La comunicación es esencial para la vida social tal y como la conocemos: interactuamos continuamente. Por eso, es muy importante gozar de unas buenas habilidades. ¿Sientes inseguridad al comunicarte? ¿Te cuesta trabajo hablar en público? ¿Tienes problemas para transmitir tus ideas por escrito? Pues aquí te explico los tipos de competencias comunicativas que existen y cómo puedes potenciarlas.

Competencias comunicativas: Definición y para qué sirven.
Entendemos por competencias comunicativas el conjunto de aptitudes que permiten una comunicación adecuada. Para ello, el individuo se vale de todos los sistemas de signos de su comunidad sociocultural. Y los teóricos de este concepto, las resumen en los siguientes puntos:
- ¿Cuándo hablar y cuándo no?
- ¿De qué hablar?
- ¿Con quién hablar?
- ¿Por qué hablar?
- ¿Dónde hablar?
- ¿Cómo hablar?
Nos comunicamos a diario con los demás y con nuestro entorno. Por eso, saber emplear estas habilidades es fundamental para el crecimiento personal y para el crecimiento social. ¿Y podemos desarrollarlas? ¡Claro! No son innatas, sino que se pueden aprender y mejorar.

Tipos de competencias comunicativas.
Competencia lingüística.
Es el pilar central de la comunicación. Hace referencia a la adquisición y el desarrollo de una lengua, y a su posterior dominio. También al nivel de integración del lenguaje, entendido como un sistema de símbolos articulados que posibilita el entendimiento entre personas. Nos permite pensar y expresarnos a través de las palabras y su combinación, así como asignar nuevos términos a objetos y sensaciones.
Competencia Paralingüística.
Está formada por los elementos adicionales que complementan al lenguaje. Distinguimos entre recursos orales (como la entonación, la intencionalidad, etc.) y recursos escritos (márgenes, negritas, cursivas, mayúsculas, etc.).
Por ejemplo, «amigo» tendrá una connotación distinta si se pronuncia entre dos colegas cercanos («gracias, amigo») a cuando la dice una persona que va a discutir con otra («eso me lo dices a la cara, amigo»). El tono es diferente.
Incluye la competencia cronética, definida como el manejo de la comunicación en el tiempo. Es decir, cuánto se tarda en decir algo o los segundos que dejamos antes de responder.
Competencia sociolingüística.
El lenguaje depende de la cultura social, siendo inherente al momento y al lugar en que se utiliza. Es decir, varía según el contexto.
1.-Competencia quinésica. Es la comunicación no verbal: la llevamos a cabo a través de posturas, gestos, miradas, etc. Puede complementar, enfatizar e incluso contradecir nuestras palabras. Conforma hasta el 80% de la comunicación.
2.- Competencia proxémica.
Es el manejo de las distancias con los demás. Dependiendo de la proximidad, distinguimos entre:
- Distancia íntima: 15 – 45 centímetros. Propia de la familia, pareja y amigos íntimos. Se suele hablar en voz baja.
- Distancia personal: 45 – 120 centímetros. Propia de los amigos y conocidos. Se usa una voz suave y distendida.
- Distancia social: 1,2 – 3,5 metros. Propia de los contactos profesionales, más impersonal.
- Distancia pública: a partir de 3,5 metros. Propia de los discursos ante un público.
Competencia discursiva.
Es la sucesión lógica y ordenada de las ideas o argumentos del discurso. Para comprender correctamente un mensaje, necesitamos que su contenido esté cohesionado y sus puntos sean coherentes. Por ejemplo, cuando contamos una historia, esta debe ser coherente en su línea temporal y sin que los sucesos se contradigan entre sí.
Competencia pragmática.
Se trata de la habilidad para convencer y persuadir a otras personas, influyendo en sus conocimientos, opiniones, actitudes, etc. Es muy útil para conseguir objetivos profesionales.
Competencia estratégica.
Se refiere a la capacidad de subsanar los posibles errores mientras transcurre el discurso. Logra una comunicación eficaz mediante el comienzo, mantenimiento, reparación, reorientación o conclusión de una conversación. Por ejemplo, intervenir ante los silencios prolongados, evitar los malentendidos, etc.
Competencia textual.
Se define como la comprensión y producción de textos. Para ello, necesitamos valernos de otras tres competencias:
- Competencia cognitiva. Se apoya en las categorías formales del pensamiento para crear argumentos.
- Competencia comunicativa. Consiste en el manejo adecuado del lenguaje.
- Competencia técnica. Se relaciona con el uso de dispositivos para escribir.

¿En qué consisten unas buenas competencias comunicativas?
Observación y escucha.
A través de la observación del lenguaje no verbal y de la escucha de los mensajes del interlocutor, además del significado de sus palabras, podemos inferir sus estados mentales. De esta forma, un buen comunicador es capaz de prever las reacciones de los demás, reconocerlas y adaptar su comunicación a las mismas.
Interpretación del contexto.
Las diferencias individuales, sociales y culturales marcarán las características de la comunicación. Por ejemplo, en México los besos o el apretón de manos son habituales para saludar; sin embargo, en Japón no son muy dados al contacto físico en estas circunstancias. Deberemos adaptarnos al lugar y al momento para saber qué transmitir y la forma de hacerlo.
Aprendizaje.
Uno de los recursos más habituales para aprender es el modelado, es decir, fijarnos en otra persona para imitar sus habilidades. Puede hacerse de forma consciente o inconsciente. Los buenos comunicadores buscan perfeccionar sus competencias comunicativas fijándose en los éxitos de los demás y cómo han llegado a ellos.
Respeto.
Es frecuente que en muchas disputas se pierda el respeto y la educación hacia el interlocutor cuando pensamos diferente. La otra persona se siente atacada y difícilmente escuchará nuestra postura. Un buen comunicador acepta otros puntos de vista y argumenta con respeto para defender los propios. Así, temas sensibles como la política, la religión o incluso el fútbol podrán ser debatidos sin enfados.
Organización.
Parece obvio afirmar que se debe pensar antes de hablar, pero no siempre se aplica. Tener un pensamiento organizado facilita ordenar nuestras ideas antes de expresar algo de forma verbal o escrita. Un mensaje ordenado siempre es un mensaje más atractivo.

Claves para mejorar tus competencias comunicativas.
1. Analízate tanto a ti como al entorno.
¿Conoces tus virtudes y tus defectos? Obsérvate. ¿Qué es lo que haces bien? ¿En qué necesitas mejorar? ¿Y cómo puedes conseguirlo? Fíjate en cómo lo hacen aquellas personas que tienen éxito transmitiendo sus mensajes.
Al principio, será un ejercicio, pero pronto irás viendo cómo se convierte en un proceso automático. Y no te evalúes con una dureza desproporcionada.
2. Apuesta por la sencillez.
Solemos pensar que las expresiones recargadas y las palabras pomposas demuestran cuán cultos somos. Pero, salvo excepciones, lo único que hacen es complicar el entendimiento de nuestro mensaje. ¿Significa esto que debemos limitar nuestro lenguaje a lo simple? De ningún modo. Enriquecer el vocabulario siempre es una ventaja, pero hay que saber distinguir cuándo utilizar unas palabras y cuándo otras.
3. Busca lo auténtico.
No debemos reducirnos a presentarnos como un personaje que no somos, aunque muchas veces lo hagamos para adaptarnos a la situación. Sonar forzado o artificial disminuye nuestra credibilidad y además podemos generar desconfianza. La naturalidad siempre es la mejor opción, incluso en diferentes contextos. Muéstrate tal y como eres. Quien no esté dispuesto a aceptarte, tal vez no sea la mejor compañía.
4. Recurre a la honestidad.
La mentira es una de las cosas que se adhieren muy rápido a la imagen de una persona. Genera enfado y puede provocar una gran pérdida de confianza. Además, para que una mentira no sea descubierta, necesita no contradecirse; será como una bola de nieve: cada vez se hará más grande. Por eso, es mejor enfrentarse a la verdad desde el respeto y la asertividad que contar una mentira que lo único que hará es complicar más la situación.

5. Entrena la asertividad.
Se trata de una habilidad fundamental para una buena comunicación. Nos permite defender nuestra propia postura mientras respetamos las opiniones de los demás, protegiendo nuestras opiniones sin agresividad. En una sociedad tendente a los malos modos, ¡marca la diferencia desde el respeto!
6. Enfatiza tus palabras.
El mensaje no solo está compuesto por palabras, como hemos visto, sino que influyen muchos aspectos más. Por ejemplo, utiliza pausas y entonaciones que despierten la atención en la otra persona. Aportarán frescura y harán que tus mensajes sean más interesantes.
7. Parafrasea.
La técnica del parafraseo consiste en expresar las propias ideas de modos distintos. Conseguirás que tu punto de vista quede claro y también servirá para reafirmarte ante ti mismo y ante los demás.
8. Practica la escucha activa.
Escuchar no es simplemente oír las palabras que nos llegan. Si queremos ser activos en nuestra escucha, deberemos procurar que la otra persona se sienta atendida y comprendida desde la empatía. La conversación será más efectiva y la relación con nuestro interlocutor mejorará.

9. Ten en cuenta a tu interlocutor.
Todos somos diferentes y a la vez igual de válidos. Esto incluye la forma de pensar. Dependiendo del nivel económico, sociocultural, educativo, etc., nuestro punto de vista puede ser uno u otro. E incluso compartiéndolos, podemos tener mundos internos completamente distintos. Creer que todo el mundo debería opinar como nosotros es un grave error.
Observar a nuestro interlocutor nos permite ir adaptándonos a él.
10. Apóyate en el lenguaje no verbal.
Los gestos, expresiones, pulcritud, vestuario, etc. también influyen en cómo nos ven. Procura controlar estos aspectos para no transmitir algo que no quieres. Por ejemplo, no gesticules de forma excesiva, presta atención a tus movimientos, cuida tu vestuario… Por supuesto, siempre en función de cada contexto.
11. No evites el contacto visual.
Rehuir la mirada del interlocutor denota inseguridad. Por eso, debemos procurar mirar a los ojos, demostrando así confianza. ¡Ojo! Una mirada demasiado fija puede causar el efecto contrario y llegar a resultar agresiva. Hay que alcanzar un término medio.
12. No interrumpas.
Interrumpir cuando otra persona está hablando no es adecuado, se considera una falta de respeto. Además, esto imposibilitará que comprendas al cien por cien lo que tu interlocutor está intentando decirte. Si tienes este mal hábito, ¡bórralo del mapa!
13. Inspírate.
Hoy en día podemos encontrar multitud de libros y artículos orientados a la mejora de las competencias comunicativas. Otra buena opción es la literatura: además de satisfacer nuestra afición, nos ilustra con diversos modos de transmitir de forma escrita. En Internet también podemos encontrar numerosas charlas de expertos de cualquier materia. Observa cómo se expresan, de qué elementos se valen para hacer llegar su mensaje.
14. Disfruta de la propia comunicación.
La comunicación es vital para la existencia humana. Y tampoco es un secreto que las demás especies, a su modo, se comunican entre sí. Mires donde mires, hay interacción. Tratar de mejorarla hará que disfrutemos más de las experiencias que nos hace vivir.
Si bien las competencias comunicativas no son innatas, algunas personas tienen más facilidades que otras para comunicar. ¿Significa que lo tienen todo hecho? No. Si no se ejercitan estas habilidades, no aprovecharán su potencial. Y, en el caso de aquellos con más dificultades, la práctica conseguirá grandes avances.

El buen comunicador no nace, sino que se hace.
Radio GEA Informa…












