La otra cara de Dios.

La nada no existe por sí sola, nosotros la creamos y la significamos. El vacío no está fuera del hombre, posiblemente tampoco existe, el vacío, la nada, está dentro de nuestra existencia y nosotros únicamente la proyectamos en los mantos de nuestra realidad. Esto provoca que el hombre sea estrictamente individual y responsable de su propio descubrimiento.

La Nada es de forma abstracta, la otra cara de Dios”.

En la primera mitad del siglo XX se creó un debate inconsciente y transgeneracional entre dos grandes filósofos, por un lado, en 1927 Martín Heidegger nos ofrece su discurso del “Ser y el Tiempo”, en lengua germana nos explica (entre otras cosas) su percepción del Hombre, por otro lado, en 1943 surge en Francia una especie de respuesta que lleva por nombre “El Ser y la Nada” escrita por Jean Paul Sartre. 

El hombre es un artesano de las palabras, todo lo nombra y con ello le da presencia a las cosas, más no existencia, inventamos conceptos tales como libertad, muerte, amor, entre muchos otros que sí somos objetivos rápidamente descubriremos que no existen; se trata de una paradoja curiosa porque el hecho de que sean fenómenos inexistentes, no significa que no nos importe o que no nos impacte, al contrario, tienen significados tan profundos, que por ello terminan determinando nuestra vida. El cero lo inventamos como una representación de lo que no existe; el vacío es sinónimo de algo que ya se agotó, de todo aquello que fue eliminado, es equivalente a lo desierto, a lo frívolo, a lo que está ausente, es un término que aplicamos a las personas “que son pero no están”. Pero el concepto de la Nada es por demás trascendente, obviamente porque por definición no puede existir pero al mismo tiempo lo puede ser todo. El concepto de la nada no se le puede aplicar a los objetos, se trata de un supuesto ontológico que solo aplica al ser.

«Ser o no Ser, ese es el dilema».

En este infinito universo solamente se desenvuelve la existencia, todo es, todo lo que contiene la realidad existe, por lo tanto, una negación, la Nada, solo es una enunciación del conocimiento, es la creencia intuitiva de que posiblemente algo no existe, pero si ese algo no existe ¿Cómo es que lo sabemos? Por cuestiones lógicas no podemos pensar en algo que no existe porque obviamente al pensarlo le estamos dando existencia. Esto quiere decir que todo tipo de negación nace más bien del rechazo de la existencia. La Nada es entonces un rechazo que provoca carencia, ausencia y sobre todo angustia.

Los seres humanos tenemos poderes divinos, somos Dios pues lo creamos a nuestra imagen y semejanza y si lo deseamos reducimos todo a la nada, tras un proceso cognitivo traemos la Nada al mundo, ahora, tenemos que definir algo, ¿La nada es un producto de la negación? O ¿Se presenta la negación y el NO ante la idea de la nada? La cuestión tiene gran importancia pues la respuesta justifica el papel del hombre, lo responsabiliza o lo exime. Por eso digo que la Nada es el otro rostro de Dios, por ejemplo, si Dios existe y nos tiene determinados eso nos exime de muchas culpas, pero si no existe, estamos en problemas serios. Si la Nada es externa al hombre no le incumbe, pero si esta se gesta dentro de nosotros se trata de una responsabilidad muy fuerte. Así como hemos creado palabras para nombrar cosas inexistentes, nos hace falta crear neologismos que simbolicen nuevos presentimientos.  Si Dios no existe o la Nada es externa a nosotros estos fenómenos se imponen ante nuestra insignificante vida y nos provoca un miedo pánico hacia la realidad, evidentemente estos sentimientos trastocan nuestra vida y nos obligan a transformarla, pero, si Dios existe o la Nada es interna esto nos provoca angustia y nos trastorna psicológicamente. La angustia se diferencia del miedo porque este es un síntoma de sobrevivencia mientras que la angustia es un deseo de trascendencia, el miedo es al mundo, la angustia es al hombre, el miedo es una amenaza que provoca la modificación de nuestras vidas pero la angustia es un confrontamiento humano personal, porque no se trata de significar la realidad sino significarnos a nosotros mismos.    

El hombre común y gracias a la ciencia, se siente seguro pues el conocimiento científico avanzado rechaza la existencia de la Nada y determina que el todo nos envuelve, pero el hombre metafísico descubre esa nada que está oculta dentro de nuestro ser y obligados por la angustia la compartimos y la proyectamos hacia lo que percibimos, estamos condenados a traer esa nada al mundo y eso nos abre la inmensa responsabilidad de estar a la altura de nuestros actos pues mediante ellos significamos al mundo, actuamos llenando ese vacío interior, pero si no actuamos la Nada nos consume; “de la nada inconsciente venimos y hacia la Nada consciente nos dirigimos, si en este momento de lucidez no actuamos, en eso nos convertimos en NADA.

Si ya comenzamos a entender la paradoja de la “Nada”, el “to be or not to be” comprendemos que el hombre es el único responsable de sus actos, es el individuo quien establece sus propios valores y actúa conforme a ellos; el hombre que se refugia en valores ajenos, en la moralidad colectiva, quien vive en un mundo con valores que no entiende y que son alienantes sigue siendo un individuo que renuncia a su propia responsabilidad personal en un intento de mitigar su angustia.

«Un Hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo».

En un lugar del planeta existe un supermercado normal donde la gente elige qué comprar y hace cola para pagar, pero si acudimos a él nos vamos a llevar una sorpresa, los clientes miran con curiosidad los productos, los agitan y los tocan hasta que descubren que todas las cajas, las latas y las envolturas están vacías; obvio y es real, del envase no sale shampoo y en las latas no hay bebida y las bolsas de fritura están llenas de “NADA”, este supermercado está en China (como lo puede usted comprobar si acude a él) y todos los productos que se encuentran en sus estantes se encuentran literalmente vacíos menos la intención comercial, esta es clara y reflexiva, se trata de provocar una reacción al consumismo irracional, la iniciativa de esta tienda NO es vender, sino provocar una introspección personal, lo absurdo es que sí venden y posiblemente vende más que una tienda normal obviamente porque sus envolturas vacías pero limpiamente cerradas se convierten en una curiosidad.

Cuando esta perspectiva de lo vacío llegó a las artes, la crítica social comenzó a tomar formas más significativas, por ejemplo, en 1962 el artista francés Yves Klein creó las “Zonas de sensibilidad pictóricas” que consistía en una serie de performances, libros, pinturas y espacios visiblemente vacíos, obviamente las justificaba como objetos idóneos para dedicarse a la espiritualidad para meditar, relajarse, aislarse y contemplar desde una visión radicalmente distinta a la vida. Evidentemente esta obra superó a la pintura y a la escultura, dando paso a una pieza de arte acción en la que el principal material de composición era lo inmaterial. El proceso dentro del fenómeno de compra venta era lo obra misma, por ejemplo, comprar el contenido de una vitrina vacía no era el objetivo final, comprar un poco de pigmento seco y resina sintética sobre un cartón, o sea, un trozo de cartón pintado simplemente de color anaranjado, no era el fin último, el performance propuesto por el artista consistía en la compra venta de un espacio “Vacío” a cambio de un poco de oro, el comprador pagaba el oro convenido, se le entregaba su mercancía, literalmente nada, y a continuación podía conservar el recibo de pago o continuar con el concepto porque para finalizar el fenómeno se le pedía al comprador que incinerara el papel y el oro era arrojado al río Sena. Para validar la transición se contaba con un crítico de arte, con el director de un museo y un notario como testigos.

Somos el único animal que al rechazar por miedo el “vacío” descubrimos la “nada”, confrontamos el incalculable valor del arte en un sistema capitalista que le pone precio a todo, cuando le ponemos precio a un objeto lo convertimos en propiedad privada, no cabe duda que somos genialmente inteligentes o somos impresionantemente estúpidos; esta obra artística puede compararse con la inversión intangible de comprar una estrella, si yo presumo que un planeta me pertenece, mi interlocutor pensará que estoy loco, pero si le muestro un recibo certificado que demuestra que pagué por ello automáticamente la cosa cambia; Pero ¿por qué? Queda claro que estamos viviendo tiempos insustanciales, la tecnología es sorprendente pero nosotros no estamos a la altura de tantas maravillas.

El artista mexicano Enrique Jurado Nieto ilustrador de el libro “Respirar el Vacío” nos grita a través de su obra precisamente todo esto en su serie de pinturas que llevan por nombre “La Era del Vacío” y que ilustran este ensayo, son un ejemplo de que ya nada nos conmueve, solemos menospreciar las pequeñas cosas y con ello devaluamos nuestro momento histórico. “Quicasso” además de mostrarnos que el arte se encuentra en todas partes, nos demuestra al igual que Yves Klein que estamos construyendo una época preocupante donde por un lado el objeto del arte ya no es un lienzo o una escultura, sino el recibo de propiedad, producimos nada a precios exorbitantes pero el que paga por ello se lo merece, lo que se nos presenta primero como una comedia y trasmuta a una tragedia es lo que se encuentra detrás del fenómeno y que nos obliga a preguntarnos. ¿Qué somos realmente?

Hemos forjado una sociedad moderna hueca, vacía de significado y con una moral mediocre y no me lo tienen que creer, solamente hay que salir a la calle para comprobarlo, sin embargo, esto siempre tiene solución, yo creo que debemos confrontarnos y evocar un nuevo movimiento existencialista que provoque una reacción humana, porque finalmente lo que hace a los seres humanos diferentes a todas las demás especies es el hecho de que podemos elegir qué hacer, es finalmente nuestra única y verdadera responsabilidad, no existe un camino de salida trazado para llevar al hombre a su salvación; debemos inventar constantemente nuestro propio camino, porque al intentarlo somos libres y responsables, se terminan las excusas y nacen dentro de cada uno de nosotros nuevas esperanzas.

Vamos a ser auténticos, ya no debemos autoengañarnos, tenemos que decidir ser comprometidos y asumir la acción, existen demasiadas exigencias inevitables en estos tiempos, como para pasar viendo cómo se comportan los gatos en las redes sociales. 

La autenticidad misma se ha convertido en una mercancía, nos venden grabaciones “auténticas” en discos de vinilo (otra vez), “auténticos” cereales para el desayuno, ropa “auténtica” y “auténticas” experiencias de vacaciones; pero nos debe quedar claro que la auténtica autenticidad tiene más que ver con la honestidad y el estado de alerta, por ejemplo, la tarea distintiva de un filósofo debe permanecer siempre vigilante para que cuando los delirios políticos seductores o las mentiras comerciales se arrastren sobre nuestras mentes, ellos nos despierten del vergonzoso error, es su obligación juzgar el discurso, señalarnos el engaño y ayudarnos a labrar una decisión menos contaminada, la nueva filosofía debe salir al mundo y hacer la diferencia, por otro lado, las artes no solamente deben hablar y entregar discursos huecos, es su obligación hacer campaña contra la ignorancia y la estupidez, solamente ellas tienen la plena autoridad de mostrarnos como en un espejo cuan idiotas llegamos a ser los seres humanos, las artes plásticas tienen la posibilidad de inocularnos la creencia de la importancia que envuelve el compromiso, los artistas del mundo deben tomarse atributos, deben de tomar incluso pequeñas decisiones como si fueran a decidir por toda la humanidad.

A partir de ahora sabemos que existe el vacío y que la Nada nos gobierna, la tecnología nos ha desvalorizado, la modernidad de este nuevo siglo ha dejado vacantes nuestras almas, nos están forjando sueños desiertos; son tiempos difíciles, el pensamiento se estancó, nos encontramos embrutecidos con el juego de significados que se tejen en las redes sociales y estamos al final desinteresados por las personas reales. Siempre es un buen momento para volver a empezar, vamos a responsabilizarnos y para estar a la altura de estos tiempos vamos a comenzar por respondernos sin autoindulgencia las preguntas más grandes y personales que nunca hemos sabido resolver. ¿Qué somos? ¿Qué nos hace realmente diferentes de los otros animales? ¿Qué es la Libertad? ¿Cómo podemos seguir viviendo de manera significativa y con un propósito? ¿Qué responsabilidades personales tenemos? Obviamente, estas cuestiones las debe responder el espíritu y su valor final radica en la autenticidad de la respuesta. Volvamos a un nuevo existencialismo. ¿Por qué? Evidentemente los existencialistas no nos dan soluciones fáciles y como alternativa humana se tornan demasiado defectuosos pero finalmente son exigentes y lo más importante es que nos recuerdan que la existencia es difícil y que los seres humanos ante tal situación nos  comportamos de forma terrible, debemos confrontar nuestra existencia para intentar llenar el vacío que nos enferma. 

La Nada es un síntoma, es una proyección psicológica del hombre hacia el infinito espacio.

Una vez más … Radio GEA Informa.