Todos los seres humanos tenemos vicios, defectos que de forma sublime se convierten poco a poco en nuestra medicina personal, los libros, el sexo, los enervantes, la pornografía, la belleza, el arte, las drogas, algunos de estos daños sufren el duro juicio social, mientras que algunas de estas virtudes son magnificadas por su consumo pero finalmente todas representan un alivio, una fuga, son terapias que nos curan heridas y nos devuelven la paz. Las adicciones también crean revoluciones, todos somos adeptos a una ideología, a un partido político, o a un equipo que nos representa, somos adictos al amor, somos adictos a las personas, somos adictos de la atención, somos animales acomplejados, vacíos de sentido, somos seres simpatizantes de la autodestrucción; la realidad es tan violenta que nos duele, la vida pasa fácil pero nos deja heridas profundas, por eso buscamos todos los días un placebo que nos dé el coraje de seguir intentándolo, tenemos corazón, tenemos alma, fabricamos sueños, sentimientos y esperanzas, nos desfragmentamos como un rompecabezas y solamente nuestras filias nos vuelven a unir.

Somos seres primitivos y con un carácter infantilmente simple, somos como ardillas desconfiadas, perdidas en un bosque agresivo, solamente observamos una opción de comportamiento, un propósito dentro de todas las alternativas que nos ofrece esta sorprendente realidad, y al no aceptar que tenemos diferente opciones, hemos elegido la más estúpida, ACUMULAR, nunca nos conformamos con lo que tenemos, siempre deseamos más. Somos animales inseguros que le temen al devenir y en un intento de evitar un dolor futuro, nos prevenimos y buscamos escapar del “fracaso”, acumulamos conocimientos para tomarle ventaja a los demás animales, acumulamos bienes para darle seguridad a nuestra familia, acumulamos poder para dominar a los demás, en resumen, solo acumulamos.
Los seres humanos estamos más preocupados por poseer que por conocer. No queremos entender nada, soltamos todo y elegimos una sola motivación, al igual que cualquier acumulador social, acaparamos recuerdos y objetos que en algún momento fue valiosos pero que si miramos en retrospectiva la acumulación termina siendo al final una pila de basura, los despojos llenan nuestra casa y nuestra vida, tenemos la cultura de lo fácil, de lo inmediato y esto provoca una depreciación de la cultura, de las artes, de la ciencia, es evidente que esa actitud genera mucha basura.

Uno de los inventos más ociosos y obviamente ventajosos de la humanidad es la economía, una disciplina que administra los recursos más valiosos que tenemos y que nos obliga a pelear entre nosotros por los recursos más escasos, es así como se justifica el feudalismo, el esclavismo y el imperialismo, hemos tenido diferentes monedas de intercambio e inventamos oferta y demanda muchas veces inexistente, vivimos diferentes mercados pero hoy en día estamos sufriendo algo que llamamos la economía de la información, un mercado que gira en las muy populares redes sociales. Al parecer, dentro de este nuevo mundo comunicativo generamos en tan solo dos años más información que lo que se ha escrito en toda la historia de la humanidad, lo malo es que toda esta información es errónea o innecesaria, estos ambientes virtuales solamente los usamos para mendigar un poco de atención y gracias a toda una elaborada red de diseñadores y técnicos programadores en computación se ha convertido en nuestro nuevo vicio, es la más novedosa adicción que hemos adquirido.

Esta necesidad egocentrista crea un nuevo mercado donde se colocan productos a cambio de un poco de atención, esto quiere decir que nosotros no somos el cliente, ni mucho menos, el objeto o fin último, todas las cortesías necesarias son para las empresas y a nosotros solamente nos manipulan y nos acarrean como ovejas, es así como descubrimos que nosotros no ganamos nada con las redes sociales, no ganamos dinero, eso es propio únicamente para las empresas, tampoco obtenemos conocimientos correctos porque el grueso de la información es errónea; por otro lado, estamos perdiendo cualidades humanas, por ejemplo: cada vez es más escaso entre los hombres algo que en tiempos románticos llamaban empatía, solamente acudimos a la red de internet para consumir basura, no entramos a leer un libro electrónico o a un foro cultural ¡NO! Sería perder el tiempo, entramos para sumarnos al bulling colectivo, nos encanta la información amarillista, queremos certificar que hay personas a las que les va peor que a nosotros, nos burlamos y disminuimos a la diferencia, yo te doy un like si tú me das dos; es increíble que a través de un medio de comunicación masiva estemos perdiendo precisamente eso, la comunicación, estos espacios sociales deben informarnos, entretenernos, educarnos y sobre todo unirnos, pero está sucediendo exactamente lo contrario, las redes sociales nos están fracturando como sociedad, una escena común hoy en día se encuentra dentro de nuestro propio hogar, en la noche mientras nos integramos nuevamente, cuando nos reunimos como familia, antes que saludarnos y preguntarnos cortésmente cómo nos fue en el trabajo o en la escuela nos ignoramos, el padre se refugia en Facebook, los hijos disfrutan su noche mandando selfies por Instagram y la madre es feliz compartiendo su vida a través de WhatsApp. También estamos perdiendo inteligencia y los ejemplos sobran para darnos cuenta de ello, en la antigüedad todos esperaban a que el sabio hablara porque siempre tenía algo interesante que decir, ahora solamente hablan los tontos que creen que es forzoso decir algo para que los demás sepan de su existencia. Evidentemente, mucha de la información que se encuentra en la red es errónea o descaradamente falsa, pero nadie lo cuestiona, la tomamos y la compartimos sin ningún tipo de filtro, obviamente existen curadores de información pero de nada sirve porque a la mayoría eso no le importa, siempre es mejor la información escandalosa, datos que no solo los jóvenes sino los adultos mismos usamos de forma irracional, estamos perdiendo la salud mental.

Hay problemas muy importantes que discutir en el mundo a través de las redes sociales, las guerras, el hambre, la manipulación mediática, el descontrol ecológico, pero, para discutir y resolver estos problemas necesitamos Empatía, Comunicación, e Inteligencia, necesitamos volver a ser seres humanos. Finalmente, si nosotros somos un elemento de las redes sociales también nos hemos convertido en basura porque dentro de esta nueva cultura de lo desechable donde todo se usa y se tira, solamente nos objetivisamos, somos parte de un entorno donde solo se busca un uso y un disfrute momentáneo, los autos son de moda y por lo tanto desechables, las nuevas tecnologías son momentáneas, las consolas de videojuegos, las pantallas, las computadoras, en fin, todo queda obsoleto en muy poco tiempo, usamos esta tecnología un breve momento y rápidamente la tenemos que renovar, generamos basura, los vasos y los platos son desechables, basura, las botellas ya no son retornables, basura, sin embargo, este estilo de vida, está no sólo en los productos que consumimos, sino también en las relaciones humanas, las cuales también se han hecho desechables, creamos una idea de lo efímero, al inicio de una relación, la que sea, amistad, matrimonio o relación laboral, si no sirve se tira. Esta es la visión que generalmente se tiene al llevar una relación, se vive claramente una falta de visión y compromiso futuro o presente, ya no queremos aferrarnos a la permanencia, ya no es imperativo darle importancia al compromiso. Por el contrario, estas nuevas relaciones cuando se deterioran en lugar de hacer algo por recuperarlas, cuidarlas y atenderlas, se van quedando así como si se supiera que al dejar de servir se tiran y punto. Esta es la idea con la que llegan muchas parejas al matrimonio y al ámbito laboral, “si no funciona, me separo y se acabo”, “ si no me sirve, lo despido y el que sigue”, obvio, lo malo no es separarse o romper un contrato, si hay problemas de por medio, la dificultad no es separarse, el problema es iniciar un contrato o una relación con una idea de lo desechable. Ya perdimos la costumbre de buscar soluciones, es desgastante para las nuevas generaciones y para la sociedad consumista que siempre tiene la necesidad y el vicio de adquirir.

Las empresas nos crean siempre nuevos vicios, nos provocan la renovación infinita por obvias razones, sucede con la ropa y con los alimentos, a través de los medios de comunicación nos instigan el deseo continuo de renovación sobre las posesiones y nos venden siempre la idea de que la felicidad está ligada directamente a lo que compramos, la felicidad es renovación, dicen las empresas, nos aportan el Fen Shui de los idiotas, planean la obsolescencia y nos esclavizan para que compremos artículos cuya vida es lo suficientemente larga como para no causar quejas de los clientes, pero lo suficientemente corta como para obligarnos a que los reemplacemos por nuevos productos.
Todo aquello que produce el ser humano, el único animal que siempre se ha comparado con Dios, generalmente acaba tirado en grandes basureros, la creación de basura es inevitable, es nuestro peor invento, es nuestra herencia a este planeta, porque parece ser que la imperiosa y absurda necesidad de tener por siempre cosas nuevas, nunca se nos va a quitar. La tierra proporciona lo suficiente para cubrir las necesidades de cada hombre, pero nunca será suficientemente grande para satisfacer la codicia de cada uno de nosotros, la basura no habla pero definitivamente dice mucho de su creador.

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