en voz alta. Quizás te sorprenda la medida en la que comprendes mejor el poema después de escuchar las palabras.

  • Asimismo, podrías buscar en línea grabaciones de audio o video de personas leyendo el poema en voz alta. Su tono e inflexión podrían diferir un poco de los tuyos. Si puedes encontrar un clip del poeta leyendo su propio poema, ¡mejor aún!
  • Haz el intento de anotar tus primeras impresiones al leer (por ejemplo, la forma como el poema te haga sentir y de qué crees que se trata), así como también las preguntas que tengas al respecto.

Analiza el título.

Busca pistas en el nombre del poema en cuanto a su significado. Es probable que leas el título antes siquiera de leer el poema, pero préstale un poco más de atención después de haber leído el texto varias veces. En ocasiones, el título puede darte una pista importante en cuanto al significado más profundo del poema. Incluso puede cambiar por completo tu interpretación del poema.

  • Por ejemplo, podría parecer que lees un poema sobre un huevo pero, si el título es «Corazón roto», quizás te des cuenta de que trata sobre la fragilidad que siente el hablante después de una pérdida dolorosa.
  • Algunas veces, es posible que el poema tan solo tenga un título como «Soneto 47». Si bien quizás no parezca que te brinda mucha información, a partir de eso puedes determinar que el poema se encuentra en la forma de soneto y que conforma una serie de sonetos numerados escritos por el mismo poeta.

Escucha el ritmo del poema.

Pregúntate si el poema debe leerse con rapidez o lentitud. En algunos casos, parece que los poemas deben leerse con rapidez, con las palabras casi tropezándose unas con otras, en tanto que parece que otros poemas deben leerse con lentitud y quizás incluso con solemnidad. El ritmo formará parte del significado general del poema. Considera la forma como el ritmo te haga sentir en tu calidad de oyente.

Por ejemplo, quizás observes que el poema tiene muchos versos cortos y entrecortados, lo cual crea un ritmo irregular. O quizás observes que hay muchos versos largos que fluyen uno hacia el otro generando un ritmo más fluido.

  • Asimismo, la métrica del poema (o el patrón de sílabas acentuadas y sin acentuar) será un factor en el ritmo.
  • Como ocurre con la mayoría de las cosas en la poesía, esto puede diferir según quien lea el poema. Evita preocuparte por lo que sea correcto o incorrecto. En cambio, tan solo piensa en la forma como te parezca el poema a ti.

Observa la forma cómo el poema esté separado o dividido.

Los poemas suelen dividirse en secciones llamadas estrofas. Las estrofas suelen estar separadas por una línea omitida en un poema. Observa el poema y cuenta las estrofas. Considera la forma como se relacionen unas con otras o hagan la transición de una a otra. También considera la forma como difieran unas de otras.

Pregúntate: «¿Por qué el poeta organizaría las estrofas de este modo?» «¿Qué relación tiene la estructura del poema con su significado?».

  • Asimismo, los poemas pueden dividirse en secciones numeradas en lugar de estrofas.
  • Haz el intento de escribir un resumen corto o título para cada estrofa del poema. Esto podría serte de ayuda para ver la forma como todas encajen unas con otras en el esquema más general del poema.

Determina el esquema de rima, de haberlo.

Observa si el esquema de rima sigue un patrón determinado. Por lo general, los poemas riman al final de un verso, aunque algunos también incluyen rimas dentro de los versos. Pregúntate si el esquema de rima hace que prestes una mayor atención a determinadas palabras. ¿Esto contribuye a tu interpretación del poema? Etiqueta con una letra cada conjunto de sílabas que rimen para monitorear el esquema de rima. Por ejemplo, si el primer y el tercer verso terminan en «cosa» y «rosa», etiqueta esos versos con la letra A. Si el segundo y cuarto verso terminan en «bata» y «mata», etiquétalos con la letra B. Entonces, el esquema de rima sería «ABAB».

  • Si observas que se usan distintas rimas más adelante en el poema, etiquétalas con las letras C y D, y así sucesivamente.
  • Determinados tipos de poemas seguirán un esquema de rima establecido. Por ejemplo, una balada suele tener un esquema de rima «ABCB»

Identifica la forma del poema.

Determina la forma del poema usando el esquema de rima y la métrica. Algunos poemas se escriben en verso libre, lo que significa que no tienen forma, pero muchos siguen un patrón establecido. Algunos tipos comunes de poemas son los sonetos, las décimas, los limericks y los haikús. En ocasiones, la forma del poema te brindará pistas en cuanto a lo que el autor intentaba comunicar.

  • Por ejemplo, es probable que un poema de 3 versos que siga un patrón de sílabas de 5-7-5 sea un haikú. 
  • Podrías hablar sobre que, tradicionalmente, los haikús tenían la intención de evocar una imagen o emoción vívida.
  • Y si son catorce versos endecasílabos seguramente se trata de un soneto.

Identifica al hablante y al público.

No olvides que el hablante no siempre es el poeta. Lee todo el poema para buscar pistas en cuanto a quién habla. Fíjate si tienes alguna impresión en cuanto a su edad, si es hombre o mujer, y cómo es su personalidad. Luego, piensa en a quién le habla. En ocasiones, podría ser a ti, el lector, pero otras veces será a una persona o grupo de personas específico.

  • Asimismo, pregúntate si la misma persona habla a lo largo del poema y si le habla a la misma persona en todo momento.
  • Por ejemplo, si estás analizando el poema «Cavando» de Seamus Heaney, quizás te des cuenta de que está en primera persona y el hablante es el único que habla en el poema. Sin embargo, el poema tiene tres personajes: el hablante, su padre y su abuelo.

Considera el tono del poema.

Pregúntate por las emociones que sientas al leerlo. La mejor forma de describir el tono del poema es como su ambiente. Considera la forma como la selección de palabras, las imágenes e incluso el ritmo del poema tienen un impacto sobre el tono. Naturalmente, aportarás algo de tu experiencia personal, por lo que no debes preocuparte si tu interpretación es distinta de la de otra persona siempre y cuando puedas respaldar tu postura con el texto.

  • Por ejemplo, si el poema menciona pancartas ondeantes, trompetas y desfiles, es posible que el tono sea festivo y triunfante.
  • Si habla sobre la nieve, los árboles desnudos y el aire inmóvil, es posible que el tono sea triste o solitario. Sin embargo, quizás también te parezca que tiene cierto aspecto romántico.

Toma en cuenta el escenario del poema.

Presta atención al lugar y momento en los que se lleva a cabo el poema. El escenario del poema puede brindarte información sobre lo que ocurra. Quizás se lleva a cabo en una determinada época o cultura y eso podría informar lo que los personajes experimentan. Asimismo, podría llevarse a cabo en una determinada estación o incluso un determinado momento del día. Todo ello puede ser importante al tratar de ahondar en el significado más profundo.

  • Por ejemplo, si estás leyendo un poema sobre una madre que sueña con viajar por el mundo, quizás tenga interpretaciones muy distintas si ocurre en la época moderna de las que tendría si estuviera ambientado en una época anterior o en una cultura en la que las mujeres actualmente estén oprimidas.
  • Considera el significado de las estaciones. Es posible que un poema ambientado en la primavera trate sobre la vida nueva y la esperanza, en tanto que un poema ambientado en el otoño podría tratar sobre la vida que se desvanece.
  • Asimismo, la hora del día puede tener simbolismo. Por ejemplo, la noche suele asociarse a temas como la soledad o el romance, en tanto que la mañana suele ser un momento de promesa.

Encierra en un círculo las palabras que aparezcan más de una vez en el poema.

Presta mucha atención a las palabras que se repitan. Suelen ser importantes y ser evidencia del significado más general del poema. Considera la relación que las palabras repetidas tengan con el poema en su totalidad. ¿En qué concepto hacen énfasis al mencionarlas más de una vez?

  • Por ejemplo, en el poema «Papi» de Sylvia Plath, quizás observes que las palabras «papi», «judío» y «tú» aparecen varias veces. Se usan de distintas formas cada vez que se mencionan, lo cual les da muchos significados distintos en el contexto del poema.

Identifica las imágenes en el poema.

Las imágenes constituyen cualquier cosa que evoca alguno de los cinco sentidos. Observa si alguna palabra o frase crea una imagen que puedes ver, oír, oler, saborear o sentir en tu mente. Estas imágenes te sirven para formar tu interpretación del poema, por lo que debes tomarte el tiempo de experimentarlas de verdad al leer. Luego, pregúntate el motivo por el cual el poeta haya elegido esas imágenes y lo que esté intentando transmitir con ellas.

  • Por ejemplo, si el autor menciona «nieve a la luz de la luna», en tu mente podrías imaginarte una luz tenue que destella de la nieve, sentir el aire frío de la noche e incluso oler el aroma limpio y frío de la nieve.
  • Luego, podrías hablar sobre la forma como estas imágenes concretas contribuyen a los temas o ideas principales del poema. Asimismo, es posible que te conmuevan emocionalmente como lector y te brinden una idea clara del punto de vista del hablante.

Identifica las metáforas y comparaciones en el poema.

Utiliza las comparaciones para obtener perspicacias sobre el tema del poema. Considera las imágenes y los personajes del poema y pregúntate qué es lo que podrían simbolizar. Es más fácil identificar las comparaciones, ya que comparan una cosa con otra usando la palabra «como». Las metáforas pueden ser más sutiles. En un poema, un búho podría simbolizar la sabiduría o un pájaro que vuela podría sugerir libertad.

  • Existen determinados símbolos que son comunes en la poesía (por ejemplo, una serpiente que represente traición o deshonestidad, o una flor incipiente que represente la vida y la esperanza).

Determina el tema.

El tema se enfoca en el propósito del poema. Tiene más relación con el panorama general de aquello sobre lo que trata el poema. Los temas suelen ser algo con lo que casi todos pueden identificarse aunque el poema en sí trate sobre algo muy específico o regional. Entre los temas comunes en la poesía se encuentran la vida, la muerte, el amor, el desamor, la familia, la esperanza y la soledad.

  • Al tratar de determinar el tema, considera la forma como todo en el poema (incluyendo el tono, el escenario, el hablante y las imágenes) está interconectado.
  • Por ejemplo, en el poema «Cavando» de Heaney, el hablante aborda las distintas formas en las que su familia trabaja. El hablante trabaja con lápiz y papel para cavar buscando verdad y supervivencia, en tanto que su familia cavaba la tierra para obtener papas para comer y vivir. El poema explora temas como «la familia», «la supervivencia» y «la expresión individual».

Lee más sobre la vida y la obra del poeta.

Finalmente… investiga la biografía del poeta. Considera sus otras obras publicadas y también su vida profesional y personal. Observa si hay algún tema en común o un estilo en común entre las obras del poeta. Luego, compara el poema que estés analizando con esas otras obras o considera la forma como su vida podría haber influido en los temas del poema que estés leyendo.

  • Busca en línea una biografía del poeta. Lee más de sus otras obras en línea o en una biblioteca local para hacerte una mejor idea en cuanto a su estilo y sus intereses.

Pues estos son algunos de los puntos que debes de tomar en cuenta cada vez que tengas que profundizar o quieras entender un Poema de mejor forma. Si aun así el poema no te dice mucho, no te preocupes, aun no es el momento, si no encontramos nuestros sentimientos proyectados en la poesía, es porque la vida aun nos tiene preparadas algunas sorpresas.

Radio GEA informa…

Colaboradoras gráficas de este artículo:

  • Itary Camila Plata Blancas.
  • Ximena Antares Portas Ortíz.
  • Karen Martínez González.
  • Lily Anette García Hidalgo.

¿Por qué escribir Poesía?

El Yo Poético.

El título de esta reflexión cobija una paradoja que apenas puede resolverse de manera tautológica: se escribe poesía porque no se puede no hacerlo. Así supongo, le sucede a todos quienes practican el mas longevo y menos leído de los géneros. Seria entonces más lógico sustituir la pregunta ¿para qué escribir poesía? por otra menos exigente: ¿para qué no escribir poesía? Se escribe pues, porque algo impide que no se haga. Descartes, que bien podría haber dicho no descartes nada en lugar de pienso luego existo, solo dijo esto ultimo. La poesía es un pensar para existir, un modo de reflexión que ocupa una doble existencia; la del ser que escribe y la de la escritura. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir, o se siente solo y sale de su solipsismo en la libertad vigilada de las palabras, porque un hombre se enamora y una mujer quizá lo espera y espera un lenguaje transformado, y se escribe poesía por nostalgia, tristeza o felicidad, sin que necesariamente los estados de ánimos coincidan y terminen reflejándose con claridad en la página, lugar idóneo para aplicar a la existencia imperfecta un deseo imaginado.

Pero con el deseo no termina la ansiedad de los signos. También se escribe poesía para estar mas cerca de Dios y de uno mismo, pues para eso ya venimos creados a imagen y semejanza suya. Para ser una palabra más del Verbo. O posiblemente sea al revés. Dios, la mejor poesía del hombre. Yo, al menos, lo siento así. Recordaría, además, un lugar común y por eso comunitario: la poesía es el arte que permite divulgar emociones y celebrar la honestidad de las cosas que vemos. Su lugar es imprescindible pues deja conocer de otra manera los materiales que todo el mundo conoce y por ello sus únicas obligaciones son consigo misma. No en vano, la poesía es considerada la lectura mas difícil pues hay poetas que no pueden entender a otros poetas, algo que no podemos decir de un químico leyendo lo que escribió otro químico, y lo mismo puede aplicarse a disciplinas consideradas difíciles por el común de la gente, como la física y las matemáticas.

La poesía no tiene fórmulas que permitan poner en practica un proceso de decodificación y su dificultad parte de su falta de hipótesis, de puntos de partida y llegada. El acto poético deja percibir la distancia entre la palabra y su referente, sea una idea, un objeto o una emoción, haciendo de su posible sentido una estela móvil. Su utilidad no depende de la existencia de una verdad caracterizante situada en los elementos semánticos y lingüísticos, sino de la producción de diversos niveles de entendimiento no necesariamente relacionados con el mundo real. El poema esta definido por una forma, una estructura interna, una multiplicidad de sentidos y significados asociados a un proceso de representación no lineal, y a la suspensión del criterio de valor verdadero de emociones, sentimientos y cosas. Por ello mismo la poesía requiere un proceso lento de lectura y comprensión de la información de superficie.

En la época del Facebook, del Instagram y de los procesos mentales ayudados por un programa de software y de pantallas de computadora que actúan como paginas de un libro, todo debe captarse y demostrarse mas rápido que las variables consideradas, en tanto que las diferencias entre las elusivas diferencias no llegan a ser consideradas. A pesar de todo esto, la poesía se sigue leyendo de manera convencional, teniendo la participación del lector igual pasividad que cien años atrás. El método para interrogar al embellecimiento de la poesía no puede medirse pero tampoco apurarse. En su cadencia hay una integridad emocional y formal que rescata la fe en la realidad y descubre conexiones debajo de la superficie. El mejor uso de la lengua llega con ella, para no dejar de llegar a nosotros. Entonces, la pregunta ¿para qué escribir poesía? está respondida y podría terminar aquí mismo esta reflexión. Pero hay más. Antes que nada conviene apuntar que resulta extraño plantearse la pregunta casi al fin de una de las historias de la era, a grandes rasgos infinita, algo que no hubiera sido raro siglos atrás cuando la poesía gozaba de buena salud y los poetas todavía mas. A partir de la época moderna, diría en los últimos ciento cincuenta años, la poesía empezó a perder su poder de convocatoria y a convertirse en una isla a la deriva en el mar de las cosas nuevas que trajo la modernidad del nuevo siglo, porque otra no conozco. También, con el paso de los años se fue espaciando la intervención social de la poesía. El poeta paso a ser el raro, el desclasado, el ambiguo, el parásito enamorado de un lenguaje sin utilidad. Su ambición de novedad vino a toparse con un mundo donde cualquier cosa parece nueva porque todo se olvida (los procesos mnemotécnicos sufren un debilitamiento) y en la perdida del recuerdo reside la novedad ausente. Insatisfecho con lo que existe, el poeta encuentra un método vertical para disentir y lograr un análisis provisional de la realidad; desde allí deduce los universales del lenguaje para desintegrarlos. Cifra simbólica de una identidad detenida en la disimilitud y en la contigüidad, la poesía abarca un espacio de limites superpuestos que están dentro y fuera de lo que se quiere decir.

Se afirma desde distintos espacios culturales que la poesía está en crisis, que no se vende porque no se lee. Pocos editores se atreven a publicar poesía y los libreros se niegan a colocar en los escaparates de exhibición los libros de poesía alegando que a nadie le interesan. Prefieren dedicar ese espacio con precio a promocionar una novela cuya historia puede saberse antes de abrir el libro. No hay nada nuevo en esto, aunque la novedad, de tanto desgastarse se ha hecho más evidente. Desde el momento en que el hombre se preocupó de ordenar la vida como historia y no como mito, la poesía siempre ha estado en crisis. Su existencia depende de la crisis. En estos días autónomos y automáticos, la poesía no piensa tanto en su destino y en las amenazas de su extinción como en el sentido de su significado, mejor dicho, en la búsqueda tardía y parcial de este. Con esa facilidad que tienen los franceses para hacer marketing del apocalipsis, anunciaron hace tiempo que el arte en general esta muerto y lo mismo dirían de la poesía. Sin embargo, si vemos la cantidad de pintores que atentan diariamente contra la estética y el extraordinario número de libros de poesía que se publican en el mundo, con tirajes a veces millonarios como es el caso de la China, veremos entonces que la poesía, mucho mas que el arte en cuanto no tiene ningún fin lucrativo, es una contradicción viviente. Se escribe poesía mucho mas que antes (la imperfecta democracia moderna llegó a las musas), pero se lee menos, muchísimo menos. Según un estudio realizado en Estados Unidos, el 70 por ciento de los norteamericanos alguna vez escribió poemas, pero solo el 2 por ciento compro libros de poesía. Puede entenderse: es tanto el individualismo que a nadie importa la poesía de su vecino, ni siquiera para desearla. El furor romántico murió o se hizo desinterés, y pocos envidian las metáforas de los demás. El lugar singular debe ser de todos.

Ante una prueba estética, artística o escrita, el espectador anhela sentir algo que lo incluya en los acontecimientos. La distancia entre el objeto y el sujeto debe borrarse para que este último sienta la primacía de la respuesta sobre la pregunta. Las hipnóticas y pasajeras parábolas audiovisuales que nos sacuden diariamente cambiaron la forma de percibir la narración de la vida, la cual ahora sucede con teatralidad y sin nada esencial, ya que la existencia se percibe como una serie de secuencias en tecnicolor sin un argumento real. La mirada impaciente, casi sin prestar atención, encapsula la vivencia del momento; un momento de muy poco tiempo. Para seguir en ese tiempo se refugia en una vaguedad placentera que no esta aquí ni allá. Desde esa situación amorfa, carente de dogmas prevalentes y de un subtexto previo, la existencia asume las peculiaridades exhibicionistas de una incomunicación sin afán didáctico. Todo, incluso la poesía, sufre las trampas de una virtualidad real que permite al hombre ser ajeno al mundo y a sus semejantes. En ese ámbito de callado silencio, donde las cosas ahora son y ahora ya no, el olvido se convierte en desinterés y carencia de auditorio. Los jóvenes se encuentran absortos en las redes sociales y cuando la poesía se les presenta, los incipientes lectores quieren encontrar rápidamente el mensaje como si el poeta fuera un cartero que trae noticias para ser compartidas. Con el deterioro del lenguaje en la prensa y en la vida publica, las palabras resultan hoy una comodidad, una irrelevancia y una renuncia a su prestigio. Por eso cuando las palabras son complejas se tornan inexpresivas. La circularidad de la paradoja no deja de ser aterrante: todo debe ser entendido pues nada inentendible hay en el mundo.

Al desafiar el sentido y la idea de verdad, la poesía se recluye en su destino autosuficiente; virtual porque rechaza el reconocimiento. A través del mismo el conocimiento alcanza a liberarse de lo que no puede conocer. La poesía ejercita una libertad que une el presente con lo que paso hace mucho tiempo y por eso todavía no llego a ser actual. Cubre el trayecto de un descubrimiento que apela a las angustias, contradicciones y arbitrariedades de un lenguaje especifico que se sale del comercio del significado para evitarlo desde dentro. Henry James aconsejaba que el trabajo del arte fuera exquisito y que no se pareciera a la vida. La poesía, como disciplina emocional de un mundo imprevisible, cumple su cometido de traer la vida a un primer plano después de haberse distanciado de ella. Todas estas virtudes, creo yo ciertas, dejaron a un lado al poeta, quien paso a habitar en los márgenes de una sociedad mesocrática y utilitaria, guiada exclusivamente por valores de cambio y niveles de productividad. Su trabajo ocupa apenas una de las dos mitades modernas, aquellas a las que refería Baudelaire: «La modernidad es lo transitorio, lo volátil, lo contingente; es una de las mitades del arte; la otra mitad es eterna e inmutable».

El 27 de febrero de 1890 Mallarme dio una conferencia sobre su amigo, el poeta Villiers del’Isle-Adam, la cual comenzaba diciendo: «Un hombre acostumbrado a soñar viene a hablar de otro que esta muerto». Otro amigo de Mallarme, el pintor Edgar Degas, sentado en la primera fila, dijo apesadumbrado a los pocos minutos de iniciada la conferencia: «No entiendo, no entiendo». Se levantó y se fue. Como pocos antes, Mallarme celebró la dificultad como excepción y creía que sus contemporáneos, incluido el joven Marcel Proust, no sabían leer. Para Mallarme, un poema debería ser una entidad inalcanzable, pues no solo estaba separado de la sociedad y la cultura de la cual venía, sino también de la vida del autor. Debía dar la idea de que fue escrito fuera de la historia en cuanto, por su elíptica complejidad, está eximido de la diaria necesidad de comunicación. Queda claro, a partir de estos ejemplos, que el desdén de los jóvenes lectores por la poesía interesada en solo ser poesía no es nada nuevo. Max Nordau, en su libro Degeneración, de 1894, atacó las formas del arte moderno. Lo llamó insano. Particularmente aquel que no permitía la figuración de los temas. Desde mas de un siglo se le sigue pidiendo al poeta lo mismo: que prescinda del lenguaje figurativo, de la alusión y de la dicción elevada. Que describa al mundo tal cual es, con la mayor fidelidad y la mínima elaboración. En síntesis; claridad de expresión y simpleza de organización, además de una parsimoniosa lealtad a los sentimientos cotidianos y a las observaciones de los hechos ocurridos. Eso: la sinceridad de la experiencia y el lenguaje como ejemplo fotográfico. Para tener su espacio, la poesía debe ser inmediata y fácil, evitando presentar a las cosas en su estado de ignorancia. A partir de esta visión moderna, que ha insistido en hacernos creer que el lenguaje ordinario es más importante de lo que es, se concretó el rechazo de todo discurso que requiera mas de una interpretación. Para tener derecho de interacción social, la palabra poética debe respetar la lista de exigencias: la transparencia de la inteligencia presentada con un estilo vernacular, sin adornos y sin omitir la credibilidad de una vida (digo una porque hay otras) marcada por acontecimientos casuales y contingentes. Esto es: la realidad tenida como accidente o circunstancia.

En tiempos donde las ideologías y los grandes movimientos sociales que hacen reconocibles a las utopías históricas parecen cosa del pasado, la historia comprueba antes que nada la crisis del lenguaje y de la palabra escrita. Sobre todo, aquella crisis estética que rehusa lo anecdótico y lo narrativo. La poesía, sin posibilidad de opinión, devino un culto en la cultura; el juego religioso de unos cuantos pocos. Esto, evidentemente, no significó que se dejara de escribir poesía como tampoco se dejó de adorar a Dios incluso en aquellos regímenes donde las practicas religiosas son mas perseguidas. La analogía viene al caso: la página es el templo, y allí entra el poeta, absolutamente solo, a rezar, a estar más cerca de si mismo y del absoluto. Perturbadora y creadora de disturbios, la poesía aceptó su condición de practica absoluta y absolutamente privada, solipsista casi. Esto trajo grandes consecuencias ya que la poesía, como realidad literaria con valor de mercado, dejo de existir. Y en esto podemos estar de acuerdo, porque la realidad presente no permite desacuerdos, al menos de este tipo. Hoy escribimos en computadora, en tabletas, en smartphones y la escritura se ha hecho accesible. Tan fácil, que podemos corregir los textos sin tener memoria de lo que corregimos.

Vivimos la historia del acontecimiento inmediato y por lo tanto la perdida de tiempo, o mejor dicho, su falta de acumulación, es vista como una obscenidad sin atenuantes. La relectura solo puede existir en un tiempo de innecesario derroche (¿lo hay?), pues la lectura ha pasado a ser una practica tan fácil que podemos leer sin hacerlo. El texto existe como depositario de información de la cual tomamos solamente aquellas instancias retóricas de uso inmediato. En tiempos en que las cartas de amor se escriben y se envían a través de una máquina supuestamente secreta a la cual pueden tener acceso millones de usuarios, a nadie ha de extrañar que las intimidades radicales, como la poesía, sufran las consecuencias de estos desvaríos de la persona colectiva, que establece códigos para situar los secretos en la superficie. La poesía, que entre otras cosas exige una permanente corrección de la intimidad del significado, resulta una practica anacrónica en un tiempo, este, que quiere derrotar al tiempo dependiendo excesivamente de él. El ser que habla encuentra en la temporalidad un espacio y en lo que resulta del mismo, ambas cosas. Pronuncia una simple certeza: algo esta sucediendo. Nada protege a la poesía, salvo lo que en ella sucede. Nombrando actos y acontecimientos que solo suceden en las palabras, la poesía se ocupa de esa realidad situada entre lo que «ya esta en nuestras mentes y lo que todavía no pertenece a la memoria» (Flavio Ermini). La respuesta a su persistencia en ese trayecto aun sin definir es un signo impredecible y por ello algo difícil de descifrar, cuyas formas de mostrarse no se circunscriben a un solo y único momento de la interpretación. No sabemos de dónde viene ni a dónde va: está sucediendo y ya es bastante para validar su existencia. Por hacer de su objeto incompleto una excepción ideal, la poesía es la exageración del tiempo, la condensación del fragmento que contiene a todos los demás. Contiene un infinito cercano, al menos el de la elusividad del sentido, contribuyendo a que sus zonas retóricas sigan siendo inexploradas por las consecuencias del azar. En otras palabras, este existe como resultado de una razón sin razones, de un propósito que intenta definir pero sin definir.

El lenguaje poético no es inocente; en su producción sufre un proceso de sofisticación. Las condiciones bellas se resisten a ser reproducidas, pero finalmente ceden a las apariciones legitimas de las frases. De sus enigmas no nos podemos escapar. Cualquier posible escapatoria solo nos pondrá más cerca de la entrada. Lo que hace y deja hacer el lenguaje es infinito, convirtiéndose y siendo (ya antes de ser) en la única trascendencia a la cual tenemos acceso; no es una fe cuya existencia podemos aceptar o negar. Existe; esta allí como problema que nunca queda exhausto. Recuerda a la historia del niño judío que andaba por el pueblo pregonando, «tengo una respuesta excelente, que alguien me haga una pregunta». El lenguaje poético responde preguntas que todavía no se tienen. Como consecuencia, su inocencia resulta inaccesible pero su sabiduría visual logra que la percepción cambie de aspiraciones. Después de todo, lo inefable es ilegible. La poesía nos lleva al secreto que no sabíamos que estábamos buscando pero para el cual tenemos una respuesta.

Radio GEA Informa…

Colaboradoras gráficas de este artículo:

  • Fernanda Márquez.
  • Urania González Ortíz.
  • Alyssa Garduño.