CosmoCentrismos es un espacio educativo donde los profesores y los alumnos de prepa GEA fortalecen sus competencias comunicativas. Además de ser un foro que sirve para expresar las inquietudes de nuestra comunidad, este espacio sirve también como un recurso pedagógico para generar análisis críticos y perspectivas diversas del conocimiento.
Para reiniciar esta nueva etapa del curso vamos a establecernos un nuevo reto; el semestre pasado iniciamos conociendo qué era el Studygram y lo practicamos durante todas las clases del Taller de Lectura y Redacción, bien pues ahora, vamos a conocer qué es el Bullet Journal para comenzar a trabajarlo en el salón de clases, pero le vamos a dar un giro y en lugar de llamarlo Bullet journal le vamos a llamar Student Journal para poder adecuarlo a nuestras necesidades de trabajo. Pues después de esta pequeña advertencia, ¡Comenzamos!
Un Student Journal consiste en realizar un diario sobre una afición o tema que nos apasiona como puede ser un cantante en concreto, Kpop, un video juego, un equipo de futból, una novela literaria o una película en específico, las opciones son infinitas y depende de tus gustos personales.
Un Student Journal es la suma de un “Bullet Journal” y un “Fandom Journal” y es un sistema de organización personal que se nos ocurrió como una forma de ordenar nuestros apuntes y contrarrestar las dificultades que genera la alta cantidad de estímulos de aprendizaje a los que nos vemos sometidos y porque no, también contrarresta cualquier tipo de déficit de atención.
En pocas palabras un Student Journal es un método para organizar ideas, tareas, metas, hábitos y todo lo que necesites en una libreta o cuaderno de trabajo que debes actualizar todos los días. Lo mejor… solo necesitas de inicio un cuaderno, colores, hojas de color, una pluma y ser constante.
Aunque los creadores del “Bullet Journal” o el “Fandom Journal” ofrecen una estructura básica para empezar, lo cierto es que es un método tan flexible que te permite personalizarlo y ajustarlo a las necesidades de tus tareas cotidianas.
Con este método podrás llevar un registro de evidencias de tus tareas y trabajos de la preparatoria o de la universidad, tus metas personales, tus hábitos, tus películas vistas o por ver, o generar reseñas de todos los libros que vas leyendo en el curso de todo el año, sirve para todo lo que quieras, hasta lo puedes usar como un diario personal impresionantemente creativo. Pero que les parece y conocemos un poco más a los padres de este nuevo concepto llamado Student Journal.
El Bullet Journal.
El Bullet Journal, diario de bullets o Bujo es un sistema de organización personal creado por el neoyorquino Ryder Caroll como una forma de ordenar su día a día y contrarrestar las dificultades que le generaba su déficit de atención.
Con este método se puede llevar un registro de tus tareas, tus exámenes y trabajos escolares, tus hábitos, tus gastos del mes, tus citas médicas, tus gastos mensuales, los cumpleaños de tus amigos y familiares y todo lo que quieras.
El Fandom Journal.
Un Fandom Journal consiste en realizar un diario sobre una afición o tema que nos apasione como puede ser un cantante concreto, Taylor Swift, un videojuego, Call of Duty o una película, Harry Potter, como ya lo indicamos anteriormente las opciones son infinitas y depende de tus gustos personales.
Potencia tu creatividad, inspiración y reduce tu estrés del día a día. Realizar un Fandom Journal es una forma de utilizar tu tiempo libre para sacar todo tu potencial a la vez que aprendes y te desconectas de la rutina.
¿Cómo realizar nuestro Student Journal?
En general, puedes realizar un Student Journal del tema que quieras y con toda libertad. En este caso vamos a realizar uno con el tema del “Taller de Lectura y Redacción”, ¿Tiene sentido o NO?
Qué necesitamos:
Para realizar un Student Journal necesitamos de base muchísima creatividad y además tan solo necesitamos contar con los siguientes materiales:
1.- Cuaderno o libreta especificamente para la creación de nuestro Student Journal.
2.- Stickers, fotografías, o imágenes de los temas que vamos a desarrollar.
3.- Hojas de diferentes colores, recortes de periódicos, cartulinas y todo tipo de papeles interesantes.
4.- Lápiz, plumas de diferentes colores, plumones, colores, marca textos y muchos más colores.
5.- Buscar inspiración y ayuda en Instagram, Youtube, Pinterest, poniendo siempre en el buscador temas sobre Bullet Journal y Fandom Journal.
Una vez que comiences con tu tema, cada vez te será mucho más sencillo desarrollar la idea principal de tu Student Journal. Aquí te dejo algunos ejemplos muy interesantes de como puedes utilizar esta nueva forma de trabajar tus apuntes.
Ventajas de realizar un Student Journal:
Realizar un Student Journal cuenta con una gran cantidad de ventajas, como pueden ser las siguientes:
Nos ayuda a liberar el estrés del día a día.
Favorece la inspiración y traslada nuestros objetivos de aprendizaje a otro tipo de actividades para que nos resulte la clase menos cotidiana.
Incrementa la productividad al darle un giro a nuestras tareas diarias.
Mejora nuestra autoestima.
Nos divertimos colocando, moviendo y creando nuestras ideas.
Al no contar con una estructura rígida y aburrida, nuestras tareas y planes a realizar se tornan más dinámicas, definitivamente, los Student Journal son una forma de escapar un rato de la rutina diaria, favoreciendo la productividad y la liberación del estrés.
Entonces, despues de toda esta introducción, vamos a comenzar, echemos manos a la obra y comencemos nuestra tarea para la asignatura.
Continuamente estamos siendo “gobernados” por la persuasión. Ya sea en una publicidad, en las palabras de nuestro jefe o en una conversación con nuestra pareja.
Unos no ceden, otros aceptan. Unos dan y otros reciben. Así es como funciona la vida.
Muchas veces sabemos lo que queremos lograr, pero no cómo llevarlo a cabo. ¿Deseamos pedir un aumento, deseamos muchas veces otra oportunidad o lograr que de una vez por todas la sala esté pintada del color que nos gusta?No saber cómo persuadir al otro nos puede llevar al fracaso, pero más aún, a no confiar en nuestras capacidades comunicativas.
Podríamos ponernos a analizar qué hacen las empresas a través del marketing y la publicidad para lograr lo que quieren, por ejemplo…
Para comenzar, están en el momento y lugar indicados. ¿Te has puesto a pensar por qué en muchos mercados colocan los dulces cerca de las cajas? Claro, para que mientras estamos haciendo la fila “nos tentemos” y compremos. Aunque cuando ingresamos a la tienda no teníamos ganas de comer un chocolate o un dulce.
Es fundamental entender al menos lo básico de las leyes o técnicas de la persuasión para luego aplicarlas en lo que deseamos. Así no te saldrán nunca mal las cosas. Pero además no te engañarán y no caerás en las redes de los demás.
En clase aprendimos que existen tres tipos de persuasión, la persuasión racional, la persuasión emocional y la persuasión inconsciente, pues sigue leyendo para que aprendas a persuadir a través de las emociones.
“El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer,
ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón”.
Blaise Pascal
No vamos a extendernos demasiado en la terminología del marketing pero si nos interesa dedicarnos a los llamados “principios de la persuasión”, que fueron creados por un profesor de la Universidad de Arizona.
Estas leyes tienen la capacidad de “atacar” nuestro inconsciente y la manera en que tomamos nuestras decisiones. Son las mismas que usan las marcas para sus publicidades y nos pueden ser de mucha ayuda.
Para influir en los demás podemos aprovechar los siguientes principios de la persuasión:
La Reciprocidad.
Este principio se basa en el hecho de que si alguien nos hace un favor, nos sentimos en falta con él. Esta especie de obligación que nos imponemos hacia el otro puede perdurar por mucho tiempo y ser “pagada con creces”. En la mayoría de los casos, solemos pagar más de lo que recibimos.
El Compromiso y la Coherencia.
Tienen mucho que ver con la técnica anterior ya que como seres humanos queremos siempre actuar en relación a nuestra moral o valores al devolver los favores a alguien. Así, no solo nos sentimos en la obligación de hacerlo, sino también, mejores personas al darlo por hecho.
La Imitación o Prueba social.
Estamos constantemente mirando qué hacen los demás para analizar nuestras conductas. Actuamos en consecuencia a lo que otros hacen, sobre todo si pensamos que esas acciones son similares a las nuestras o están acordes a nuestros valores.
El Corazón tiene razones que la razón no entiende.
La escasez.
Cuanto menos haya de una cosa, más la queremos. Esta es una ley muy frecuente en el marketing y tiene que ver también con la “oferta y la demanda”. Se utiliza a su vez para la fijación de precios. Evidentemente, también funciona de la misma forma cuando buscamos el amor. ¿O no?
Cuando muchas personas quieren un producto, es probable que su coste se eleve y cuando ya la mayoría lo tenga, su valor se reduce. No ocurre con todos los artículos, pero en general esta norma se usa para los productos nuevos o de temporada.
La razón y el corazón son incompatibles pero al pensar en ti los dos admiten que eres perfecta.
Victor A. Cruz.
La Autoridad.
Aquellas personas que consideramos que son especialistas sobre un tema tienen mayor incidencia sobre nuestros actos y decisiones.
Por eso, se suele “usar” a ciertos personajes o celebridades para que nos aconsejen usar un producto o servicio. Fuera de lo que tiene que ver con el marketing, un jefe puede estar aprovechando su rango o puesto para que los empleados actúen de cierta manera, por ejemplo.
Hay mucho que sentir dijo la razón
hay mucho que pensar dijo el corazón.
Y por fin, se pusieron de acuerdo.
El Agrado.
Si nos gusta o nos parece amena la persona que tenemos adelante ofreciéndonos algo, es más probable que lo compremos. Más allá del producto o de si realmente necesitamos adquirir ese artículo. En la vida cotidiana también ocurre bastante, según como el otro nos pide o nos solicita algo, será la manera en que responderemos.
Entonces, para poder ser un experto en el arte de la persuasión emocional, no olvides estos principios. También sirven para darnos cuenta, si alguien quiere convencernos de tomar ciertas decisiones.
Las emociones afectan a nuestras decisiones. Mucho más de lo que imaginas. En la mayoría de las ocasiones, pensamos que hemos decidido comprar un determinado producto en base a una justificación racional. Pero en realidad, nuestro «YO EMOCIONAL» ya ha tomado la decisión antes.
Estudios psicológicos afirman que nuestra mente no es racional, sino que está racionalizando realmente nuestros sentimientos ¿Será?
Finalmente, es así como se explica que las decisiones las tomemos de forma instantánea, con nuestra región emocional. Y que después la justifiquemos por medio de la razón.
O porque creen que Valeria NO acepta que realmente le gusta Luís. O porque Camila, Abril y algunas otras niñas aun no consiguen novio. En fin. Nuevamente Radio GEA Informa…
¿Te corrigen tus amigos cuando escribes? ¿Eres de los que confunde la s,c y z?, ¿Te cuesta trabajo saber en dónde se acentúa una palabra? Y lo peor… ¿crees que la manera en la que escribes no tiene mucha importancia?
Bueno, pues has llegado al lugar correcto. Aunque no lo creas la manera en la que redactas dice mucho de ti y de tu personalidad, ya que puede abrirte o cerrarte puertas muy importantes. ¿Quieres saber por qué? Te damos algunas ventajas, tips o consejos para que logres tener muy buena ortografía.
Los estudiantes de cualquier nivel educativo, pero sobre todo de preparatoria, deben considerar que la buena ortografía es una de las bases para garantizar el éxito de su vida profesional.
El dominio de la ortografía permite organizar y expresar las ideas de manera clara y precisa, evitando malos entendidos y confusiones en la comunicación.
Una buena comunicación escrita permite al destinatario recibir adecuadamente las percepciones que deseamos trasmitir. Además, el cuidado de la ortografía refleja interés, competencia y profesionalismo por parte de quien escribe, logrando relaciones de mayor colaboración.
¿Por qué es importante escribir sin faltas de ortografía? La importancia de la correcta ortografía se encuentra también en el hecho de que ésta refleja nuestra personalidad y forma de ser.
Una ortografía correcta hace que quienes nos leen perciban una personalidad agradable y positiva, mientras que si escribimos, por ejemplo, con abreviaturas o errores ortográficos, la idea de nuestra personalidad será de alguien desorganizado y distante.
Saber estructurar un texto puede ser un reflejo de cuánto orden y disciplina hay en nuestras vidas, lo cual habla mucho de una persona.
En cuanto a su relevancia para la educación y la formación, la atención a la ortografía durante la etapa escolar, significa inculcar la importancia de la lengua que se habla, pues al escribirla correctamente, se logra fortalecer y mantenerla viva a lo largo de las generaciones.
Al día de hoy, la ortografía y la gramática “defienden” a la lengua frente a los modismos o la incorporación de vocablos en otros idiomas, evitando así distorsionar el lenguaje.
¿Cuáles son los beneficios de saber escribir?
*Muestra tu orden mental. En la forma de escribir se refleja la personalidad y la actitud de una persona. Según el tipo de sintaxis y ortografía que emplees, dejarás ver si tienes las ideas claras o si, por el contrario, tus razonamientos son dispersos y confusos. Alguien que redacta con buena ortografía demuestra su orden mental y su serenidad.
Ayuda a expresar ideas claras. Dependiendo del tipo de ortografía y sintaxis, veremos si tenemos las ideas claras, o si estamos dispersos y confundidos. Tener una buena ortografía es una forma de mostrar nuestro orden mental. Además, por ejemplo, omitir un acento puede distorsionar la idea que queremos expresar.
Muestra el conocimiento adquirido. No basta con utilizar palabras que hagan referencia a un determinado nivel, sino fusionarlo con una estructura ordenada para dar la impresión de que quien escribe es alguien serio y confiable, que domina el tema y que ha sido instruido.
Le da una imagen profesional a tu trabajo. La ortografía puede ser la carta de presentación que te abra las puertas a mejores oportunidades laborales. Al mejorar la manera en la que escribes, demostrarás que no solo cuentas con conocimiento y habilidades escritas, sino que te tomas las cosas en serio y te preocupas por mantener una imagen seria.
Mejora tu nivel de comunicación. Dentro de las ventajas de tener buena ortografía, una de las más motivantes es que es una escalera comunicativa en ascenso, de manera que al desear mejorar nuestra escritura, esta acción nos puede conducir a un progreso en otras áreas de nuestro desarrollo como la manera en la que nos expresamos, o incluso nos lleve a ampliar nuestro vocabulario.
Ayuda a preservar nuestro idioma y es una muestra de respeto por la lengua que hablamos. Escribir sin errores ortográficos indica que le damos importancia a nuestro hablante. Incluso desde WhatsApp podemos inculcar la buena ortografía; ya quedó atrás la etapa de limitar los caracteres, ahora podemos expresar en textos correctos nuestras ideas.
En el caso del español, la Real Academia de la Lengua, ha realizado una labor relevante al crear enciclopedias y manuales acerca del uso del español, de manera que en ellos se pueda preservar la lengua y la retrate en un momento en el tiempo. Nosotros podemos ayudar a la RAE a conservar la lengua, haciendo el uso adecuado de estas reglas gramaticales.
Así que es fundamental dar seriedad a nuestro proceso de comunicación escrita sin importar el medio, hay que intentar que el destinatario perciba que lo entendemos con corrección, es decir, que lo valoramos.
La literatura y el fomento del acervo cultural son algunas de las alternativas más naturales para fomentar una buena ortografía. Por ello, es importante que, tanto el colegio como lo padres de familia, busquen incentivar y proteger la ortografía de los chicos.
También otras actividades como el acercamiento a la literatura y las artes a través del teatro, la apreciación de cortometrajes y filmes, así como la formación en literatura hispana y en otros idiomas como el inglés y el francés, pueden ayudar a los alumnos a fortalecer no sólo su ortografía sino su percepción del mundo y cómo interpretarlo adecuadamente.
Consejos para mejorar la ortografía.
En este mismo tema, es necesario aceptar que en la actualidad está siendo dejado de lado la importancia del buen escribir, debido a las diferencias generacionales, donde los jóvenes le restan importancia a comunicarse efectivamente por reducir tiempo al momento de escribir un texto.
Por eso y para finalizar este artículo te ayudaremos a alcanzar todo el potencial profesional y comunicarte efectivamente y para ello te damos a conocer algunas recomendaciones:
1. Escribe una lista de palabras que se te dificulten.
Si existen palabras que se te dificultan al momento de leer o escribir un texto anótalas en un cuaderno. Trata de escribirlas constantemente para que sepas cómo se escriben, en qué lugar van tildadas y cómo puedes contextualizarla en tus textos.
2. Di las palabras en voz alta. Aunque pienses que es una práctica sin importancia, te sorprenderá lo útil que es, debido a que tendrás en tu cerebro la pronunciación de cada palabra y así cuando la escribas no tendrás ningún problema.
3. Estudia el origen de las palabras. Un gran consejo que debes seguir es el de aprender el origen de las palabras que utilizamos. Es una práctica que se utiliza en los concursos de ortografía alrededor del mundo.
4. Lee mucho, mucho, mucho. Como bien dice el dicho: la práctica hace al maestro. Diversas palabras se pueden volver más familiares si se practican con frecuencia. Leer no solo aumentará tu acerbo cultural, sino que te ayudará a comprender mejor tu idioma, aumentar la cantidad de palabras que utilices y te ayudará a comunicarte mejor.
5. Lee y subraya las palabras desconocidas. Cuando leas un libro es una buena práctica que marques las palabras que no practicas continuamente. Luego escríbelas en una hoja y ve tachando una a una cuando ya conozcas su significado y modo de escritura.
6. Realiza test de ortografía. Es importante ponerse a prueba a uno mismo para saber en qué nivel te encuentras y cuáles son las áreas que debes trabajar más. Existen muchos sitios en los que puedes realizar tests de ortografía como: Tests Gratis o Reglas de Ortografía.
7. Escribe mucho. Te recomendamos practicar escribiendo cartas, textos, mensajes o abrir tu propio blog. Te ayudará a practicar la redacción, podrás pulir la forma de utilizar las palabras y sabrás identificar los errores que aún estás cometiendo.
Estos consejos te ayudarán para escribir mejor y darle aún más valor a tu aspecto personal. Es una habilidad muy valorada por las empresas y organizaciones y que además, te ofrece nuevas oportunidades de desarrollo personal y profesional. ¿Pues qué esperas? ¡Vamos a trabajar tu escritura y tu ortografía! Una ves más… Radio GEA informa…
No espero ni pido que nadie crea el extraño aunque simple relato que voy a escribir. Estaría completamente loco si lo esperase, pues mis sentidos rechazan su evidencia. Pero no estoy loco, y sé perfectamente que esto no es un sueño. Mañana voy a morir, y quiero de alguna forma aliviar mi alma. Mi intención inmediata consiste en poner de manifiesto simple y llanamente y sin comentarios una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de estos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no voy a explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos.
En el futuro, quizá aparezca alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes, una inteligencia más tranquila, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que voy a describir con miedo una simple sucesión de causas y efectos naturales.
Desde la infancia sobresalí por docilidad y bondad de carácter. La ternura de corazón era tan grande que llegué a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban, de forma singular, los animales, y mis padres me permitían tener una variedad muy amplia. Pasaba la mayor parte de mi tiempo con ellos y nunca me sentía tan feliz como cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter crecía conmigo y, cuando llegué a la madurez, me proporcionó uno de los mayores placeres. Quienes han sentido alguna vez afecto por un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la satisfacción que se recibe. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón del que con frecuencia ha probado la falsa amistad y frágil fidelidad del hombre. Me casé joven y tuve la alegría de que mi mujer compartiera mis preferencias. Cuando advirtió que me gustaban los animales domésticos, no perdía ocasión para proporcionarme los más agradables. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un mono pequeño y un gato.
Este último era un hermoso animal, bastante grande, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Cuando se refería a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era bastante supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros eran brujas disfrazadas. No quiero decir que lo creyera en serio, y sólo menciono el asunto porque acabo de recordarla. Pluto- pues así se llamaba el gato- era mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer, y él en casa me seguía por todas partes. Incluso me resultaba difícil impedirle que siguiera mis pasos por la calle. Nuestra amistad duró varios años, en el transcurso de los cuales mi temperamento y mi carácter, por causa del demonio Intemperancia (y me pongo rojo al confesarlo), se habían alterado radicalmente. Día a día me fui volviendo más irritable, malhumorado e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a usar palabras duras con mi mujer, y terminé recurriendo a la violencia física. Por supuesto, mis favoritos sintieron también el cambio de mi carácter.
No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Sin embargo, hacia Pluto sentía el suficiente respeto como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro, cuando, por casualidad o por afecto, se cruzaban en mi camino. Pero mi enfermedad empeoraba- pues, ¿qué enfermedad se puede comparar con el alcohol?-, y al fin incluso Pluto, que ya empezaba a ser viejo y, por tanto, irritable, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor. Una noche en que volvía a casa completamente borracho, después de una de mis correrías por el centro de la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo agarré y, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al instante se apoderó de mí una furia de diablos y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separaba de un golpe del cuerpo; y una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Saqué del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras seguía sujetando al pobre animal por el pescuezo y deliberadamente le saqué un ojo. Me pongo más rojo que un tomate, siento vergüenza, tiemblo mientras escribo tan reprochable atrocidad.
Cuando me volvió la razón con la mañana, cuando el sueño hubo disipado los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen del que era culpable, pero sólo era un sentimiento débil y equívoco, y no llegó a tocar mi alma. Otra vez me hundí en los excesos y pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido. El gato mientras tanto mejoraba lentamente. La cuenca del ojo perdido presentaba un horrible aspecto, pero el animal parecía que ya no sufría. Se paseaba, como de costumbre, por la casa; aunque, como se puede imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba bastante de mi antigua forma de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que una vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento pronto cedió paso a la irritación. Y entonces se presentó, para mi derrota final e irrevocable, el espíritu de la PERVERSIDAD. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu. Sin embargo, estoy tan seguro de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano… una de las facultades primarias indivisibles, uno de los sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en los momentos en que cometía una acción estúpida o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que nos enfrenta con el sentido común, a transgredir lo que constituye la Ley por el simple hecho de serlo (existir)? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y ese insondable anhelo que tenía el alma de vejarse a sí misma, de violentar su naturaleza, de hacer el mal por el mal mismo, me empujó a continuar y finalmente a consumar el suplicio que había infligido al inocente animal.
La noche del día en que cometí ese acto cruel me despertaron gritos de «¡Fuego!» La ropa de mi cama era una llama, y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar del incendio mi mujer, un criado y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento no me quedó más remedio que resignarme. No caeré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y la acción criminal que cometí. Simplemente me limito a detallar una cadena de hechos, y no quiero dejar suelto ningún eslabón. Al día siguiente del incendio visité las ruinas. Todas las paredes, salvo una, se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio, de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual antes se apoyaba la cabecera de mi cama. El yeso del tabique había aguantado la acción del fuego, algo que atribuí a su reciente aplicación. Una apretada muchedumbre se había reunido alrededor de esta pared y varias personas parecían examinar parte de la misma atenta y minuciosamente. Las palabras «¡extraño!, ¡curioso!» y otras parecidas despertaron mi curiosidad. Al acercarme más vi que en la blanca superficie, grabada en bajorrelieve, aparecía la figura de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente extraordinaria. Había una cuerda alrededor del pescuezo del animal. Al descubrir esta aparición-ya que no podía considerarla otra cosa- el asombro y el terror me dominaron. Pero la reflexión vino en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín colindante con la casa. Cuando se produjo la alarma del incendio, la gente invadió inmediatamente el jardín: alguien debió cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda habían tratado así de despertarse. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el yeso recién encalado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que ahora veía. Aunque, con estas explicaciones, quedó satisfecha mi razón, pero no mi conciencia, sobre el asombroso hecho que acabo de describir, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe, que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué incluso a lamentar la pérdida del gato y a buscar, en los sucios antros que habitualmente frecuentaba, otro animal de la misma especie y de apariencia parecida, que pudiera ocupar su lugar.
Una noche, medio borracho, me encontraba en una taberna pestilente, y me llamó la atención algo negro posado en uno de los grandes toneles de ginebra, que constituían el principal mobiliario del lugar. Durante unos minutos había estado mirando fijamente ese tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra de encima. Me acerqué a él y lo toqué con la mano. Era un gato negro, un gato muy grande, tan grande como Pluto y exactamente igual a éste, salvo en un detalle. Pluto no tenía ni un pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una mancha blanca, tan grande como indefinida, que le cubría casi todo el pecho. Al acariciarlo, se levantó en seguida, empezó a ronronear con fuerza, se restregó contra mi mano y pareció encantado de mis cuitas. Había encontrado al animal que estaba buscando. Inmediatamente propuse comprárselo al tabernero, pero me contestó que no era suyo, y que no lo había visto nunca antes ni sabía nada del gato. Seguí acariciando al gato y, cuando iba a irme a casa, el animal se mostró dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, parándome una y otra vez para agacharme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró en seguida y pronto se convirtió en el gran favorito de mi mujer.
Por mi parte, pronto sentí que nacía en mí una antipatía hacia el animal. Era exactamente lo contrario de lo que yo había esperado, pero- sin que pueda justificar cómo ni por qué- su evidente afecto por mí me disgustaba y me irritaba. Lentamente tales sentimientos de disgusto y molestia se transformaron en la amargura del odio. Procuraba no encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi acto de crueldad me frenaban de maltratarlo. Durante algunas semanas no le pegué ni fue la víctima de mi violencia; pero gradualmente, muy gradualmente, llegué a sentir una inexpresable repugnancia por él y a huir en silencio de su odiosa presencia, como si fuera un brote de peste. Lo que probablemente contribuyó a aumentar mi odio hacia el animal fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Pluto, no tenía un ojo. Sin embargo, fue precisamente esta circunstancia la que le hizo más agradable a los ojos de mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que una vez fueron mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y puros. El cariño del gato hacia mí parecía aumentar en la misma proporción que mi aversión hacia él. Seguía mis pasos con una testarudez que me resultaría difícil hacer comprender al lector. Dondequiera que me sentara venía a agazaparse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, cubriéndome con sus repugnantes caricias. Si me ponía a pasear, se metía entre mis pies y así, casi, me hacía caer, o clavaba sus largas y afiladas garras en mi ropa y de esa forma trepaba hasta mi pecho. En esos momentos, aunque deseaba hacerlo desaparecer de un golpe, me sentía completamente paralizado por el recuerdo de mi crimen anterior, pero sobre todo- y quiero confesarlo aquí- por un terrible temor al animal.
Aquel temor no era exactamente miedo a un mal físico, y, sin embargo, no sabría definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de admitir- sí, aun en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de admitir que el terror, el horror que me causaba aquel animal, era alimentado por una de las más insensatas quimeras que fuera posible concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha de pelo blanco, de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre este extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque era grande, había sido al principio muy indefinida, pero, gradualmente, de forma casi imperceptible mi razón tuvo que luchar durante largo tiempo para rechazarla como imaginaria, la mancha iba adquiriendo una rigurosa nitidez en sus contornos. Ahora ya representaba algo que me hace temblar cuando lo nombro- y por eso odiaba, temía y me habría librado del monstruo si me hubiese atrevido a hacerlo-; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra… ¡la imagen del PATÍBULO! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!
Y entonces me sentí más miserable que todas las miserias del mundo juntas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante yo había destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir esa angustia tan insoportable sobre mí, un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del descanso! De día, ese animal no me dejaba ni un instante solo; y de noche, me despertaba sobresaltado por sueños horrorosos sintiendo el ardiente aliento de aquella cosa en mi rostro y su enorme pesoencarnada pesadilla que no podía quitarme de encima- apoyado eternamente sobre mi corazón. Bajo la opresión de estos tormentos, sucumbió todo lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban de mi intimidad; los más retorcidos, los más perversos pensamientos. La tristeza habitual de mi mal humor terminó convirtiéndose en aborrecimiento de todo lo que estaba a mi alrededor y de toda la humanidad; y mi mujer, que no se quejaba de nada, llegó a ser la más habitual y paciente víctima de las repentinas y frecuentes explosiones incontroladas de furia a las que me abandonaba.
Un día, por una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió escaleras abajo y casi me hizo caer de cabeza, por lo que me desesperé casi hasta volverme loco. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los temores infantiles que hasta entonces habían detenido mi mano, lancé un golpe que hubiera causado la muerte instantánea del animal si lo hubiera alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo el golpe. Su intervención me llenó de una rabia más que demoníaca; me solté de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Cayó muerta a mis pies, sin un quejido.
Consumado el horrible asesinato, me dediqué urgentemente y a sangre fría a la tarea de ocultar el cuerpo. Sabía que no podía sacarlo de casa, ni de día ni de noche, sin correr el riesgo de que los vecinos me vieran. Se me ocurrieron varias ideas. Por un momento pensé descuartizar el cadáver y quemarlo a trozos. Después se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Luego consideré si no convenía arrojarlo al pozo del patio, o meterlo en una caja, como si fueran mercancías, y, con los trámites normales, y llamar a un mozo de cuerda para que lo retirase de la casa. Por fin, di con lo que me pareció el mejor recurso. Decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se cuenta que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas. El sótano se prestaba bien para este propósito. Las paredes eran de un material poco resistente, y estaban recién encaladas con una capa de yeso que la humedad del ambiente no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes había un saliente, una falsa chimenea, que se había rellenado de forma que se pareciera al resto del sótano. Sin ningún género de dudas se podían quitar fácilmente los ladrillos de esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de forma que ninguna mirada pudiera descubrir nada sospechoso. No me equivocaba en mis cálculos. Con una palanca saqué fácilmente los ladrillos y, después de colocar con cuidado el cuerpo contra la pared interior, lo mantuve en esa posición mientras colocaba de nuevo los ladrillos en su forma original Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé con precaución un yeso que no se distinguía del anterior, y revoqué cuidadosamente el enladrillado. Terminada la tarea, me sentí satisfecho de que todo hubiera quedado bien.
La pared no mostraba la menor señal de haber sido alterada. Recogí del suelo los cascotes más pequeños. Y triunfante miré alrededor y me dije: «Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano»
El paso siguiente consistió en buscar a la bestia que había causado tanta desgracia; pues por fin me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera aparecido ante mí, habría quedado sellado su destino, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no se me pasara mi mal humor. Es imposible describir, ni imaginar el profundo y feliz sentimiento de alivio que la ausencia del odiado animal trajo a mi pecho. No apareció aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, incluso con el peso del asesinato en mi alma. Pasaron el segundo y el tercer día y no volvía mi atormentador. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡El monstruo aterrorizado había huido de casa para siempre! ¡No volvería a verlo! Grande era mi felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba poco. Se hicieron algunas investigaciones, a las que me costó mucho contestar. Incluso registraron la casa, pero naturalmente no se descubrió nada. Consideraba que me había asegurado mi felicidad futura. Al cuarto día, después del asesinato, un grupo de policías entró en la casa intempestivamente y procedió otra vez a una rigurosa inspección. Seguro de que mi escondite era inescrutable, no sentí la menor inquietud. Los agentes me pidieron que los acompañara en su registro. No dejaron ningún rincón ni escondrijo sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez bajaron al sótano. No me temblaba ni un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente como el de quien duerme en la inocencia. Me paseaba de un lado a otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho e iba tranquilamente de acá para allá. Los policías quedaron totalmente satisfechos y se disponían a marcharse. El júbilo de mi corazón era demasiado fuerte para ser reprimido. Ardía en deseos de decirles, al menos, una palabra como prueba de triunfo y de asegurar doblemente su certidumbre sobre mi inocencia.
-Caballeros- dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Por cierto, caballeros, esta casa esta muy bien construida… (En mi rabioso deseo de decir algo con naturalidad, no me daba cuenta de mis palabras.). Repito que es una casa excelentemente construida. Estas paredes… ¿ya se van ustedes, caballeros?… estas paredes son de gran solidez.
Y entonces, empujado por el frenesí de mis bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared de ladrillo tras la cual estaba el cadáver de la esposa de mi alma. ¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes, y una voz me contestó desde dentro de la tumba. Un quejido, ahogado y entrecortado al principio, como el sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo grito, completamente anormal e inhumano, un aullido, un alarido quejumbroso, mezcla de horror y de triunfo, como sólo puede surgir en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios gozosos en la condenación. Hablar de lo que pensé en ese momento es una locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared de enfrente. Por un instante el grupo de hombres de la escalera se quedó paralizado por el espantoso terror. Luego, una docena de robustos brazos atacó la pared, que cayó de un golpe. El cadáver, ya corrompido y cubierto de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había llevado al asesinato y cuya voz delatora me entregaba ahora al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!
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¡Es verdad! Soy muy nervioso, horrorosamente nervioso, siempre lo fui, pero, ¿por qué pretendéis que esté loco? La enfermedad ha aguzado mis sentidos, sin destruirlos ni embotarlos. Tenía el oído muy fino; ninguno le igualaba; he escuchado todas las cosas del cielo y de la tierra, y no pocas del infierno. ¿Cómo he de estar loco? ¡Atención! Ahora veréis con qué sano juicio y con qué calma puedo referirles toda la historia.
Me es imposible decir cómo se me ocurrió primeramente la idea; pero una vez concebida, no pude desecharla ni de noche ni de día. No me proponía objeto alguno ni me dejaba llevar de una pasión. Amaba al buen anciano, pues jamás me había hecho daño alguno, ni menos insultado; no envidiaba su oro; pero tenía en sí algo desagradable. ¡Era uno de sus ojos, sí, esto es! Se asemejaba al de un buitre y tenía el color azul pálido. Cada vez que este ojo fijaba en mí su mirada, se me helaba la sangre en las venas; y lentamente, por grados, comenzó a germinar en mi cerebro la idea de arrancar la vida al viejo, a fin de librarme para siempre de aquel ojo que me molestaba. ¡He aquí el quid! Me creéis loco; pero advertid que los locos no razonan. ¡Su hubierais visto con qué buen juicio procedí, con qué tacto y previsión y con qué disimulo puse manos a la obra! Nunca había sido tan amable con el viejo como durante la semana que precedió al asesinato.
Todas las noches, a eso de las doce, levantaba el picaporte de la puerta y la abría; pero, ¡qué suavemente! Y cuando quedaba bastante espacio para pasar la cabeza, introducía una linterna sorda bien cerrada, para que no filtrase ninguna luz, y alargaba el cuello. ¡Oh! Os hubierais reído al ver con qué cuidado procedía. Movía lentamente la cabeza, muy poco a poco, para no perturbar el sueño del viejo, y necesitaba al menos una hora para adelantarla lo suficiente a fin de ver al hombre echado en su cama. ¡Ah! Un loco no habría sido tan prudente. Y cuando mi cabeza estaba dentro de la habitación, levantaba la linterna con sumo cuidado, ¡oh, con qué cuidado, con qué cuidado!, porque la charnela rechinaba. No la abría más de lo suficiente para que un imperceptible rayo de luz iluminase el ojo de buitre. Hice esto durante siete largas noches, hasta las doce; pero siempre encontré el ojo cerrado y, por consiguiente, me fue imposible consumar mi obra, porque no era el viejo lo que me incomodaba, sino su maldito ojo. Todos los días, al amanecer, entraba atrevidamente en su cuarto y le hablaba con la mayor serenidad, llamándole por su nombre con tono cariñoso y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya veis, por lo dicho, que debería ser un viejo muy perspicaz para sospechar que todas las noches hasta las doce le examinaba durante su sueño.
Llegada la octava noche, procedí con más precaución aún para abrir la puerta; la aguja de un reloj se hubiera movido más rápidamente que mi mano. Mis facultades y mi sagacidad estaban más desarrolladas que nunca, y apenas podía reprimir la emoción de mi triunfo. ¡Pensar que estaba allí, abriendo la puerta poco a poco, y que él no podía ni siquiera soñar en mis actos! Esta idea me hizo reír; y tal vez el durmiente escuchó mi ligera carcajada, pues se movió de pronto en su lecho como si se despertase. Tal vez creeréis que me retiré; nada de eso; su habitación estaba negra como un pez, tan espesas eran las tinieblas, pues mi hombre había cerrado herméticamente los postigos por temor a los ladrones; y sabiendo que no podía ver la puerta entornada, seguí empujándola más, siempre más.
Había pasado ya la cabeza y estaba a punto de abrir la linterna, cuando mi pulgar se deslizó sobre el muelle con que se cerraba y el viejo se incorporó en su lecho exclamando: —¿Quién anda ahí?
Permanecí inmóvil sin contestar; durante una hora me mantuve como petrificado, y en todo este tiempo no le vi echarse de nuevo; seguía sentado y escuchando, como yo lo había hecho noches enteras. Pero he aquí que de repente oigo una especie de queja débil, y reconozco que era debida a un terror mortal; no era de dolor ni de pena, ¡oh, no! Era el ruido sordo y ahogado que se eleva del fondo de un alma poseída por el espanto. Yo conocía bien este rumor, pues muchas noches, a las doce, cuando todos dormían, lo oí producirse en mi pecho, aumentando con su eco terrible el terror que me embargaba. Por eso comprendía bien lo que el viejo experimentaba, y le compadecía, aunque la risa entreabriese mis labios. No se me ocultaba que se había mantenido despierto desde el primer ruido, cuando se revolvió en el lecho; sus temores se acrecentaron, y sin duda quiso persuadirse que no había causa para ello; mas no pudo conseguirlo. Sin duda pensó: «Eso no será más que el viento de la chimenea, o de un ratón que corre, o algún grillo que canta». El hombre se esforzó para confirmarse en estas hipótesis, pero todo fue inútil; «era inútil» porque la Muerte, que se acercaba, había pasado delante de él con su negra sombra, envolviendo en ella a su víctima; y la influencia fúnebre de esa sombra invisible era la que le hacía sentir, aunque no distinguiera ni viera nada, la presencia de mi cabeza en el cuarto. Después de esperar largo tiempo con mucha paciencia sin oírle echarse de nuevo, resolví entreabrir un poco la linterna; pero tan poco, tan poco, que casi no era nada; la abrí tan cautelosamente, que más no podía ser, hasta que al fin un solo rayo pálido, como un hilo de araña, saliendo de la abertura, se proyectó en el ojo de buitre.
Estaba abierto, muy abierto, y no me enfurecí apenas le miré; le vi con la mayor claridad, todo entero, con su color azul opaco, y cubierto con una especie de velo hediondo que heló mi sangre hasta la médula de los huesos; pero esto era lo único que veía de la cara o de la persona del anciano, pues había dirigido el rayo de luz, como por instinto, hacia el maldito ojo. ¿No os he dicho ya que lo que tomabais por locura no es sino un refinamiento de los sentidos? En aquel momento, un ruido sordo, ahogado y frecuente, semejante al que produce un reloj envuelto en algodón, hirió mis oídos; «aquel rumor», lo reconocí al punto, era el latido del corazón del anciano, y aumentó mi cólera, así como el redoble del tambor sobreexcita el valor del soldado.
Pero me contuve y permanecí inmóvil, sin respirar apenas, y esforzándome en iluminar el ojo con el rayo de luz. Al mismo tiempo, el corazón latía con mayor violencia, cada vez más precipitadamente y con más ruido. El terror del anciano «debía» ser indecible, pues aquel latido se producía con redoblada fuerza cada minuto. ¿Me escucháis atentos? Ya os he dicho que yo era nervioso, y lo soy en efecto. En medio del silencio de la noche, un silencio tan imponente como el de aquella antigua casa, aquel ruido extraño me produjo un terror indecible. Por espacio de algunos minutos me contuve aún, permaneciendo tranquilo; pero el latido subía de punto a cada instante; hasta que creí que el corazón iba a estallar, y de pronto me sobrecogió una nueva angustia: ¡Algún vecino podría oír el rumor! Había llegado la última hora del viejo:
Al fin cesó la palpitación, porque el viejo había muerto, levanté las ropas y examiné el cadáver: estaba rígido, completamente rígido; apoyé mi mano sobre el corazón, y la tuve aplicada algunos minutos; no se oía ningún latido; el hombre había dejado de existir, y su ojo desde entonces ya no me atormentaría más. Si persistís en tomarme por loco, esa creencia se desvanecerá cuando os diga qué precauciones adopté para ocultar el cadáver. La noche avanzaba, y comencé a trabajar activamente, aunque en silencio: corté la cabeza, después los brazos y por último las piernas.
En seguida arranqué tres tablas del suelo de la habitación, deposité los restos mutilados en los espacios huecos, y volví a colocar las tablas con tanta habilidad y destreza que ningún ojo humano, ni aún el «suyo», hubiera podido descubrir nada de particular. No era necesario lavar mancha alguna, gracias a la prudencia con que procedía. Un barreno la había absorbido toda. ¡Ja, ja! Terminada la operación, a eso de las cuatro de la madrugada, aún estaba tan oscuro como a medianoche. Cuando el reloj señaló la hora, llamaron a la puerta de calle, y yo bajé con la mayor calma para abrir, pues, ¿qué podía temer «ya»? Tres hombres entraron, anunciándose cortésmente como oficiales de policía; un vecino había escuchado un grito durante la noche; esto bastó para despertar sospechas, se envió un aviso a las oficinas de la policía, y los señores oficiales se presentaban para reconocer el local.
Yo sonreí, porque nada debía temer, y recibiendo cortésmente a aquellos caballeros, les dije que era yo quien había gritado en medio de mi sueño; añadí que el viejo estaba de viaje, y conduje a los oficiales por toda la casa, invitándoles a buscar, a registrar perfectamente. Al fin entré en «su» habitación y mostré sus tesoros, completamente seguros y en el mejor orden. En el entusiasmo de mi confianza ofrecí sillas a los visitantes para que descansaran un poco; mientras que yo, con la loca audacia de un triunfo completo, coloqué la mía en el sitio mismo donde yacía el cadáver de la víctima.
Los oficiales quedaron satisfechos y, convencidos por mis modales —yo estaba muy tranquilo—, se sentaron y hablaron de cosas familiares, a las que contesté alegremente; mas al poco tiempo sentí que palidecía y ansié la marcha de aquellos hombres. Me dolía la cabeza; me parecía que mis oídos zumbaban; pero los oficiales continuaban sentados, hablando sin cesar. El zumbido se pronunció más, persistiendo con mayor fuerza; me puse a charlar sin tregua para librarme de aquella sensación, pero todo fue inútil y al fin descubrí que el rumor no se producía en mis oídos.
Sin duda palidecí entonces mucho, pero hablaba todavía con más viveza, alzando la voz, lo cual no impedía que el sonido fuera en aumento. ¿Qué podía hacer yo? Era «un rumor sordo, ahogado, frecuente, muy análogo al que produciría un reloj envuelto en algodón». Respiré fatigosamente; los oficiales no oían aún. Entonces hablé más aprisa, con mayor vehemencia; pero el ruido aumentaba sin cesar.
Me levanté y comencé a discutir sobre varias nimiedades, en un diapasón muy alto y gesticulando vivamente; mas el ruido crecía. ¿Por qué «no querían» irse aquellos hombres? Aparentando que me exasperaban sus observaciones, di varias vueltas de un lado a otro de la habitación; mas el rumor iba en aumento. ¡Dios mío! ¿Qué podía hacer? La cólera me cegaba, comencé a renegar; agité la silla donde me había sentado, haciéndola rechinar sobre el suelo; pero el ruido dominaba siempre de una manera muy marcada… Y los oficiales seguían hablando, bromeaban y sonreían. ¿Sería posible que no oyesen?
¡Dios todopoderoso! ¡No, no! ¡Oían! ¡Sospechaban; lo «sabían» todo; se divertían con mi espanto! Lo creí y lo creo aún. Cualquier cosa era preferible a semejante burla; no podía soportar más tiempo aquellas hipócritas sonrisas. ¡Comprendí que era preciso gritar o morir! Y cada vez más alto, ¿lo oís? ¡Cada vez más alto, «siempre más alto»! —¡Miserables! —exclamé—. No disimuléis más tiempo; confieso el crimen. ¡Arrancad esas tablas; ahí está, ahí está! ¡Es el latido de su espantoso corazón!
En esta ocasión y festejando una de las más importantes fechas cívicas que tenemos los mexicanos, vamos a compartir la crónica de todos los hechos que se sucedieron entre la década de 1810 a 1821. Y todo comienza así…
En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, se desató una revolución social, el objetivo principal de este movimiento era que nuestro territorio se liberará del yugo español y que, en cualquier rincón de la colonia se olvidará el concepto del virreinato.
Al movimiento se le dio inició cuando el cura Don Miguel Hidalgo, convocó al pueblo de Dolores Hidalgo, a través de las campanas de su iglesia, dando “El Grito de Dolores”, para levantarse en armas en contra del dominio de los españoles ya que todo esto se debía a la desigualdad social y económica entre los principales sectores que lograron conformar la sociedad Novohispana. Los criollos no podían aspirar a mejores puestos gubernamentales, y los indígenas se encontraban en peor situación que los criollos, ya que el trabajo era arduo, extenuante y algo brutal en las encomiendas. Sin embargo quienes peor la pasaban eran los negros; su valor como seres humanos no existía, de igual manera, el impacto que tuvo la crisis de España ante la invasión Novohispana fue una de las causas internas más importantes.
El padre y el cordero de la patria.
Uno de los personajes importantes de la Independencia de México fue el General insurgente José María Morelos y Pavón, quien tomó el lugar de uno de los líderes independentistas que entregó su vida por la libertad de la patria, el mismo que al enterarse del levantamiento convocado el 16 de septiembre de 1810 por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, decidió unirse a la lucha por la Independencia de México.
Sus primeros pasos en la guerra tuvieron lugar en la zona sur del territorio novohispano, comisionado por el mismo cura Hidalgo y cuya principal función consistió en dirigir la insurrección en el Sur de la Nueva España.
El 30 de julio de 1811 Miguel Hidalgo fue fusilado en Chihuahua. Después de las derrotas insurgentes en Aculco y Guanajuato, para el cura de Dolores y su tropa llegó el desastre de la batalla del Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, Jalisco, el 17 de enero de 1811. Perdurando con la Guerra de Independencia, el 28 de octubre de 1812, el General José María Morelos y Pavón toma Orizaba, posteriormente de la muerte de Miguel Hidalgo. La derrota de Hidalgo, Allende y Aldama no constituyó el fin de una alteración , sino el inicio de un largo proceso que llevó 11 años y que a partir de aquel momento, tuvo como fin la independencia de México.
En el movimiento emancipador participaron no sólo los criollos, sino, destacadamente, mestizos e indígenas. En esta lucha, Morelos fue el encargado de convocar al Primer Congreso Independiente de Chilpancingo, debido a esto nació la Constitución de 1814, en la cual se declaraba por primera vez la Independencia de México.
La travesía de la Captura de Morelos comenzó cuando él con la finalidad de poner a salvo al Congreso de Apatzingán del constante acoso del ejército realista, decidió partir de Uruapan y trasladarse a Puebla, donde después de haber recorrido un largo camino, Morelos decidió descansar con sus tropas en Guerrero, las tropas virreinales que acampaban se enteraron, que los insurgentes seguían la ruta del río Mezcala rumbo a Tehuacán encabezados por Morelos, Nicolás Bravo y José María Lobato, quienes buscaban un refugio donde descansar. El 5 de noviembre de 1815, al amanecer, los realistas comenzaron la persecución; No obstante, los miembros del Congreso lograron escapar. El movimiento independentista se vio debilitado con la captura de José María Morelos, pues éste era uno de sus principales líderes militares. Al momento de su captura, Morelos fue inmediatamente trasladado al poblado de San Cristóbal Ecatepec, lugar en el que se le formularon tres cargos. En la tarde del primer día se realizó la etapa procesal, que consistía en la toma de declaración del reo y de su manifestación respecto a su obediencia bajo el signo del sacramento de la confesión. En su confesión, Morelos se declaró inocente de todos los cargos que se le imputaban: desde la herejía y la rebelión hasta el asesinato.
Aquel 22 de diciembre de 1815 se encontraba solo, acusado de traición al Rey y así, en cumplimiento a la orden del Virrey Félix María Calleja, el Generalísimo José María Morelos y Pavón fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec. Las palabras que dedicó a su hijo en una carta que él mismo escribió, resumieron la causa por la que luchó Morelos, quien, durante toda su vida hasta la muerte luchó por lograr unas condiciones de vida más justas y favorables de la población, eliminando el yugo de los españoles y defendiendo la soberanía nacional mexicana. Con la muerte de Morelos la lucha por la independencia entró en uno de sus momentos más complicados, ya que se caracterizó por la resistencia y las pequeñas guerrillas que sobrevivieron para hacerle frente a las tropas realistas. Asimismo, tras la muerte de Morelos se dio una etapa de decadencia del ejército insurgente, durante los años 1815-1820, luego de la muerte de Morelos, sólo algunos insurrectos resistieron aisladamente, como Pedro Moreno y el padre Torres, en el centro, y Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria en el sur, pero éstos tuvieron que cambiar de táctica militar para adoptar la guerra de guerrillas.
En definitiva, en 1820 el virrey Juan Ruiz de Apodaca proclamó la ley de perdón y olvido, con el fin de impedir traición a la corona y lograr la paz con los insurgentes, pero esto no sucedió. En ese mismo año, se obligó a Fernando VII, rey español a restaurar la Constitución de Cádiz, obligando a su virrey en Nueva España a jurarla, para ello, el Clero Novohispano buscó mantener sus propiedades, y a través de una conspiración, con los altos mandos de la Nueva España, principalmente el ejército, se dio la Conspiración de Profesa, donde decidieron unirse a la causa de la Independencia y así conservar sus derechos.
Pasando a una etapa de consumación en el año 1821, después de ser nombrado Comandante General del sur, por el virrey Apodaca, Iturbide, convenció a los insurgentes de reunirse y establecer una unión entre ambos ejércitos, con el fin de lograr la libertad de la nación y mantener sus derechos como criollo. Para el 10 de febrero de 1821, sucedió el Abrazo de Acatempan. Los dos ejércitos se unen y forman el ejército trigarante, que buscó defender las 3 garantías: Religión, Independencia y Unión. Después de llegar a acuerdos, decidieron dar a conocer el Plan de Iguala, proclamando la independencia de México.
Posteriormente en agosto, llegó el último virrey español, Juan O’ Donojú, para intentar hacer alianzas y recuperar la nueva España, pero al reunirse el 24 de agosto con Iturbide, sucedió lo contrario y se vio obligado a firmar los Tratados de Córdoba, en donde se reconoció la Independencia de México por parte de España.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1821, entra pacíficamente a la Ciudad de México el ejército Trigarante señalando la consumación de la independencia.
Tan – Tan.
Valentina Zarai Bárcenas Rodríguez.
Mexico famous landmarks skyline. Vector illustration
Los apuntes bonitos se han convertido en la tendencia más cool entre los jóvenes estudiantes, hacer notas aburridas y planas ha quedado atrás y cada vez es más común utilizar marcadores en diferentes colores para resaltar títulos interesantes. Por otro lado, si en las clases de matemáticas se dedican a entender los procesos numéricos y en ciencias se dedican al estudio de los comportamientos dentro de los fenómenos científicos, pues en un Taller de Lectura y Redacción debemos aprender cuáles son las reglas de uso de las palabras y ¿por qué no? encontrar dentro de esta asignatura una oportunidad para mejorar los apuntes de estudio. ¿Cómo podemos mejorar nuestros apuntes para que luzcan geniales?, ahora mismo te lo decimos.
Como todo aquello que se vuelve moda, las tareas bonitas han recibido un nuevo nombre: Studygram, que según expertos en la materia, este nombre describe la nueva tendencia de publicar distintos resúmenes de materias llenas de colores y dibujos, destacando partes importantes del resumen con etiquetas o signos llamativos, siendo justamente Instagram quien hizo virales este tipo de apuntes.
¿Cuáles son las ventajas de elaborar apuntes creativos?
Son perfectos para estudiar.
Gracias a que las notas bonitas rescatan parte de nuestra creatividad, al ir elaborándolas podemos procesar la información y comprender mucho mejor un tema.
Siempre te sentirás motivado para volver a ellos.
Este tipo de apuntes, gracias a la estética que ofrecen y la inspiración que nos confiere el estar elaborándolos nos motiva no solo a estudiar, sino también a terminar mucho más rápido nuestras tareas. Ver la información tan ordenada, hace que la hora de las tareas sea mucho más placentera.
¿Qué necesito para que mis apuntes se vean bonitos?
Estudiar con apuntes bien elaborados, con una estructura llamativa y un plus de colores, nos permitirá ir a otro nivel, concentrarnos mejor en cada tema y aprender absolutamente todo, sobre cada tema. Sin embargo, necesitarás elegir los materiales adecuados para que puedas elaborar este tipo de notas, pero tranquilos, pues ahora mismo les decimos qué necesitan para que sus apuntes se vean bonitos.
Te recomiendo en este punto tomarte las cosas mas a la ligera, pues si bien, las notas bonitas por lo general utilizan un sin fin de colores y destacan por la infinita gama de formas que ofrece la caligrafía, sin embargo, te sugiero ir mejorando tu kit básico para Apuntes bonitos conforme vayas practicando, ahora mismo te anexo que necesitas tener a la mano si te has preguntado: ¿Qué necesito para que mis apuntes se vean bonitos?
Pluma negra con punta delgada, ya sea de gel o de estilografo.
Marcadores de punto fino.
Marcatexto.
Borrador.
Notas adhesivas o posticks.
Lápiz o lapicero.
Abecedarios bonitos
Pero además de las plumas y plumones no olvides que cuando no se es experto en el tema de las notas bonitas, tu mejor aliado para crear Títulos y subtítulos creativos será un abecedario lettering; quizás te preguntes que es este tipo de ABC, para ayudarte a comprender mejor, ahora mismo te damos un ejemplo.
¿Cómo hacer para que tus apuntes se vean bonitos?
Si tus libretas son un verdadero desastre, pon mucha atención, que después de recibir una buena dosis sobre las ventajas y los materiales que necesitas para crear tareas creativas, ha llegado el momento de conocer cómo lograrlas paso a paso. Desde títulos, hasta separaciones Kawaii, resaltando cada detalle y agregando dibujos para hacer más llamativas tus notas, son parte de los detalles que no podrán faltar para que tus notas luzcan super cool.
Elige títulos bonitos y fáciles.
¡Siempre!, como uno de los mejores consejos para que tus apuntes luzcan bonitos tendrás que crear una nota llamativa desde el principio, para lograrlo, te recomiendo utilizar alguna de las plantillas de abecedario lettering que anexamos en el apartado anterior.
Separa cada tema de tu apunte con líneas Kawaii.
¿Fan de todo lo Kawaii?, ¿o simplemente no tienes ni idea a qué se refiere este término? Kawaii es un adjetivo de origen Japonés que en español puede traducirse como algo «bonito» o «lleno de ternura». Para elaborar apuntes bonitos, podríamos decir que los separadores Kawaii son esas líneas que le confieren una apariencia única al escrito.
Banderines y dibujos en tus apuntes no pueden faltar.
La creatividad es la inteligencia divirtiéndose y cuando se trata de hacer que tus notas luzcan creativas puedes divertirte todo lo que quieras. Hay un punto clave para lograr alcanzar el éxito creativo en nuestros objetivos y es agregando banderines o dibujos en cada párrafo o punto para darle un estilo único al apunte.
Katia Heredia Arredondo
Juega con tus textos y ordena por cuadros la información.
Nunca uses un solo renglón para anotar todo el contenido, pues los apuntes tomarán un aspecto plano y aburrido. Toma en cuenta que una de las ventajas que ofrece el hacer apunte bonitos es justamente lo fácil que es estudiar con ellos, pero si escribes en horizontal y cubres todos los renglones será mucho más difícil estudiar.
Aprender cómo hacer apuntes bonitos en la libreta no es tan complicado como pareciera, básicamente debes saber organizar la información y destacar puntos importantes, utilizando subtemas y banderines para recalcar cada uno de estos.
Te recomiendo jugar con tus textos, agregar colores, separar los temas por cuadrantes, añadir mapas conceptuales, usar plumas y plumones de distintos colores que te ayuden a identificar cada tema y personalizar tus notas, pero además no temas a añadir nuevos materiales a tus notas, como papel en diferentes texturas que le confiera un aspecto de collage a tus notas.
Inaya G. Herrera Navarrete
Puedes incluso romper un poco de tus libretas de cuadro y añadirlas a los apuntes de TLR (Taller de Lectura y Redacción), literatura o español, esto para darle un nuevo look a las notas, creando un efecto contraste entre las líneas y los cuadros. Las viñetas y los banderines serán lo mas cool para resaltar subtemas.
Entre un cuadrante y otro deja un espacio considerable, juega con la posición del texto y de las imágenes, utiliza dibujos para resaltar partes del tema que consideras una parte central de lo que estás estudiando. Combina un tono de la misma paleta cromática, creando un efecto difuminado.
Haz dibujos en tus apuntes.
Agrega dibujos a tus apuntes, son perfectos para entender mejor las notas y por si fuera poco, agilizan tu memoria, por lo que recordarás mucho más fácil un tema a la hora de revisar tus apuntes, si estos tienen ilustraciones. Lo mejor de todo es que no tienes que ser experta o experto para añadirlos, recuerda que la creatividad será tu máxima aliada al momento de crear tus notas.
Atziri Navarro Noriega
Lo mejor del dibujo es que puede convertirse en una expresión viva del color, así que al momento de decorar apuntes tendrás que añadir todo tipo de colores vivos para resaltar no solo parte del texto, sino también aquellas imágenes que usarás como complemento del tema que estás viendo.
Además elaborar dibujos en tus notas te ayudará a jamás confundirte y entender bien lo que estés estudiando. No olvides que tus dibujos deben expresar el tema que estás elaborando y aún cuando pareciera imposible, incluso para aprender matemáticos, los dibujos en tus notas pueden convertirse en tus mejores aliados.
Usa pegatinas o focos para resaltar puntos importantes.
Siempre busca resaltar puntos importantes en tus notas, utilizando desde pegatinas, notas adhesivas o dibujos de focos, con la finalidad de ubicar fácilmente este tipo de notas. Lo mejor de todo, es que con este tip, tus apuntes no solo lucirán organizados, sino también super cool.
Nunca dejes de colorear.
Y de nuevo… Nunca olvides darle mucho color a tus notas, hacer que luzcan expresivas, divertidas y alegres, que marquen siempre parte de tu personalidad y que integren el arte con el estudio. Juega en los colores ya sea sobre el título, los subtemas, partes importantes de la redacción y al incluir colores.
Nicole Salazar Sánchez
10 Fáciles ideas para tener apuntes bonitos, creativos y perfectos.
Finalmente, vamos a complementar un poco algunos detalles pendientes, algunos «tips» y vamos a ofrecerte también un breve resumen de este BLOG, para que después de leerlo puedas tener un prontuario y que mejor manera que darte diez puntos y son los siguientes:
1. Haz títulos bonitos y llamativos.
El título es lo más importante en tus apuntes, por eso debe ser el más llamativo y fácil de distinguir. Además, te ayudará a encontrar fácilmente el tema que tengas que estudiar o repasar.
2. Usa «Doodles» (Lineas) para separar temas.
Después de cada tema usa diferentes “doodles” o divisores para separar. Así cuando decidas buscar un tema en específico estos te ayudarán a localizarlos fácilmente. Si buscas ideas para apuntes puedes ir a pinterest y te saldrán varios diseños.
3. Agrega dibujos a tus apuntes bonitos.
Para entender mejor los apuntes siempre es buena idea hacer dibujos relacionados al tema, te ayudará a memorizar con mayor facilidad. Además, puedes colorear y tendrás unos apuntes bonitos, super alegres y coloridos.
4. Usa Banners.
Los banners te ayudarán a resaltar los títulos o notas que son de mayor importancia. Además, hay infinidad de banners que puedes utilizar con diferentes propósitos para hacer tus apuntes organizados.
5. Usa diferentes texturas de papel cortado al estilo collage.
Una de las tendencias más actuales en apuntes es usar diferentes texturas de papel, como el papel kraft roto de esta imagen. Se ve hermoso, no es difícil de hacer y le dará el toque extra a tus notas. Aprovecha el estilo collage con estos recortes de papel.
6. Usa plumas o plumones de diferentes colores.
Tener tus apuntes con diferentes colores te ayuda a identificar cada tema o para resaltar lo más importante. También para uso de diario personal debes tener un “mood tracker” para apuntes creativos.
7. Mezcla tipografías para apuntes bonitos.
Experimenta con diferentes tipos de letra y tendrás unos apuntes super dinámicos y con un sello de personalidad. También, es muy parecida la idea de los títulos llamativos. usa diferentes tipografías o letras y al instante serán apuntes bonitos.
8. Agrega notas adhesivas o washi tape.
Con ayuda de notas adhesivas o washi tape puedes resaltar notas importantes, que serán muy fácil de encontrar. Con este consejo sí que serán apuntes organizados. Además se verán muy coloridos y super llamativos.
9. Pon mapas mentales para apuntes organizados.
Una manera de tener tus notas organizadas y una forma para aprender fácilmente sobre un tema es hacer mapas mentales. Además, es un resumen de lo más importante y con algunos dibujos para mejor guía de estudio. Te recomiendo mucho usar mapas mentales para hacer apuntes organizados y poder estudiar mejor.
10. Agrega imágenes sobre el tema.
Un poco al estilo smash book, las fotos ayudan a recordar fácilmente sobre un tema. Además, tus apuntes bonitos se verán super llamativos.
Espero que te sirvan todos estos consejos y sobre todo espero que te animes a llevarlos a cabo. De esta forma comenzamos este nuevo ciclo escolar y deseo que sea para ti uno de los mejores en tu vida. Muchas gracias por acudir a este espacio, aquí te veo en la próxima publicación.
Todos sabemos que los primeros años y etapas de nuestras vidas son sumamente importantes para nuestro desarrollo y por lo tanto, para la manera en que aprendemos a comportarnos en el mundo; ¿pero, alguna vez te has preguntado hasta dónde llegan las consecuencias de lo que experimentamos de niños y durante nuestra adolescencia?
En este ensayo me interesa hablar de una de estas consecuencias en particular y profundizar en ella con el objetivo de lograr comprender de dónde surgen ciertas tendencias afectivas de los seres humanos.
Me refiero al apego emocional como consecuencia de las heridas que se les infligieron a temprana edad a muchas personas.
Primero es necesario analizar los vínculos afectivos, con el fin de descubrir cómo, por qué y en qué momento llevan al apego emocional, o si al menos, guardan una relación entre ellos.
Desde nuestros primeros momentos de vida los seres humanos desarrollamos un vínculo afectivo entre nosotros y nuestros padres (o tutores). Estos vínculos nos generan sensaciones de pertenencia y seguridad, lo que implica que desde pequeños poseemos la tranquilidad de explorar nuestros alrededores y además relacionarnos con otros seres humanos bajo la seguridad de que alguien siempre está allí para cuidarnos. Es ésta una de las razones por las que considero que la forma en que desarrollamos vínculos afectivos con nuestros cuidadores es un factor no necesariamente determinante, pero sí esencial para la formación de nuestra personalidad y carácter. Sin embargo, ¿qué sucede cuando un niño no recibe esta sensación de protección y seguridad de la mejor manera, o en el peor de los casos, no lo recibe? La falta de este aspecto tan importante en nuestras vidas puede afectar nuestro desarrollo, impacta en la formación de nuestra personalidad y aún más importante: influye la manera en que creamos vínculos con otras personas al crecer y en la vida adulta.
Nuestros mayores, nuestra familia, tienen la responsabilidad no sólo de brindarnos las necesidades básicas para sobrevivir, sino también de ocuparse de nuestro desarrollo emocional, social y mental, un niño necesita recibir atención, cariño, protección y ser brindado de seguridad y estabilidad. A mi parecer, los niños deben recibir un trato que apoye la formación de su autoestima y autoconfianza, sin embargo, no debe olvidarse que otro aspecto esencial en su desarrollo es su educación y eso implica otro tipo de formación: una dirigida a tener valores y responsabilidad social; siempre teniendo cuidado de que en esta educación moral no se ejerza violencia física o emocional sobre ellos.
Y aunque esto es lo adecuado para nuestra vida temprana, la gran mayoría de veces esta educación idealmente sana no es otorgada por los padres. Esto suele ser por una ideología social sobre cómo se debe educar a los niños: aquí en México, por ejemplo, es de lo más común ver a padres que pretenden educar a sus hijos a base de golpes e insultos; afectando directamente su percepción sobre sí mismos y además dañando este vínculo de seguridad del que hablé previamente. O bien, llega a suceder que se repiten los mismos traumas de la infancia que tienen nuestros padres, gracias al trato que les dieron nuestros abuelos y así una cadena que se ha ido formando sucesivamente a través de los años.
A lo que me interesa llegar, es que muchos niños y no sólo en México, desarrollan vínculos “dañados” con sus familiares mas cercanos puesto que reciben violencia, insultos, burlas y muchas veces, la falta de atención, cariño y tiempo que un niño necesita. Por ejemplo, muchos no ven a sus padres el tiempo adecuado puesto que tienen demasiado trabajo, otros tienen padres con vicios, y existen otros que tienen padres que simplemente no brindan esta disponibilidad emocional a pesar de estar “presentes”; provocando que los niños no se sientan con la seguridad de contarles cosas a sus padres puesto que en lugar de consejos o una buena conversación reciben gritos, o muchas veces incluso ni siquiera son escuchados. Existen padres que tienden a ignorar o a minimizar los sentimientos de sus hijos, así como sus experiencias y puntos de vista.
Cuando esta figura que en teoría debería ser la que nos hace sentir seguros, no nos brinda confianza ni escucha todo lo que tenemos que decirle o contarle, nuestro vínculo con ellos se ve directamente dañado, pues de cierta manera, perdemos ese sentido de pertenencia, confianza y protección que solíamos sentir o deberíamos tener.
¿A qué quiero llegar? ¿Por qué aseguro que esto afecta a los vínculos y relaciones que crean las personas en su vida adulta?
Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: cuando una persona no recibe este sentimiento de seguridad tan mencionado en las primeras relaciones o en las más importantes que tiene en su vida, no sólo se ve el impacto en su manera de ser y en su comportamiento, sino que también muchas de estas personas suelen buscar inconscientemente llenar esta falta que han tenido durante mucho tiempo.
Me atrevo a plantear que generalmente buscamos crear vínculos similares a los que hemos conocido toda nuestra vida. Con base en mi experiencia y lo que he logrado observar en otras personas, considero que existe un por qué detrás de esta tendencia y para explicarlo me gustaría introducir los siguientes puntos: como he dicho anteriormente, los humanos de cierta manera buscamos seguridad y tranquilidad con el objetivo de alcanzar o en dado caso mantener nuestro bienestar. E incluso teniendo en cuenta que cada persona tiene diferentes percepciones de lo que es el bienestar y la felicidad, además de la manera de alcanzar ambas, considero que de cierta manera muchos llegamos a compartir un punto de vista en común: preferimos evitar lo que nos hace sentir mal o en peligro.
¿Qué relación tiene lo anterior con buscar y crear vínculos similares a los que se tuvieron en el pasado?
Como mencioné, considero que los seres humanos siempre buscamos nuestro bienestar y tranquilidad, y es posible que encontremos tranquilidad al mantenernos en un “entorno” que ya conocemos. Demasiadas veces nos asusta lo desconocido puesto que implica salir de nuestra “zona de confort”, descubrir nuevas cosas y experimentar nuevas situaciones que pueden brindarnos ya sea alegría o dolor, pero siempre un sentimiento de incertidumbre. Y ya que no tenemos manera de predecir las sensaciones que tendremos en nuevos entornos, considero que tendemos a huir de lo que desconocemos. Dicho de otra forma, pienso que de cierta manera lo “conocido” nos brinda una sensación de seguridad, pues es algo en lo que ya tenemos cierta experiencia. Por ejemplo, para nosotros siempre será preferible transitar por calles que ya conocemos antes que vernos en la situación de estar en una ciudad completamente desconocida. Pienso que lo mismo sucede respecto a las relaciones que tenemos con las personas.
Cuando somos tratados de determinada manera durante mucho tiempo nos adaptamos a ese trato y a la manera de vivir con ello, entonces, al momento de conocer a nuevas personas, es muy posible que nos quedemos con alguien que nos brinde el mismo trato. Es decir, si en el pasado se tuvieron relaciones afectivas basadas en la confianza, el respeto y el apoyo mutuo, es normal que en un futuro se busquen vínculos muy parecidos, puesto que ya estamos acostumbrados al trato que alguien nos brindó. Por ejemplo, si se tuvo un vínculo sano con nuestra madre solemos buscar personas que nos puedan brindar el mismo respeto y cariño.
¿Pero qué sucede con las personas que no recibieron seguridad?
Es muy común ver que de igual manera se relacionen inconscientemente con personas que los tratan de la misma forma, un ejemplo claro de esto serían todas aquellas personas que terminan en relaciones tóxicas y además “deciden” quedarse. Lo pongo entre comillas porque en realidad no me parece una decisión completamente consciente, debido a que la voluntad de estas personas se ve restringida por la coerción o manipulación que estas parejas o amistades tóxicas suelen ejercer sobre las víctimas.
Considero que dentro de estas situaciones se puede observar igualmente lo relativo a la búsqueda de seguridad, lo cual genera un problema: aunque parezca extremadamente contradictorio asegurar que alguien busca seguridad en una relación tóxica, lo digo porque pienso que de cierta manera la búsqueda de esta sensación está centrada en otro factor: mantenernos en nuestra “zona de confort”.
Por lo tanto, me interesa hacer los siguientes cuestionamientos: ¿por qué alguien pensaría que es más seguro quedarse dentro de lo “conocido” sabiendo que de igual manera es perjudicial? ¿No tendría mayor lógica optar por descubrir algo nuevo que podría ser mucho mejor para nosotros? ¿Por qué el criterio humano puede llegar a inclinarse por una opción mucho más irracional que la otra? Sin duda me parece una situación psicológica extremadamente complicada de comprender, sin embargo, mi primera suposición se inclina hacia el autosabotaje.
Existe otro factor que de cierta manera lleva a esta toma de decisiones perjudiciales, además de la búsqueda de seguridad; y me refiero precisamente al vínculo ideal que no se les brindó en su entorno familiar. Es decir, ¿cómo esperar que busquen algo sano y lo mejor para ellos, si nunca se les dio un ejemplo de lo que es sano dentro de una relación? Es por eso que me parece que estas heridas o traumas de la infancia pueden afectar directamente las relaciones que forjamos en un futuro.
Una vez expuestos los puntos acerca de aquellas personas que suelen buscar vínculos similares en sus relaciones (independientemente de si éstos son sanos o perjudiciales), me interesa hablar de un tercer resultado extremadamente interesante: aquellos que buscan el vínculo que no se les brindó, y que por lo tanto, a mi parecer, puede llevar al desarrollo del mencionado “apego emocional”.
Se podría decir que de cierta manera este grupo de personas busca reemplazar a la figura que les falló respecto de su vínculo. Me refiero a lo siguiente: ¿no es extremadamente común ver a adolescentes que buscan parejas que los cuiden y se preocupen por ellos de una manera más maternal/paternal que romántica?
A falta de atención emocional y de pertenencia en un entorno familiar, es muy común descubrir en estas personas que (tal vez no de manera completamente consciente) se quedan con quienes las escuchan, les dan atención y además están emocionalmente disponibles. ¿Esto a qué nos lleva entonces? Este grupo de personas tiende a buscar a alguien que tenga la capacidad de brindarles cierta sensación de seguridad, protección y pertenencia. Esto puede suceder de muchas maneras y por distintas razones, tal vez algunos reciben validación y cumplidos, mientras otros se sienten protegidos y con la confianza suficiente de contar con ellos para cualquier cosa.
¿Qué relación tiene eso con el “apego emocional”?
Se podría decir que el afecto que se desarrolla por los demás puede estar relacionado a la búsqueda de seguridad, protección y bienestar con una persona o un círculo de personas. En caso de que el vínculo afectivo se desarrolle de la manera adecuada en el núcleo familiar, el individuo en teoría debería encontrarse preparado para desarrollar diversos vínculos con personas externas, de lo contrario pueden presentarse repercusiones en el comportamiento como una falta de estabilidad, miedo al abandono, dependencia, desconfianza y problemas de ira, las cuales representan a su vez obstáculos para la vinculación sana con otros individuos.
Menciono esta alternativa pues me interesa destacar que si bien es importante para la exposición de las diferentes consecuencias que puede tener el trato que se nos dio de pequeños, aún no he llegado precisamente al concepto del que me gustaría hablar.
Para llegar a comprender lo que es el “apego emocional” me parece esencial distinguirlo de otros dos conceptos que suelen confundirse; el afecto, la dependencia emocional y el “apego emocional” son diferentes, a pesar de que guardan una relación íntima entre sí. Retomando todo lo previamente expuesto, me atrevería a decir que, al menos desde una reflexión personal, el “apego emocional” se da cuando encontramos a alguien que nos ofrece el trato que anhelamos recibir y como consecuencia, desarrollamos cierto afecto hacia esta persona, de cierta manera buscamos su constante compañía para la obtención de la tan mencionada sensación de seguridad y tranquilidad.
Es importante destacar que con “apego emocional” no me refiero al afecto que podemos llegar a sentir por cualquier persona que nos rodee, pues es común sentir cariño por personas no completamente cercanas a nosotros, sino que lo veo como una especie de inclinación, estima y aprecio especial por aquel individuo que nos brinda el trato que se anhela recibir.
Tampoco sería ideal confundir el “apego emocional” con la dependencia emocional. En caso de llegar a un punto donde el individuo comienza a depender de la compañía e interacción con esta persona, y por lo tanto pone al otro frente a sus propias necesidades, es cuando considero que se le podría llamar dependencia emocional, justo como sucede en las relaciones “tóxicas”. El individuo desarrolla una baja autoestima, inseguridades, temor al abandono y a cometer errores que piensa que llevarán al alejamiento entre ambos, lo cual tiene como consecuencia que no respondan ante la manipulación y la violencia física, psicológica y sexual ejercida sobre ellos.
Sin duda todo lo que experimentamos en nuestra niñez es un factor esencial para nuestra formación, sin embargo, no me parece que sea necesariamente el único factor que influye en nosotros, pues también nuestras experiencias, la educación en cualquier etapa de nuestra vida y muchos otros factores más nos forman como personas.
El trasfondo de algunas de las tendencias que presentamos los seres humanos respecto a nuestras relaciones es demasiado complejo de comprender, pues el comportamiento humano respecto a este campo de nuestras vidas se ve influido por diversos factores y por cientos de posibilidades ya que ninguna persona experimenta las cosas de la misma manera.
Pero a partir de la reflexión realizada en este ensayo, podría llegar a la siguiente conclusión: el “apego emocional” puede verse como un resultado común de la vinculación afectiva que se dio con nuestros cuidadores. Independientemente de todas las posibilidades antes presentadas, es decir, de si se presenta el desarrollo una vinculación adecuada, una “dañada” o una totalmente ausente con nuestros mayores: por lo general, buscaremos encontrar vínculos afectivos que nos brinden un sentido de pertenencia y seguridad.
La presencia del “apego emocional” no es absolutamente imperativa en todas las relaciones afectivas que desarrollamos con otros individuos, pues este no se siente hacia todas las personas que forman parte de nuestras vidas. Es decir, podemos sentir afecto hacia diferentes miembros de nuestra familia, amistades e incluso conocidos, y eso no implica una presencia de “apego emocional” necesariamente. Personalmente pienso que este mismo se da con personas específicas, normalmente aquellas que nos brindan lo que deseamos experimentar: una sensación de seguridad, pertenencia y por consecuencia, de bienestar.
No niego que muchas otras personas (como nuestras amistades) también sean capaces de brindarnos el sentimiento de estar en un ambiente seguro, pero me refiero a que algunas veces, simplemente se puede desarrollar un cariño y apego especial por aquellos que nos hacen sentir protegidos o de cierta manera podrían reemplazar una figura paternal o maternal.
El único problema es que el apego emocional (el cual no aseguro sea “bueno”, pero tampoco “malo”) puede derivar en lo que llamamos dependencia emocional, especialmente en aquellas situaciones donde existe una falta de vinculación sana a temprana edad, la cual es sin duda una cuestión extremadamente perjudicial para cualquier individuo por los problemas que se mencionaron anteriormente.
Mientras tanto, ¿qué sucede cuando el “apego emocional” no deriva en dependencia emocional? Es cuestionable que el apego emocional en sí representa algo sano para cualquier ser humano, pues tiende a surgir de heridas ocasionadas en la infancia, sin embargo, tampoco significa algo totalmente “malo”. Considero que se encuentra en un punto intermedio entre la balanza establecida, siendo los otros dos puntos que forman un equilibrio, el afecto y la dependencia emocional.
¿Esto significa que todo vínculo en el que exista la presencia de apego emocional es automáticamente insano?
Pienso que no necesariamente, y es precisamente esta cuestión lo interesante, considero que incluso aunque exista este término tan complejo dentro de una relación, este no afecta directamente el vínculo afectivo, pero tal vez sí tiene un impacto en la persona que experimenta el apego.
Finalmente, desde una reflexión personal, me atrevería a decir que el apego emocional efectivamente surge de las heridas ocasionadas en la infancia.
La importancia de la poesía radica principalmente en que nos permite ampliar nuestros horizontes. Leer poesía puede servirnos para entender mejor el mundo o para buscar nuevas formas de decir las cosas. La poesía es un espacio de revolución. En ese sentido, muchos poetas se han comprometido con su tiempo y han escrito para denunciar las injusticias y promover un cambio de actitud en los demás.
La poesía es entre los géneros literarios el que se ocupa de la belleza. En forma de verso o prosa, la poesía sirve para expresar imágenes que representan sentimientos o ideas de una forma artística. Se diferencia de la narrativa en cuanto a que en ella la forma tiene una importancia sublime.
Los temas que trata la poesía son tan diversos como lo son aquellos que trabaja la narrativa. Pueden ir desde cuestiones intimistas (experiencias personales) hasta asuntos comunes a un determinado grupo. Los temas y la forma en la que son encarados depende crucialmente del tipo de poesía al que nos enfrentamos.
Y es por eso que ahora te vamos a compartir algunos puntos necesarios para que puedas analizar un poema cada vez que te acerques a este sublime arte. Saca tu cuaderno y toma nota…
Lee el poema varias veces.
Léelo en silencio para empezar y luego léelo en voz alta. Tómate tu tiempo al leer, ya que cada palabra y verso de un poema es importante. Lee todo el poema de principio a fin como mínimo una vez y luego vuelve a leerlo pero, esta vez, hazlo en voz alta. Quizás te sorprenda la medida en la que comprendes mejor el poema después de escuchar las palabras.
Asimismo, podrías buscar en línea grabaciones de audio o video de personas leyendo el poema en voz alta. Su tono e inflexión podrían diferir un poco de los tuyos. Si puedes encontrar un clip del poeta leyendo su propio poema, ¡mejor aún!
Haz el intento de anotar tus primeras impresiones al leer (por ejemplo, la forma como el poema te haga sentir y de qué crees que se trata), así como también las preguntas que tengas al respecto.
Analiza el título.
Busca pistas en el nombre del poema en cuanto a su significado. Es probable que leas el título antes siquiera de leer el poema, pero préstale un poco más de atención después de haber leído el texto varias veces. En ocasiones, el título puede darte una pista importante en cuanto al significado más profundo del poema. Incluso puede cambiar por completo tu interpretación del poema.
Por ejemplo, podría parecer que lees un poema sobre un huevo pero, si el título es «Corazón roto», quizás te des cuenta de que trata sobre la fragilidad que siente el hablante después de una pérdida dolorosa.
Algunas veces, es posible que el poema tan solo tenga un título como «Soneto 47». Si bien quizás no parezca que te brinda mucha información, a partir de eso puedes determinar que el poema se encuentra en la forma de soneto y que conforma una serie de sonetos numerados escritos por el mismo poeta.
Escucha el ritmo del poema.
Pregúntate si el poema debe leerse con rapidez o lentitud. En algunos casos, parece que los poemas deben leerse con rapidez, con las palabras casi tropezándose unas con otras, en tanto que parece que otros poemas deben leerse con lentitud y quizás incluso con solemnidad. El ritmo formará parte del significado general del poema. Considera la forma como el ritmo te haga sentir en tu calidad de oyente.
Por ejemplo, quizás observes que el poema tiene muchos versos cortos y entrecortados, lo cual crea un ritmo irregular. O quizás observes que hay muchos versos largos que fluyen uno hacia el otro generando un ritmo más fluido.
Asimismo, la métrica del poema (o el patrón de sílabas acentuadas y sin acentuar) será un factor en el ritmo.
Como ocurre con la mayoría de las cosas en la poesía, esto puede diferir según quien lea el poema. Evita preocuparte por lo que sea correcto o incorrecto. En cambio, tan solo piensa en la forma como te parezca el poema a ti.
Observa la forma cómo el poema esté separado o dividido.
Los poemas suelen dividirse en secciones llamadas estrofas. Las estrofas suelen estar separadas por una línea omitida en un poema. Observa el poema y cuenta las estrofas. Considera la forma como se relacionen unas con otras o hagan la transición de una a otra. También considera la forma como difieran unas de otras.
Pregúntate: «¿Por qué el poeta organizaría las estrofas de este modo?» «¿Qué relación tiene la estructura del poema con su significado?».
Asimismo, los poemas pueden dividirse en secciones numeradas en lugar de estrofas.
Haz el intento de escribir un resumen corto o título para cada estrofa del poema. Esto podría serte de ayuda para ver la forma como todas encajen unas con otras en el esquema más general del poema.
Determina el esquema de rima, de haberlo.
Observa si el esquema de rima sigue un patrón determinado. Por lo general, los poemas riman al final de un verso, aunque algunos también incluyen rimas dentro de los versos. Pregúntate si el esquema de rima hace que prestes una mayor atención a determinadas palabras. ¿Esto contribuye a tu interpretación del poema? Etiqueta con una letra cada conjunto de sílabas que rimen para monitorear el esquema de rima. Por ejemplo, si el primer y el tercer verso terminan en «cosa» y «rosa», etiqueta esos versos con la letra A. Si el segundo y cuarto verso terminan en «bata» y «mata», etiquétalos con la letra B. Entonces, el esquema de rima sería «ABAB».
Si observas que se usan distintas rimas más adelante en el poema, etiquétalas con las letras C y D, y así sucesivamente.
Determinados tipos de poemas seguirán un esquema de rima establecido. Por ejemplo, una balada suele tener un esquema de rima «ABCB»
Identifica la forma del poema.
Determina la forma del poema usando el esquema de rima y la métrica. Algunos poemas se escriben en verso libre, lo que significa que no tienen forma, pero muchos siguen un patrón establecido. Algunos tipos comunes de poemas son los sonetos, las décimas, los limericks y los haikús. En ocasiones, la forma del poema te brindará pistas en cuanto a lo que el autor intentaba comunicar.
Por ejemplo, es probable que un poema de 3 versos que siga un patrón de sílabas de 5-7-5 sea un haikú.
Podrías hablar sobre que, tradicionalmente, los haikús tenían la intención de evocar una imagen o emoción vívida.
Y si son catorce versos endecasílabos seguramente se trata de un soneto.
Identifica al hablante y al público.
No olvides que el hablante no siempre es el poeta. Lee todo el poema para buscar pistas en cuanto a quién habla. Fíjate si tienes alguna impresión en cuanto a su edad, si es hombre o mujer, y cómo es su personalidad. Luego, piensa en a quién le habla. En ocasiones, podría ser a ti, el lector, pero otras veces será a una persona o grupo de personas específico.
Asimismo, pregúntate si la misma persona habla a lo largo del poema y si le habla a la misma persona en todo momento.
Por ejemplo, si estás analizando el poema «Cavando» de Seamus Heaney, quizás te des cuenta de que está en primera persona y el hablante es el único que habla en el poema. Sin embargo, el poema tiene tres personajes: el hablante, su padre y su abuelo.
Considera el tono del poema.
Pregúntate por las emociones que sientas al leerlo. La mejor forma de describir el tono del poema es como su ambiente. Considera la forma como la selección de palabras, las imágenes e incluso el ritmo del poema tienen un impacto sobre el tono. Naturalmente, aportarás algo de tu experiencia personal, por lo que no debes preocuparte si tu interpretación es distinta de la de otra persona siempre y cuando puedas respaldar tu postura con el texto.
Por ejemplo, si el poema menciona pancartas ondeantes, trompetas y desfiles, es posible que el tono sea festivo y triunfante.
Si habla sobre la nieve, los árboles desnudos y el aire inmóvil, es posible que el tono sea triste o solitario. Sin embargo, quizás también te parezca que tiene cierto aspecto romántico.
Toma en cuenta el escenario del poema.
Presta atención al lugar y momento en los que se lleva a cabo el poema. El escenario del poema puede brindarte información sobre lo que ocurra. Quizás se lleva a cabo en una determinada época o cultura y eso podría informar lo que los personajes experimentan. Asimismo, podría llevarse a cabo en una determinada estación o incluso un determinado momento del día. Todo ello puede ser importante al tratar de ahondar en el significado más profundo.
Por ejemplo, si estás leyendo un poema sobre una madre que sueña con viajar por el mundo, quizás tenga interpretaciones muy distintas si ocurre en la época moderna de las que tendría si estuviera ambientado en una época anterior o en una cultura en la que las mujeres actualmente estén oprimidas.
Considera el significado de las estaciones. Es posible que un poema ambientado en la primavera trate sobre la vida nueva y la esperanza, en tanto que un poema ambientado en el otoño podría tratar sobre la vida que se desvanece.
Asimismo, la hora del día puede tener simbolismo. Por ejemplo, la noche suele asociarse a temas como la soledad o el romance, en tanto que la mañana suele ser un momento de promesa.
Encierra en un círculo las palabras que aparezcan más de una vez en el poema.
Presta mucha atención a las palabras que se repitan. Suelen ser importantes y ser evidencia del significado más general del poema. Considera la relación que las palabras repetidas tengan con el poema en su totalidad. ¿En qué concepto hacen énfasis al mencionarlas más de una vez?
Por ejemplo, en el poema «Papi» de Sylvia Plath, quizás observes que las palabras «papi», «judío» y «tú» aparecen varias veces. Se usan de distintas formas cada vez que se mencionan, lo cual les da muchos significados distintos en el contexto del poema.
Identifica las imágenes en el poema.
Las imágenes constituyen cualquier cosa que evoca alguno de los cinco sentidos. Observa si alguna palabra o frase crea una imagen que puedes ver, oír, oler, saborear o sentir en tu mente. Estas imágenes te sirven para formar tu interpretación del poema, por lo que debes tomarte el tiempo de experimentarlas de verdad al leer. Luego, pregúntate el motivo por el cual el poeta haya elegido esas imágenes y lo que esté intentando transmitir con ellas.
Por ejemplo, si el autor menciona «nieve a la luz de la luna», en tu mente podrías imaginarte una luz tenue que destella de la nieve, sentir el aire frío de la noche e incluso oler el aroma limpio y frío de la nieve.
Luego, podrías hablar sobre la forma como estas imágenes concretas contribuyen a los temas o ideas principales del poema. Asimismo, es posible que te conmuevan emocionalmente como lector y te brinden una idea clara del punto de vista del hablante.
Identifica las metáforas y comparaciones en el poema.
Utiliza las comparaciones para obtener perspicacias sobre el tema del poema. Considera las imágenes y los personajes del poema y pregúntate qué es lo que podrían simbolizar. Es más fácil identificar las comparaciones, ya que comparan una cosa con otra usando la palabra «como». Las metáforas pueden ser más sutiles. En un poema, un búho podría simbolizar la sabiduría o un pájaro que vuela podría sugerir libertad.
Existen determinados símbolos que son comunes en la poesía (por ejemplo, una serpiente que represente traición o deshonestidad, o una flor incipiente que represente la vida y la esperanza).
Determina el tema.
El tema se enfoca en el propósito del poema. Tiene más relación con el panorama general de aquello sobre lo que trata el poema. Los temas suelen ser algo con lo que casi todos pueden identificarse aunque el poema en sí trate sobre algo muy específico o regional. Entre los temas comunes en la poesía se encuentran la vida, la muerte, el amor, el desamor, la familia, la esperanza y la soledad.
Al tratar de determinar el tema, considera la forma como todo en el poema (incluyendo el tono, el escenario, el hablante y las imágenes) está interconectado.
Por ejemplo, en el poema «Cavando» de Heaney, el hablante aborda las distintas formas en las que su familia trabaja. El hablante trabaja con lápiz y papel para cavar buscando verdad y supervivencia, en tanto que su familia cavaba la tierra para obtener papas para comer y vivir. El poema explora temas como «la familia», «la supervivencia» y «la expresión individual».
Lee más sobre la vida y la obra del poeta.
Finalmente… investiga la biografía del poeta. Considera sus otras obras publicadas y también su vida profesional y personal. Observa si hay algún tema en común o un estilo en común entre las obras del poeta. Luego, compara el poema que estés analizando con esas otras obras o considera la forma como su vida podría haber influido en los temas del poema que estés leyendo.
Busca en línea una biografía del poeta. Lee más de sus otras obras en línea o en una biblioteca local para hacerte una mejor idea en cuanto a su estilo y sus intereses.
Pues estos son algunos de los puntos que debes de tomar en cuenta cada vez que tengas que profundizar o quieras entender un Poema de mejor forma. Si aun así el poema no te dice mucho, no te preocupes, aun no es el momento, si no encontramos nuestros sentimientos proyectados en la poesía, es porque la vida aun nos tiene preparadas algunas sorpresas.
El título de esta reflexión cobija una paradoja que apenas puede resolverse de manera tautológica: se escribe poesía porque no se puede no hacerlo. Así supongo, le sucede a todos quienes practican el mas longevo y menos leído de los géneros. Seria entonces más lógico sustituir la pregunta ¿para qué escribir poesía? por otra menos exigente: ¿para qué no escribir poesía? Se escribe pues, porque algo impide que no se haga. Descartes, que bien podría haber dicho no descartes nada en lugar de pienso luego existo, solo dijo esto ultimo. La poesía es un pensar para existir, un modo de reflexión que ocupa una doble existencia; la del ser que escribe y la de la escritura. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir, o se siente solo y sale de su solipsismo en la libertad vigilada de las palabras, porque un hombre se enamora y una mujer quizá lo espera y espera un lenguaje transformado, y se escribe poesía por nostalgia, tristeza o felicidad, sin que necesariamente los estados de ánimos coincidan y terminen reflejándose con claridad en la página, lugar idóneo para aplicar a la existencia imperfecta un deseo imaginado.
Pero con el deseo no termina la ansiedad de los signos. También se escribe poesía para estar mas cerca de Dios y de uno mismo, pues para eso ya venimos creados a imagen y semejanza suya. Para ser una palabra más del Verbo. O posiblemente sea al revés. Dios, la mejor poesía del hombre. Yo, al menos, lo siento así. Recordaría, además, un lugar común y por eso comunitario: la poesía es el arte que permite divulgar emociones y celebrar la honestidad de las cosas que vemos. Su lugar es imprescindible pues deja conocer de otra manera los materiales que todo el mundo conoce y por ello sus únicas obligaciones son consigo misma. No en vano, la poesía es considerada la lectura mas difícil pues hay poetas que no pueden entender a otros poetas, algo que no podemos decir de un químico leyendo lo que escribió otro químico, y lo mismo puede aplicarse a disciplinas consideradas difíciles por el común de la gente, como la física y las matemáticas.
La poesía no tiene fórmulas que permitan poner en practica un proceso de decodificación y su dificultad parte de su falta de hipótesis, de puntos de partida y llegada. El acto poético deja percibir la distancia entre la palabra y su referente, sea una idea, un objeto o una emoción, haciendo de su posible sentido una estela móvil. Su utilidad no depende de la existencia de una verdad caracterizante situada en los elementos semánticos y lingüísticos, sino de la producción de diversos niveles de entendimiento no necesariamente relacionados con el mundo real. El poema esta definido por una forma, una estructura interna, una multiplicidad de sentidos y significados asociados a un proceso de representación no lineal, y a la suspensión del criterio de valor verdadero de emociones, sentimientos y cosas. Por ello mismo la poesía requiere un proceso lento de lectura y comprensión de la información de superficie.
En la época del Facebook, del Instagram y de los procesos mentales ayudados por un programa de software y de pantallas de computadora que actúan como paginas de un libro, todo debe captarse y demostrarse mas rápido que las variables consideradas, en tanto que las diferencias entre las elusivas diferencias no llegan a ser consideradas. A pesar de todo esto, la poesía se sigue leyendo de manera convencional, teniendo la participación del lector igual pasividad que cien años atrás. El método para interrogar al embellecimiento de la poesía no puede medirse pero tampoco apurarse. En su cadencia hay una integridad emocional y formal que rescata la fe en la realidad y descubre conexiones debajo de la superficie. El mejor uso de la lengua llega con ella, para no dejar de llegar a nosotros. Entonces, la pregunta ¿para qué escribir poesía? está respondida y podría terminar aquí mismo esta reflexión. Pero hay más. Antes que nada conviene apuntar que resulta extraño plantearse la pregunta casi al fin de una de las historias de la era, a grandes rasgos infinita, algo que no hubiera sido raro siglos atrás cuando la poesía gozaba de buena salud y los poetas todavía mas. A partir de la época moderna, diría en los últimos ciento cincuenta años, la poesía empezó a perder su poder de convocatoria y a convertirse en una isla a la deriva en el mar de las cosas nuevas que trajo la modernidad del nuevo siglo, porque otra no conozco. También, con el paso de los años se fue espaciando la intervención social de la poesía. El poeta paso a ser el raro, el desclasado, el ambiguo, el parásito enamorado de un lenguaje sin utilidad. Su ambición de novedad vino a toparse con un mundo donde cualquier cosa parece nueva porque todo se olvida (los procesos mnemotécnicos sufren un debilitamiento) y en la perdida del recuerdo reside la novedad ausente. Insatisfecho con lo que existe, el poeta encuentra un método vertical para disentir y lograr un análisis provisional de la realidad; desde allí deduce los universales del lenguaje para desintegrarlos. Cifra simbólica de una identidad detenida en la disimilitud y en la contigüidad, la poesía abarca un espacio de limites superpuestos que están dentro y fuera de lo que se quiere decir.
Se afirma desde distintos espacios culturales que la poesía está en crisis, que no se vende porque no se lee. Pocos editores se atreven a publicar poesía y los libreros se niegan a colocar en los escaparates de exhibición los libros de poesía alegando que a nadie le interesan. Prefieren dedicar ese espacio con precio a promocionar una novela cuya historia puede saberse antes de abrir el libro. No hay nada nuevo en esto, aunque la novedad, de tanto desgastarse se ha hecho más evidente. Desde el momento en que el hombre se preocupó de ordenar la vida como historia y no como mito, la poesía siempre ha estado en crisis. Su existencia depende de la crisis. En estos días autónomos y automáticos, la poesía no piensa tanto en su destino y en las amenazas de su extinción como en el sentido de su significado, mejor dicho, en la búsqueda tardía y parcial de este. Con esa facilidad que tienen los franceses para hacer marketing del apocalipsis, anunciaron hace tiempo que el arte en general esta muerto y lo mismo dirían de la poesía. Sin embargo, si vemos la cantidad de pintores que atentan diariamente contra la estética y el extraordinario número de libros de poesía que se publican en el mundo, con tirajes a veces millonarios como es el caso de la China, veremos entonces que la poesía, mucho mas que el arte en cuanto no tiene ningún fin lucrativo, es una contradicción viviente. Se escribe poesía mucho mas que antes (la imperfecta democracia moderna llegó a las musas), pero se lee menos, muchísimo menos. Según un estudio realizado en Estados Unidos, el 70 por ciento de los norteamericanos alguna vez escribió poemas, pero solo el 2 por ciento compro libros de poesía. Puede entenderse: es tanto el individualismo que a nadie importa la poesía de su vecino, ni siquiera para desearla. El furor romántico murió o se hizo desinterés, y pocos envidian las metáforas de los demás. El lugar singular debe ser de todos.
Ante una prueba estética, artística o escrita, el espectador anhela sentir algo que lo incluya en los acontecimientos. La distancia entre el objeto y el sujeto debe borrarse para que este último sienta la primacía de la respuesta sobre la pregunta. Las hipnóticas y pasajeras parábolas audiovisuales que nos sacuden diariamente cambiaron la forma de percibir la narración de la vida, la cual ahora sucede con teatralidad y sin nada esencial, ya que la existencia se percibe como una serie de secuencias en tecnicolor sin un argumento real. La mirada impaciente, casi sin prestar atención, encapsula la vivencia del momento; un momento de muy poco tiempo. Para seguir en ese tiempo se refugia en una vaguedad placentera que no esta aquí ni allá. Desde esa situación amorfa, carente de dogmas prevalentes y de un subtexto previo, la existencia asume las peculiaridades exhibicionistas de una incomunicación sin afán didáctico. Todo, incluso la poesía, sufre las trampas de una virtualidad real que permite al hombre ser ajeno al mundo y a sus semejantes. En ese ámbito de callado silencio, donde las cosas ahora son y ahora ya no, el olvido se convierte en desinterés y carencia de auditorio. Los jóvenes se encuentran absortos en las redes sociales y cuando la poesía se les presenta, los incipientes lectores quieren encontrar rápidamente el mensaje como si el poeta fuera un cartero que trae noticias para ser compartidas. Con el deterioro del lenguaje en la prensa y en la vida publica, las palabras resultan hoy una comodidad, una irrelevancia y una renuncia a su prestigio. Por eso cuando las palabras son complejas se tornan inexpresivas. La circularidad de la paradoja no deja de ser aterrante: todo debe ser entendido pues nada inentendible hay en el mundo.
Al desafiar el sentido y la idea de verdad, la poesía se recluye en su destino autosuficiente; virtual porque rechaza el reconocimiento. A través del mismo el conocimiento alcanza a liberarse de lo que no puede conocer. La poesía ejercita una libertad que une el presente con lo que paso hace mucho tiempo y por eso todavía no llego a ser actual. Cubre el trayecto de un descubrimiento que apela a las angustias, contradicciones y arbitrariedades de un lenguaje especifico que se sale del comercio del significado para evitarlo desde dentro. Henry James aconsejaba que el trabajo del arte fuera exquisito y que no se pareciera a la vida. La poesía, como disciplina emocional de un mundo imprevisible, cumple su cometido de traer la vida a un primer plano después de haberse distanciado de ella. Todas estas virtudes, creo yo ciertas, dejaron a un lado al poeta, quien paso a habitar en los márgenes de una sociedad mesocrática y utilitaria, guiada exclusivamente por valores de cambio y niveles de productividad. Su trabajo ocupa apenas una de las dos mitades modernas, aquellas a las que refería Baudelaire: «La modernidad es lo transitorio, lo volátil, lo contingente; es una de las mitades del arte; la otra mitad es eterna e inmutable».
El 27 de febrero de 1890 Mallarme dio una conferencia sobre su amigo, el poeta Villiers del’Isle-Adam, la cual comenzaba diciendo: «Un hombre acostumbrado a soñar viene a hablar de otro que esta muerto». Otro amigo de Mallarme, el pintor Edgar Degas, sentado en la primera fila, dijo apesadumbrado a los pocos minutos de iniciada la conferencia: «No entiendo, no entiendo». Se levantó y se fue. Como pocos antes, Mallarme celebró la dificultad como excepción y creía que sus contemporáneos, incluido el joven Marcel Proust, no sabían leer. Para Mallarme, un poema debería ser una entidad inalcanzable, pues no solo estaba separado de la sociedad y la cultura de la cual venía, sino también de la vida del autor. Debía dar la idea de que fue escrito fuera de la historia en cuanto, por su elíptica complejidad, está eximido de la diaria necesidad de comunicación. Queda claro, a partir de estos ejemplos, que el desdén de los jóvenes lectores por la poesía interesada en solo ser poesía no es nada nuevo. Max Nordau, en su libro Degeneración, de 1894, atacó las formas del arte moderno. Lo llamó insano. Particularmente aquel que no permitía la figuración de los temas. Desde mas de un siglo se le sigue pidiendo al poeta lo mismo: que prescinda del lenguaje figurativo, de la alusión y de la dicción elevada. Que describa al mundo tal cual es, con la mayor fidelidad y la mínima elaboración. En síntesis; claridad de expresión y simpleza de organización, además de una parsimoniosa lealtad a los sentimientos cotidianos y a las observaciones de los hechos ocurridos. Eso: la sinceridad de la experiencia y el lenguaje como ejemplo fotográfico. Para tener su espacio, la poesía debe ser inmediata y fácil, evitando presentar a las cosas en su estado de ignorancia. A partir de esta visión moderna, que ha insistido en hacernos creer que el lenguaje ordinario es más importante de lo que es, se concretó el rechazo de todo discurso que requiera mas de una interpretación. Para tener derecho de interacción social, la palabra poética debe respetar la lista de exigencias: la transparencia de la inteligencia presentada con un estilo vernacular, sin adornos y sin omitir la credibilidad de una vida (digo una porque hay otras) marcada por acontecimientos casuales y contingentes. Esto es: la realidad tenida como accidente o circunstancia.
En tiempos donde las ideologías y los grandes movimientos sociales que hacen reconocibles a las utopías históricas parecen cosa del pasado, la historia comprueba antes que nada la crisis del lenguaje y de la palabra escrita. Sobre todo, aquella crisis estética que rehusa lo anecdótico y lo narrativo. La poesía, sin posibilidad de opinión, devino un culto en la cultura; el juego religioso de unos cuantos pocos. Esto, evidentemente, no significó que se dejara de escribir poesía como tampoco se dejó de adorar a Dios incluso en aquellos regímenes donde las practicas religiosas son mas perseguidas. La analogía viene al caso: la página es el templo, y allí entra el poeta, absolutamente solo, a rezar, a estar más cerca de si mismo y del absoluto. Perturbadora y creadora de disturbios, la poesía aceptó su condición de practica absoluta y absolutamente privada, solipsista casi. Esto trajo grandes consecuencias ya que la poesía, como realidad literaria con valor de mercado, dejo de existir. Y en esto podemos estar de acuerdo, porque la realidad presente no permite desacuerdos, al menos de este tipo. Hoy escribimos en computadora, en tabletas, en smartphones y la escritura se ha hecho accesible. Tan fácil, que podemos corregir los textos sin tener memoria de lo que corregimos.
Vivimos la historia del acontecimiento inmediato y por lo tanto la perdida de tiempo, o mejor dicho, su falta de acumulación, es vista como una obscenidad sin atenuantes. La relectura solo puede existir en un tiempo de innecesario derroche (¿lo hay?), pues la lectura ha pasado a ser una practica tan fácil que podemos leer sin hacerlo. El texto existe como depositario de información de la cual tomamos solamente aquellas instancias retóricas de uso inmediato. En tiempos en que las cartas de amor se escriben y se envían a través de una máquina supuestamente secreta a la cual pueden tener acceso millones de usuarios, a nadie ha de extrañar que las intimidades radicales, como la poesía, sufran las consecuencias de estos desvaríos de la persona colectiva, que establece códigos para situar los secretos en la superficie. La poesía, que entre otras cosas exige una permanente corrección de la intimidad del significado, resulta una practica anacrónica en un tiempo, este, que quiere derrotar al tiempo dependiendo excesivamente de él. El ser que habla encuentra en la temporalidad un espacio y en lo que resulta del mismo, ambas cosas. Pronuncia una simple certeza: algo esta sucediendo. Nada protege a la poesía, salvo lo que en ella sucede. Nombrando actos y acontecimientos que solo suceden en las palabras, la poesía se ocupa de esa realidad situada entre lo que «ya esta en nuestras mentes y lo que todavía no pertenece a la memoria» (Flavio Ermini). La respuesta a su persistencia en ese trayecto aun sin definir es un signo impredecible y por ello algo difícil de descifrar, cuyas formas de mostrarse no se circunscriben a un solo y único momento de la interpretación. No sabemos de dónde viene ni a dónde va: está sucediendo y ya es bastante para validar su existencia. Por hacer de su objeto incompleto una excepción ideal, la poesía es la exageración del tiempo, la condensación del fragmento que contiene a todos los demás. Contiene un infinito cercano, al menos el de la elusividad del sentido, contribuyendo a que sus zonas retóricas sigan siendo inexploradas por las consecuencias del azar. En otras palabras, este existe como resultado de una razón sin razones, de un propósito que intenta definir pero sin definir.
El lenguaje poético no es inocente; en su producción sufre un proceso de sofisticación. Las condiciones bellas se resisten a ser reproducidas, pero finalmente ceden a las apariciones legitimas de las frases. De sus enigmas no nos podemos escapar. Cualquier posible escapatoria solo nos pondrá más cerca de la entrada. Lo que hace y deja hacer el lenguaje es infinito, convirtiéndose y siendo (ya antes de ser) en la única trascendencia a la cual tenemos acceso; no es una fe cuya existencia podemos aceptar o negar. Existe; esta allí como problema que nunca queda exhausto. Recuerda a la historia del niño judío que andaba por el pueblo pregonando, «tengo una respuesta excelente, que alguien me haga una pregunta». El lenguaje poético responde preguntas que todavía no se tienen. Como consecuencia, su inocencia resulta inaccesible pero su sabiduría visual logra que la percepción cambie de aspiraciones. Después de todo, lo inefable es ilegible. La poesía nos lleva al secreto que no sabíamos que estábamos buscando pero para el cual tenemos una respuesta.