El Cartel de Propaganda.

¿Cómo lo hago?

La publicidad tiene como objetivo hacer más probable la compra de un producto o servicio y favorecer las actitudes positivas hacia él. Para conseguirlo emplea la persuasión a través de los argumentos y los sentidos, apoyándose también en elementos como la música o los colores y generando emociones de agrado para crear una necesidad en el receptor.

El objetivo es llamar la atención de tu audiencia con una imagen visual impactante y un mensaje que incite a la acción. Para ello, no solo basta con que sea atractivo y te guste a ti personalmente, puesto que al diseñar carteles es preciso seguir unas reglas básicas, sin que esto limite tu creatividad.

Por otro lado, la Propaganda es un producto ideológico que busca cambiar la actitud del receptor con fines culturales, políticos y sociales, entre otros. Intenta hacer que las demás personas adopten el punto de vista del emisor a través del manejo emocional y la subjetividad del receptor. Y es precisamente de eso de lo que vamos a hablar ahora, te vamos a compartir algunos consejos para que realices el mejor cartel de propaganda y con ello logres persuadir y convencer a tu interlocutor para que reflexione y cambie algunas de sus ideas.

El cartel de propaganda es el tipo de cartel institucional  que producen los organismos oficiales,  administraciones públicas, estados,  partidos políticos  y  en general, organizaciones de distinta índole: religiosas, sindicales, etc.  Su fin común puede resumirse en conseguir adeptos a una idea o causa o bien, prevenir sobre determinadas conductas sociales, como es el caso de cartel reproducido aquí abajo sobre la violencia de género.

En general, podemos decir que este tipo de carteles comparten las mismas características  que los comerciales, aunque en este caso estemos hablando  de  productos «intangibles» o no materiales.

Una peculiaridad de los carteles propagandísticos es su fuerte carga connotativa pues con frecuencia recurre  a la emotividad y los sentimientos  para  alcanzar la adhesión de los individuos a una determinada causa o idea o acción.

Estructura de los carteles publicitarios.

Para saber cómo hacer un cartel de propaganda lo primero es conocer cuál es su estructura.

El cartel promocional, de fomento o propaganda está compuesto por diferentes partes, todas importantes para la comprensión y efectividad del mensaje en su totalidad. La estructura básica de los carteles publicitarios está formada por:

  • Título y subtítulo: Un titular llamativo es muy importante en cualquier campaña de marketing. En el caso de los carteles este generalmente es el texto más imponente a nivel visual.
  • Cuerpo: El cuerpo del póster puede ser en formato texto o imagen y es el que ofrece información sobre lo que se promociona.
  • Eslogan: Aunque no es obligatorio su uso (como tampoco lo son ninguno de estos elementos, ya que todo queda a consideración del diseñador), el eslogan se utiliza para reforzar la publicidad y la propaganda.
  • Logotipo de la marca o anunciante: Este elemento es fundamental para reforzar la imagen de marca y que el anuncio sea fácilmente reconocible, sobre todo por usuarios que se identifican con la empresa en cuestión.

La estructura del cartel de propaganda que hemos mostrado es orientativa. Cada diseñador debe conocer en profundidad lo que promociona y lo más importante, debe conocer a su público objetivo. De lo contrario, ni el mensaje, ni la imagen visual serán efectivos para a llamar su atención.

Karen Hernández Martínez

¿Cómo hacer propaganda? 5 consejos.

Ahora que ya conoces la esencia de un póster promocional es momento de descubrir cómo hacer un cartel de propaganda como todo un experto del diseño.

No se trata de construir una guía de pasos a seguir, ya que este es un proceso que emana de la creatividad de cada diseñador. Pero sí podemos ofrecerte algunos consejos que te servirán para generar ese impacto en tu audiencia y conseguir lo que te propones con esa intención de fomentar algo o provocar la reflexión de alguien.

1.     Conoce a tu público objetivo.

Antes de diseñar cualquier estrategia de promoción es necesario analizar en profundidad la audiencia a la que te diriges.

Sus características sociodemográficas, el lenguaje que utiliza, los productos y servicios que suele consumir, así como las plataformas de redes sociales en las que se comunica, son algunos de los datos que te ayudarán elaborar el cartel más acertado para tu público.

Danae M. Alonso García

2.     Piensa en tu mensaje.

Una vez que tienes claro quién es tu público y cómo puedes comunicarte con él, es momento de pensar en el mensaje que quieres transmitir. ¿Qué quieres decir? ¿Cómo transmitirlo? ¿Qué respuesta esperas? Responder a estas preguntas te puede ayudar a crear un mensaje contundente que genere expectación en tu audiencia.

Para que este sea efectivo debes tener en cuenta tres elementos:

  • Resolver un problema: Busca el famoso ‘punto de dolor’ de tu público objetivo y elabora un mensaje donde muestres cómo puedes satisfacer su necesidad.
  • Emociona: Las estrategias de marketing actuales buscan crear emociones en los usuarios y hacer que se sientan identificados con la historia que cuentas.
  • Llamada a la acción: Haz que ese usuario al que emocionaste con tu mensaje se convierta en cliente, con una llamada a la acción que le incite a consumir tu producto o adquirir tus hábitos cuanto antes.

El mensaje o la historia que cuentas en tu cartel de propaganda no puede ser extensa o recargada, para eso están los folletos, trípticos y otras herramientas. Los mensajes simples, ya sean visuales o de texto, son los más efectivos para los carteles promocionales.

Michell G. Cruz Tirado

3.     No olvides la información más importante.

Aunque es necesario simplificar tu mensaje, no debes olvidar colocar datos importantes sobre el producto o servicio que fomentas.

Por ejemplo, un anuncio donde se promociona la importancia de la lectura sin indicar las funciones u objetivos de esta, es un trabajo fallido. Por mucho interés que genere el cartel, no ganará nuevos adeptos, porque no saben cuales serán los beneficios inmediatos.

4.     Utiliza imágenes impactantes.

Las imágenes o diseños constituyen casi la totalidad de los carteles publicitarios, al no ser que tenga un formato tipográfico. Por ello, es importante elegir una imagen que genere impacto y se adapte a los intereses de tu público objetivo, así como a la identidad de tu marca.

Estadísticas aseguran que los usuarios suelen leer el contenido del cartel, solo si la imagen los ha convencido.

No obstante, los carteles tipográficos, aquellos que solo muestran texto, también son muy efectivos dependiendo de lo que se promocione y el mensaje que transmita.

Bianca A. Castillo Xela

5.     Combinar imagen y texto de forma adecuada.

Como te comentábamos al inicio del artículo, el diseño sigue determinadas reglas básicas, sin que esto corte las libertades creativas del diseñador. En este sentido, es fundamental combinar el texto y la imagen de manera correcta para que el mensaje sea claro y conciso.

Metzli Shakti Quintanar

Conclusión sobre cómo hacer un cartel de propaganda.

Ahora ya sabes cómo hacer un cartel de propaganda, teniendo en cuenta los elementos precisos para que sea efectivo y genere los resultados esperados.

Esta es una técnica muy utilizada en el marketing tradicional y digital, pero el mal uso de ella puede provocar graves consecuencias para tus intenciones.

Por ello, te invitamos a poner en práctica todos los consejos que te hemos dado en este artículo para que nos cuentes más adelante cuáles fueron los resultados.

Finalmente, dentro del contexto de los Carteles de Fomento a la Lectura debemos entender que son un recurso muy útil para emplear en el medio digital. Puedes difundir estas obras o bien involucrar a los usuarios en el proceso creativo mediante un concurso.

Invitar a crear carteles de lectura desde el ámbito escolar es una actividad muy útil por dos razones:

  • Desarrolla la creatividad
  • Hace reflexionar y pensar a los usuarios lectores sobre los beneficios de la lectura.

Por otra parte, incentiva a niños y jóvenes con interés y talento para el diseño y el dibujo a involucrarse con la lectura. Además, el hecho de que estos trabajos puedan ser difundidos y conocidos por muchas personas es un incentivo muy efectivo para la generación de jóvenes conectados con la tecnología.

Como podemos apreciar los Carteles de fomento a la lectura tienen un gran potencial no solo para su difusión, sino también, en la creación de actividades de animación lectora. Por ejemplo, un concurso de carteles, pues involucra a los usuarios en el proceso creativo de mensajes que animan a la lectura.

A continuación hacemos una selección de Carteles de Fomento a la Lectura que puedes compartir en las redes sociales de tu biblioteca y que te den inspiración para realizar actividades de animación lectora.

Equipo de trabajo:

(en orden de lista)

  • Danae M. Alonso García.
  • Bianca A. Castillo Xela.
  • Michelle G. Cruz Tirado.
  • Karen Hernández Martínez.
  • Metzli Shakti Quintanar. 
Prof. Víctor A. Cruz Pérez

¿Cómo realizo mi Investigación?

(Una opción)

Una forma en que los profesores pueden alentar a sus alumnos para que se interesen por la ciencia o las humanidades es explicarles de forma adecuada pero sobre todo divertida el proceso científico o algún método de investigación para que ellos desarrollen sus tareas de forma más creativa.

Los métodos de investigación son un elemento clave para la construcción de un conocimiento válido sobre un fenómeno particular, por lo que conocer en qué consisten, cuáles son sus características y de qué depende la elección de uno u otro resulta fundamental para todo investigador.  

Por otro lado, un proceso de investigación científica es lo que hacen los investigadores cuando formulan preguntas interesantes  y las responden mediante observaciones y experimentos. Hay que decir también que estos procesos de trabajo funcionan de forma parecida en ámbitos filosóficos, literarios, humanísticos, etc.

Por eso, en “Prepa GEA”, un grupo de adolescentes comenzaron a elaborar un mapa mental monumental que explica brevemente cuáles son los pasos que hay que seguir para llevar a cabo y de forma interesante una investigación. Y en este espacio te compartiremos nuestros avances por si te parecen útiles para tus tareas.

Entonces… si ya estás listo, saca tu cuaderno de apuntes y toma nota:

Paso 1: Hagan una pregunta.

Para el primer paso, ayude a sus alumnos a formular una pregunta; en lo posible ¡una que pueda responderse! Las buenas preguntas empiezan con palabras que cuestionan el: Cómo, qué, cuándo, quién, cuál, por qué o dónde. Por ejemplo, ¿qué taza tiene mayor capacidad? ¿Cuál de estos objetos crees que flotará en el agua? ¿Qué es la Libertad? o mejor aún, ¿Existe la libertad?

Paso 2: Investigar el tema.

Para los adolescentes, investigar el tema puede incluir una conversación entre ellos acerca de lo que preguntarán. Quizás ustedes tenga un libro o hayan visto un programa sobre el tema. El objetivo de esta etapa es incentivar al futuro científico o al incipiente investigador en la tarea del pensamiento.

Viridiana Acevedo M.

Paso 3: Elaborar una hipótesis.

Una hipótesis no es más que una buena conjetura que intenta responder la pregunta del paso 1. Pregúntele a sus alumnos: «¿Qué taza crees que tiene más capacidad, la azul o la roja? ¿Crees que el clavo flotará o se hundirá? ¿Crees que existe la libertad o solamente será un constructo social propio del ser humano?»

Pamela Fernanda Ayala V.

Paso 4: Prueben su hipótesis haciendo un experimento.

¡Esta es la parte que usted y sus alumnos han estado esperando! Ayude a su futuro científico o a su incipiente investigador a realizar el experimento. Aliente a sus jóvenes estudiantes para que sean observadores atentos de todo lo que sucede (así como se explica en la ilustración del paso 2). Hablen de lo que sucede en cada uno de los pasos del experimento (científico o social).

Inaya Herrera N.

Paso 5: Analicen los datos y saquen una conclusión.

Esta etapa se trata de los resultados. ¿Qué sucedió durante el experimento? Pregúntele a sus alumnos: «¿El papel de aluminio flotó o se hundió?» «¿Qué fenómenos nos permiten creer que posiblemente somos libres?» En esta etapa, ayude a los jóvenes a responder la pregunta elaborada en el paso 1.

Luz Melany Gómez H.

Paso 6: Compartan los resultados.

Aliente a los estudiantes a hablar con sus compañeros y a otras personas sobre sus resultados. Provoque que comenten entre ellos los pasos usados para realizar el experimento y lo que han aprendido.

Yailen Allier M.

Los experimentos de ciencias pueden ser rápidos y divertidos para llevarse a cabo, los experimentos sociales pueden ser profundos y reflexivos. Si comparten el proceso científico o sus métodos de investigación, sus alumnos comenzarán a pensar y a planear sus trabajos escolares de igual forma como hacen los grandes científicos y los filósofos más reconocidos.

Mi proceso de investigación.

Ahora que ya conoces qué es un método de investigación y los aspectos más importantes que debes tener en cuenta al momento de elegir uno y poner en marcha tu trabajo, es momento de que empieces a proceder de forma adecuada cada vez que realices una tarea escolar y obtener mejores resultados.

Evidentemente, esta serie de pasos siempre tendrán pequeñas variantes según la institución o el profesor que te está guiando, pero indiscutiblemente esta representa nuestra propuesta de equipo, esperamos que esta información te sea util. 

¡Muchas gracias! y ¡Hasta la próxima!

Equipo de trabajo:

(en orden de lista)

  • Viridiana Acevedo Martínez.
  • Yailen Fernanda Allier Mora.
  • Pamela Fernanda Ayala Villegas.
  • Luz Melani Gómez Hernández.
  • Katia Heredia Arredondo.
  • Inaya Herrera Navarrete.
Prof. Víctor Andrés Cruz Pérez

El Infinito en un Junco.

La invención de los libros en el mundo antiguo.

Misteriosos grupos de hombres a caballo recorren los caminos de Grecia. Los campesinos los observan con desconfianza desde sus tierras o desde las puertas de sus cabañas. La experiencia les ha enseñado que solo viaja la gente peligrosa: soldados, mercenarios y traficantes de esclavos. Arrugan la frente y gruñen hasta que los ven hundirse otra vez en el horizonte. No les gustan los forasteros armados. Los jinetes cabalgan sin fijarse en los aldeanos. Durante meses han escalado montañas, han franqueado desfiladeros, han cruzado valles, han vadeado ríos, han navegado de isla en isla. Sus músculos y su resistencia se han endurecido desde que les encargaron esta extraña misión. Para cumplir su tarea deben aventurarse por los violentos territorios de un mundo en guerra casi constante. Son cazadores en busca de presas de un tipo muy especial. Presas silenciosas, astutas, que no dejan rastro ni huella. Si estos inquietantes emisarios se sentasen en la taberna de algún puerto, a beber vino, comer pulpo asado, hablar y emborracharse con desconocidos (nunca lo hacen por prudencia), podrían contar grandes historias de viajes. Se han adentrado en tierras azotadas por la peste. Han atravesado comarcas asoladas por incendios, han contemplado la ceniza caliente de la destrucción y la brutalidad de rebeldes y mercenarios en pie de guerra. Como todavía no existen mapas de regiones extensas, se han perdido y han caminado sin rumbo durante días enteros bajo la furia del sol o las tormentas. Han tenido que beber aguas repugnantes que les han causado diarreas monstruosas. Siempre que llueve, los carros y las mulas se atascan en los charcos; entre gritos y juramentos han tirado de ellos hasta caer de rodillas y besar el barro. Cuando la noche les sorprende lejos de cobijo alguno, solo su capa les protege de los escorpiones. Han conocido el tormento enloquecedor de los piojos y el miedo constante a los bandoleros que infestan los caminos. Muchas veces, cabalgando por inmensas 16 soledades, se les hiela la sangre al imaginar un grupo de bandidos esperándolos, conteniendo el aliento, escondidos en algún recodo del camino para caer sobre ellos, asesinarlos a sangre fría, robarles la bolsa y abandonar sus cadáveres calientes entre los arbustos. Es lógico que tengan miedo. El rey de Egipto les ha confiado grandes sumas de dinero antes de enviarlos a cumplir sus órdenes a la otra orilla del mar. En aquel tiempo, solo unas décadas después de la muerte de Alejandro, viajar llevando una gran fortuna era muy arriesgado, casi suicida. Y, aunque los puñales de los ladrones, las enfermedades contagiosas y los naufragios amenazan con hacer fracasar una misión tan cara, el faraón insiste en enviar a sus agentes desde el país del Nilo, cruzando fronteras y grandes distancias, en todas las direcciones. Desea apasionadamente, con impaciencia y dolorosa sed de posesión, esas presas que sus cazadores secretos rastrean para él, haciendo frente a peligros ignotos. Los campesinos que se sientan a fisgonear a la puerta de sus cabañas, los mercenarios y los bandidos habrían abierto unos ojos asombrados y una boca incrédula si hubieran sabido qué perseguían los jinetes extranjeros.

Libros, buscaban libros. Era el secreto mejor guardado de la corte egipcia. El Señor de las Dos Tierras, uno de los hombres más poderosos del momento, daría la vida (la de otros, claro; siempre es así con los reyes) por conseguir todos los libros del mundo para su Gran Biblioteca de Alejandría. Perseguía el sueño de una biblioteca absoluta y perfecta, la colección donde reuniría todas las obras de todos los autores desde el principio de los tiempos. Siempre me asusta escribir las primeras líneas, cruzar el umbral de un nuevo libro. Cuando he recorrido todas las bibliotecas, cuando los cuadernos revientan de notas enfebrecidas, cuando ya no se me ocurren pretextos razonables, ni siquiera insensatos, para seguir esperando, lo retraso aún varios días durante los cuales entiendo en qué consiste ser cobarde. Sencillamente, no me siento capaz. Todo debería estar ahí —el tono, el sentido del humor, la poesía, el ritmo, las promesas—. Los capítulos todavía sin escribir deberían adivinarse ya, pugnando por nacer, en el semillero de las palabras elegidas para empezar. Pero ¿cómo se hace eso? Mi bagaje ahora mismo son las dudas. Con cada libro vuelvo al punto de partida y al corazón agitado de todas las primeras veces. Escribir es intentar descubrir lo que escribiríamos si escribiésemos, así lo expresa Marguerite Duras, pasando del infinitivo al condicional y luego al subjuntivo, como si sintiese el suelo resquebrajarse bajo sus pies. En el fondo, no es tan diferente de todas esas cosas que empezamos a hacer antes de saber hacerlas: hablar otro idioma, conducir, ser madre. Vivir. Después de todas las agonías de la duda, después de agotar los aplazamientos y las coartadas, una tarde calurosa de julio me enfrento a la soledad de la página en blanco. He decidido abrir mi texto con la imagen de unos enigmáticos cazadores al acecho de la presa. Me identifico con ellos, me gusta su paciencia, su estoicismo, sus tiempos perdidos, la lentitud y la adrenalina de la búsqueda. Durante años he trabajado como investigadora, consultando fuentes, documentándome y tratando de conocer el material histórico. Pero, a la hora de la verdad, la historia real y documentada que voy descubriendo me parece tan asombrosa que invade mis sueños y cobra, sin yo quererlo, la forma de un relato. Siento la tentación de entrar en la piel de los buscadores de libros en los caminos de una Europa antigua, violenta y convulsa. ¿Y si empiezo narrando su viaje? Podría funcionar, pero ¿cómo mantener diferenciado el esqueleto de los datos bajo el músculo y la sangre de la imaginación? Creo que el punto de partida es tan fantástico como el viaje en busca de las Minas del Rey Salomón o del Arca Perdida, pero los documentos atestiguan que existió de verdad en la mente megalómana de los reyes de Egipto. Tal vez allá, en el siglo III a. C., fue la única y última vez que se pudo hacer realidad el sueño de juntar todos los libros del mundo sin excepción en una biblioteca universal.

Hoy nos parece la trama de un fascinante cuento abstracto de Borges —o, quizá, su gran fantasía erótica—. En la época del gran proyecto alejandrino, no existía nada parecido al comercio internacional de libros. Estos se podían comprar en ciudades con una larga vida cultural, pero no en la joven Alejandría. Los textos cuentan que los reyes usaron las enormes ventajas del poder absoluto para enriquecer su colección. Lo que no podían comprar, lo confiscaban. Si era preciso rebanar cuellos o arrasar cosechas para hacerse con un libro codiciado, darían la orden de hacerlo diciéndose que el esplendor de su país era más importante que los pequeños escrúpulos. La estafa, por supuesto, formaba parte del repertorio de cosas que estaban dispuestos a hacer para conseguir sus objetivos. Ptolomeo III ansiaba las versiones oficiales de las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides conservadas en el archivo de Atenas desde su estreno en los festivales teatrales. Los embajadores del faraón pidieron prestados los valiosos rollos para encargar copias a sus minuciosos amanuenses. Las autoridades atenienses exigieron la exorbitante fianza de quince talentos de plata, que equivale a millones de dólares de hoy. Los egipcios pagaron, dieron las gracias con pomposas reverencias, hicieron solemnes juramentos de devolver el préstamo antes de que transcurrieran —digamos— doce lunas, se amenazaron a sí mismos con truculentas maldiciones si los libros no volvían en perfecto estado y a continuación, por supuesto, se los apropiaron, renunciando al depósito. Los dirigentes de Atenas tuvieron que soportar el atropello. La orgullosa capital de tiempos de Pericles se había convertido en una ciudad provinciana de un reino incapaz de rivalizar con el poderío de Egipto, que dominaba el comercio del cereal, el petróleo de la época. Alejandría era el principal puerto del país y su nuevo centro vital. Desde siempre, una potencia económica de esa magnitud puede extralimitarse alegremente. A todos los barcos de cualquier procedencia que hacían escala en la capital de la Biblioteca se les sometía a un registro inmediato. Los oficiales de aduanas requisaban cualquier escrito que encontraban a bordo, lo hacían copiar en papiros nuevos, devolvían las copias y retenían los originales. Estos libros tomados al abordaje iban a parar a las estanterías de la Biblioteca con una breve anotación aclarando su procedencia («fondo de las naves»). Cuando estás en la cima del mundo, no hay favores excesivos. Se decía que Ptolomeo II envió mensajeros a los soberanos y gobernantes de cada país de la tierra. En una carta sellada les pedía que se tomasen la molestia de enviarle para su colección sencillamente todo: las obras de poetas y escritores en prosa de su reino, de oradores y filósofos, de médicos y adivinos, de historiadores y todos los demás.

Además —y esta ha sido mi puerta de entrada a esta historia—, los reyes enviaron por los peligrosos caminos y mares del mundo conocido a agentes con la bolsa llena y órdenes de comprar la máxima cantidad posible de libros y de encontrar, allí donde estuvieran, las copias más antiguas. Ese apetito de libros y los precios que se llegaban a pagar por ellos atrajeron a pícaros y falsificadores. Ofrecían rollos de falsos textos valiosos, envejecían el papiro, fundían varias obras en una para aumentar su extensión e inventaban toda clase de hábiles manipulaciones. Algún sabio con sentido del humor se divirtió escribiendo obras bien amañadas, auténticos fraudes calculados para tentar la codicia de los Ptolomeos. Los títulos eran divertidos; podrían comercializarse hoy con facilidad, por ejemplo: «Lo que Tucídides no dijo». Sustituyamos a Tucídides por Kafka o Joyce, e imaginemos la expectación que provocaría el falsario al aparecer en la Biblioteca con las fingidas memorias y los secretos inconfesables del escritor bajo el brazo. A pesar de las prudentes sospechas de fraude, los compradores de la Biblioteca temían dejar pasar un libro que pudiera ser valioso y arriesgarse a enfurecer al faraón. Cada poco tiempo, el rey pasaba revista a los rollos de su colección con el mismo orgullo con el que pasaba revista a los desfiles militares. Preguntaba a Demetrio de Falero, el encargado del orden de la Biblioteca, cuántos libros tenían ya. Y Demetrio lo ponía al día sobre la cifra: «Ya hay más de veinte decenas de millares, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil». El hambre de libros desatada en Alejandría empezaba a convertirse en un brote de locura apasionada. He nacido en un país y una época en que los libros son objetos fáciles de conseguir. En mi casa, asoman por todas partes. En etapas de trabajo intenso, cuando pido docenas de ellos en préstamo a las distintas bibliotecas que soportan mis incursiones, suelo dejarlos apilados en torres sobre las sillas o incluso en el suelo. También abiertos boca abajo, como tejados a dos aguas en busca de una casa que cobijar.

Ahora, para evitar que mi hijo de dos años arrugue las hojas, formo pilas sobre el reposacabezas del sofá, y cuando me siento a descansar, noto el contacto de sus esquinas en la nuca. Al trasladar el precio de los libros al de los alquileres de la ciudad donde vivo, resulta que mis libros son unos inquilinos costosos. Pero yo pienso que todos, desde los grandes libros de fotografía hasta esos viejos ejemplares de bolsillo encolados que siempre intentan cerrarse como si fueran mejillones, hacen más acogedora la casa. La historia de los esfuerzos, viajes y penalidades para llenar los estantes de la Biblioteca de Alejandría puede parecer atractiva por su exotismo. Son acontecimientos extraños, aventuras, como las fabulosas navegaciones a las Indias en busca de especias. Aquí y ahora, los libros son tan comunes, tan desprovistos del aura de novedad tecnológica, que abundan los profetas de su desaparición. Cada cierto tiempo leo con desconsuelo artículos periodísticos que vaticinan la extinción de los libros, sustituidos por dispositivos electrónicos y derrotados frente a las inmensas posibilidades de ocio. Los más agoreros pretenden que estamos al borde de un fin de época, de un verdadero apocalipsis de librerías echando el cierre y bibliotecas deshabitadas. Parecen insinuar que muy pronto los libros se exhibirán en las vitrinas de los museos etnológicos, cerca de las puntas de lanza prehistóricas. Con esas imágenes grabadas en la imaginación, paseo la mirada por mis filas interminables de libros y las hileras de discos de vinilo, preguntándome si un viejo mundo entrañable está a punto de desaparecer. ¿Estamos seguros? El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor. Por supuesto, la tecnología es deslumbrante y tiene fuerza suficiente como para destronar a las antiguas monarquías. Sin embargo, todos añoramos cosas que hemos perdido —fotos, archivos, viejos trabajos, recuerdos— por la velocidad con la que envejecen y quedan obsoletos sus productos.

Primero fueron las canciones de nuestras casetes, después las películas grabadas en VHS. Dedicamos esfuerzos frustrantes a coleccionar lo que la tecnología se empeña en hacer que pase de moda. Cuando apareció el DVD, nos decían que por fin habíamos resuelto para siempre nuestros problemas de archivo, pero vuelven a la carga tentándonos con nuevos discos de formato más pequeño, que invariablemente requieren comprar nuevos aparatos. Lo curioso es que aún podemos leer un manuscrito pacientemente copiado hace 20 21 más de diez siglos, pero ya no podemos ver una cinta de vídeo o un disquete de hace apenas algunos años, a menos que conservemos todos nuestros sucesivos ordenadores y aparatos reproductores, como un museo de la caducidad, en los trasteros de nuestras casas.

No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia. Por eso decidí sumergirme en esta investigación. Al principio de todo, hubo preguntas, enjambres de preguntas: ¿cuándo aparecieron los libros? ¿Cuál es la historia secreta de los esfuerzos por multiplicarlos o aniquilarlos? ¿Qué se perdió por el camino, y qué se ha salvado? ¿Por qué algunos de ellos se han convertido en clásicos? ¿Cuántas bajas han causado los dientes del tiempo, las uñas del fuego, el veneno del agua? ¿Qué libros han sido quemados con ira, y qué libros se han copiado de forma más apasionada? ¿Los mismos? Este relato es un intento de continuar la aventura de aquellos cazadores de libros. Quisiera ser, de alguna manera, su improbable compañera de viaje, al acecho de manuscritos perdidos, historias desconocidas y voces a punto de enmudecer. Quizá aquellos grupos de exploradores eran solo esbirros al servicio de unos reyes poseídos por una obsesión megalómana. Tal vez no entendían la trascendencia de su tarea, que les parecía absurda, y en las noches al raso, cuando se apagaban los rescoldos de la hoguera, mascullaban entre dientes que estaban hartos de arriesgar la vida por el sueño de un loco. Seguramente hubieran preferido que los enviasen a una misión con más posibilidades de ascenso, como sofocar una revuelta en el desierto de Nubia o inspeccionar el cargamento de las barcazas del Nilo. Pero sospecho que, al buscar el rastro de todos los libros como si fueran piezas de un tesoro disperso, estaban poniendo, sin saberlo, los cimientos de nuestro mundo.

IRENE VALLEJO.

(Prólogo tomado del libro «El infinito en un junco», La invención de los libros en el mundo antiguo. Aut. Irene Vallejo, edit. Siruela, Biblioteca de ensayo.)

RADIO GEA INFORMA…

¿Qué es Vivir?

El tiempo de aprender a vivir

ya es demasiado tarde.

Aragón.

Jean-Jacques Rousseau formuló el sentido de la educación en el Emilio, donde el educador dice de su alumno: “Lo que quiero enseñarle es el oficio de vivir”. La fórmula es excesiva, porque sólo se puede ayudar a aprender a vivir. Vivir se aprende por la propia experiencia con la ayuda de los padres primero y después de los educadores, pero también por los libros, la poesía, los encuentros. Vivir es vivir en tanto individuo afrontando los problemas de su vida personal, es vivir en tanto ciudadano de su nación, es vivir también en su pertenencia a lo humano. Sin duda, leer, escribir, contar son necesarios para vivir. La enseñanza de la literatura, de la historia, de las matemáticas, de las ciencias, contribuye a la inserción en la vida social; la enseñanza de la literatura es muy útil porque desarrolla a la vez sensibilidad y conocimiento; la enseñanza de la filosofía estimula la capacidad reflexiva en cada espíritu reflexivo y, sin duda, las enseñanzas especializadas son necesarias en la vida profesional. Pero cada vez más falta la posibilidad de afrontar los problemas fundamentales y globales del individuo, del ciudadano, del ser humano. 

Vivir es una aventura. 

Cada ser humano, desde la infancia, desde la escuela a la adolescencia, edad de las grandes aspiraciones y las grandes revueltas, hasta el momento de hacer las grandes elecciones de vida, amor, familia trabajo, y en toda edad hasta el final de la vida, encuentra el riesgo del error y de la ilusión, del conocimiento parcial o tendencioso. La escuela y la universidad enseñan conocimientos, pero no la naturaleza del conocimiento, que lleva en sí misma el riesgo del error y de la ilusión, porque todo conocimiento, comenzando por el conocimiento perceptivo y hasta el conocimiento por palabras, ideas, teorías, creencias, es a la vez una traducción y una reconstrucción de lo real. En toda traducción hay riesgo de error (traduttore traditore), lo mismo que en toda reconstrucción. Siempre estamos amenazados de equivocarnos sin saberlo. Estamos condenados a la interpretación y precisamos métodos para que nuestras percepciones, ideas, visiones del mundo sean las más confiables posible.

Por otra parte, cuando consideramos las certezas, incluyendo las científicas, de los siglos pasados, y cuando consideramos las certezas del siglo XX, vemos errores e ilusiones de los que nos creemos curados. Pero nada dice que estemos inmunizados de nuevas certezas vanas, de nuevos errores e ilusiones no detectados. Además, la escasez de reconocimiento de los problemas complejos, la sobreabundancia de saberes separados y dispersos, parciales y tendenciosos cuya dispersión y parcialidad son, ellas mismas, fuentes de error, todo eso nos confirma que un problema clave de nuestra vida de individuos, de ciudadanos, de seres humanos en la era planetaria, es el del conocimiento. Por todas partes se enseñan conocimientos, en ninguna parte se enseña qué es el conocimiento, mientras cada vez más investigadores comienzan a penetrar en esa zona misteriosa, la del cerebro/espíritu humano.

De donde la necesidad vital de introducir, desde las primeras clases hasta la misma universidad, el conocimiento del conocimiento. Así, enseñar a vivir no es sólo enseñar a leer, escribir, contar ni sólo enseñar los conocimientos básicos útiles de la historia, de la geografía, de las ciencias sociales, de las ciencias naturales. No es concentrarse en los saberes cuantitativos ni privilegiar las formaciones profesionales especializadas, es introducir una cultura de base que comporte el conocimiento del conocimiento. […] Y, haciendo camino, adquirí la convicción de que nuestra educación, que brinda útiles para vivir en sociedad (leer, escribir, contar), que brinda los elementos (desgraciadamente separados) de una cultura general (ciencias de la naturaleza, ciencias humanas, literatura, artes), si bien se consagra a preparar o proporcionar una educación profesional, presenta una carencia enorme en lo que concierne a una necesidad  primordial de la vida: equivocarse e ilusionarse lo menos posible, reconocer fuentes y causas de nuestros errores e ilusiones, buscar en todos los casos un conocimiento lo más pertinente posible. De donde una necesidad primaria y esencial: enseñar a conocer el conocimiento que es siempre traducción y reconstrucción. ¿Es decir que pretendo traer la verdad? Traigo medios para luchar contra la ilusión, el error, la parcialidad. Las teorías científicas, como lo ha mostrado Popper, no aportan ninguna verdad absoluta y definitiva, pero progresan superando errores. No traigo una receta sino medios para despertar y estimular los espíritus a luchar contra el error, la ilusión, la parcialidad y, especialmente, contra aquellos propios de nuestra época de vagabundeo, de dinamismos incontrolados y acelerados, de oscurecimiento del futuro, errores e ilusiones que, en la crisis actual de la humanidad y de las sociedades, son peligrosos y quizá mortales.

El error y la ilusión dependen de la naturaleza misma de nuestro conocimiento, y vivir es afrontar sin cesar el riesgo de error y de ilusión en la elección de una decisión, de una amistad, de un lugar para vivir, de un (a) cónyuge, de un oficio, de una terapia, de un candidato en las elecciones, etcétera. […] Con todo, hay que tomar decisiones y, por ello, hacer elecciones. Lo que el pensamiento complejo enseña es a ser consciente de que toda decisión y toda elección constituyen una apuesta.

(FUENTE: Morin, E. (2015). Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación. Buenos Aires: Nueva visión. (Fragmento)).

Todo lo que se enseña actualmente constituye, en cierto modo, una ayuda para vivir: las matemáticas son útiles para saber calcular (aunque las calculadoras nos hicieron perder el hábito) y, sobre todo, razonar lógicamente; las ciencias naturales para reconocernos en el universo físico y biológico; la historia para arraigarnos en el pasado e insertarnos en el devenir; la geografía para hacernos leer la historia de nuestra Tierra a través de la deriva de los continentes, los plegamientos, el levantamiento de las montañas, el tallado de los valles; la literatura nos permite desarrollar nuestro sentido estético y tanto las grandes novelas como los grandes ensayos podrían enseñarse como una educación de la complejidad humana. La filosofía debería mantener o reanimar en nosotros la pregunta sobre nuestra existencia y desarrollar en nosotros la capacidad reflexiva. El aporte de la cultura científica y el de la cultura humanística, desgraciadamente cada vez más separadas, podrían unirse para constituir una auténtica cultura que fuera auxiliar permanente de nuestras vidas. Pero eso ya requiere una profunda reforma.

Por ahora, Radio Gea Informa…

Escuelas para divertirse y pantallas para aprender.

Autor: Néstor García Canclini.

Para Sofia:

Cambió el significado de ser niño, adolescente o joven. En los últimos años, varios estudios ponen en duda la frase que sostenía “los jóvenes son el futuro”: tienden a verlos como protagonistas del presente porque cada vez más jóvenes dirigen industrias en áreas estratégicas, como la informática y los medios audiovisuales. Por cierto, los jóvenes son también parte central de lo que sucede hoy por su alto porcentaje en las estadísticas del desempleo y las migraciones, en las muertes violentas como soldados, sicarios o víctimas de la violencia social. Los niños también desempeñan papeles que acostumbrábamos adjudicar a los adultos. Con frecuencia, en trabajos prohibidos para menores. En otros casos, es un niño de 10 o 12 años quien explica a sus padres o a los maestros cómo buscar información en Internet o descargar un video. La imagen del niño como un ser humano incompleto, que debe formarse para participar plenamente en la sociedad, es tan anacrónica como la que concibe el proceso educativo como transmisión de un conjunto de saberes definitivos, ordenados y jerarquizados de una sola manera.

¿Qué hacía un adolescente de 15 años hace dos décadas cuando llegaba a su casa? Escribía a mano las tareas para la escuela, veía televisión con su familia o, en clases más favorecidas, se encerraba en su habitación para elegir, en su propio televisor, los programas que le gustaban. Hoy, apenas entran en su cuarto, los niños y adolescentes encienden la computadora, hacen en ella su tarea escolar al mismo tiempo que “chatean”; puede ser que simultáneamente tengan prendida la tele y conversen por el celular o manden mensajes de texto. La convergencia tecnológica tiende a reunir todos estos aparatos y tareas en uno solo. Así como se fusionan las empresas de radio, televisión, editoras de música, de libros y los servidores de Internet, en el celular o el iPhone aparecen textos, imágenes y canciones. Todavía, los adultos buscamos en libros lo que queremos conocer, vamos al cine o al teatro para entretenernos, encendemos la computadora para escribir correos, leer los que nos mandan y buscar lo que no encontramos en la biblioteca o la librería. Los jóvenes y los niños, aunque sigan yendo al cine y a conciertos, parten del principio de que todo esto viene junto, articulado en un sistema multimedia. Las nuevas generaciones diferencian cada vez menos entre ser lector, espectador e internauta.

Es verdad que quienes tienen menos recursos económicos no pueden comprar los aparatos más sofisticados, pero eso no significa que éstos no entren en su horizonte. Según la Encuesta Nacional de Juventud de 2005, sólo 32% de los varones y 34.7% de las mujeres de México, que tienen entre 12 y 29 años, poseen computadora, pero 74% sabe manejarla. Los cibercafés, las escuelas y la relación con amigos hacen que el acceso sea menos desigual que el equipamiento tecnológico de los hogares. Ante la nueva situación, muchos padres y maestros argumentan que los videojuegos no enseñan o que el saber sólo puede adquirirse en la escuela y los libros. Algunos ejemplos demuestran que es cierto, pero el cambio es más amplio y radical: se modificó el sentido de conocer y la combinación de los modos de lograrlo. Además de lo que los niños aprenden en la escuela, acumulan datos e información gracias a la televisión, Internet y los intercambios digitales con amigos. Así, adquieren destrezas que los habilitan para otras zonas de la vida ya informatizadas. Amplían sus referencias porque se les facilita acceder rápido, y sin desplazarse, en un solo aparato, a la música de moda y el rock de otras épocas, el humor y las noticias en varios idiomas, los relatos creados en México, los mangas y anime japoneses, y las letras de canciones en inglés traducidas con sólo tocar una tecla. La movilidad sin moverse, el acceso diverso y también disperso, la “naturalidad” con que los niños se desempeñan en los nuevos lenguajes y dispositivos hace difícil trazar fronteras de edad. ¿Se acaba la niñez al terminar la escuela primaria o cuando se ingresa al primer trabajo? Los límites son inciertos. Antes se pensaba que comenzar a trabajar marcaba el inicio de la juventud y que ésta se acababa al dejar la casa de los padres, pero en los países latinoamericanos el primer trabajo puede tenerse a los ocho años, en tanto los sociólogos europeos estiran la juventud hasta los 35 años tomando en cuenta los porcentajes de jóvenes con trabajo que viven con sus padres.

Homero Simpson dice que lo bueno de Internet es que ahora no es necesario educar a los hijos. En parte, esto alude al más temprano aprendizaje para usar saberes y máquinas, fuera de la escuela y la familia, en la sociabilidad generacional. También implica modos de emancipación o autonomía antes imposibles. Al pasar del televisor familiar a la tele de cada hijo, al celular del hijo y otro de la hija (a veces a los seis años), cada uno accede por su cuenta a la información, la comunicación y los entretenimientos. Sabemos que Internet no es suficiente para educar.

Pero las escuelas están poco capacitadas para dar lo que no se encuentra en la red y para trabajar crítica y creativa mente lo que ofrecen las tecnologías recientes. En general, en los salones escolares se maneja el saber escrito, sobre todo libros, y se ha despreciado la televisión y el cine (salvo en países como Francia, donde los medios audiovisuales forman parte del currículum escolar). Un día los maestros vieron llegar las computadoras, que ofrecen a la vez lo escrito, lo audiovisual y lo digital, sin estar preparados para situarse en estas intersecciones. La dificultad de familiarizarse con las recientes tecnologías se vuelve más abrumadora porque la educación formal se negó a encarar, en la etapa anterior, los desafíos y las oportunidades de la televisión y el cine. El desencuentro entre padres, escuelas y medios tiene el aspecto de ser crónico, pero no es fatal. La seducción de las tecnologías más recientes y sus aportaciones innegables contribuyen a que los adultos dejemos de verlas como amenazas.

Si en las aulas y en las casas perdemos el miedo a los medios, lograremos formar, además de escritores y lectores críticos, niños y jóvenes que conozcan con qué técnicas las pantallas movilizan emociones y ayudan a pensar tanto con conceptos como con imágenes, como hacer tareas creativas que no se limiten a cortar y pegar, filmar un videoclip sobre lo que les preocupa o discernir en la red entre lo que pueden hacer público o es privado.

Fuente: García Canclini, N. (2009) ¿Escuelas para divertirse y pantallas para aprender? Revista Proceso, núm. 26, edición especial (pp. 38-39). México.

Radio GEA informa…

La Poesía.

Subgéneros Líricos.

La poesía es algo tan inútil como ocioso, indican algunas personas, restando importancia a la creatividad que no pueden comprender y, sin embargo, el arte poético considera tantos temas y sirve para tantas cosas. La poesía es la verdad que se busca y no se encuentra, es el origen de los tiempos, es el anhelo por la modificación de los hombres, es la energía que se renueva, es pureza infantil, es temperamento esencial, es el empeño de los que requieren de salvación, es fusión entre amor y muerte, es causa, efecto y consecuencia, es el consuelo de los necesitados y es el refugio supremo de los que saben interpretarla. La poesía es palabra, y la palabra es lenguaje, uno muy especial porque en él está depositada la grandeza artística de lo sublime. La poesía se dirige al universo, lo sigue y lo persigue, lo alcanza, lo captura y lo hace suyo, porque en la voz del poeta está la presencia de un ente superior. Éste la lleva hasta el alma de esos seres tan extraños y tan fuera de lugar que son los poetas, esos seres que asumen una comunicación metafísica con los humanos y que presentan el eco de la voz universal. Como ocurre en las creencias del mundo náhuatl, el poeta es el yoltéotl, esto tiene una circunstancia particular, ya que esta denominación tiene como significado el enviado de los dioses, y el yoltéotl era “el ser iluminado” que se relacionaba con los hombres mediante su obra literaria, en ella se encontraba el poder de la palabra y el contacto con las divinidades. El tono poético puede aparecer en todos los géneros, tanto en los clásicos como en los actuales; con respecto a los primeros puede ofrecerse en la épica y en la dramática. En cuanto a la lírica, ésta es en sí misma y naturalmente poética; de hecho, muchos entendidos utilizan los términos poesía y lírica como formas sinónimas. En los tiempos presentes, tenemos el ensayo que es una reflexión meditada sobre muy distintos temas; en cuanto a éste, en ocasiones, se habla de ensayo poético, así que una vez más está presente la poesía. Por lo común se menciona a la lírica como lo particularmente poético, ya que por este medio conocemos, a flor de piel, la sensibilidad del escritor; en la poesía lírica, podemos entender su forma de pensamiento sobre el desequilibrio universal, su concepción amorosa, la subjetividad de sus criterios y la armonía de sus ensoñaciones, entre otros aspectos espirituales; la posibilidad de la superación, el afecto colectivo, la expresividad de los anhelos están vigentes en el fondo poético. Los grandes temas que permanecen en la condición humana, amor, muerte, vida y sentimiento también residen como testimonios en la poesía lírica.

La  realidad, la imaginación, los ámbitos degradados y los mundos idealizados, a la vez, pueden encontrarse presentes en las nociones de la lírica porque ésta es interiormente sensible y se enfoca hacia las profundidades de la espiritualidad. Si la narrativa es anecdótica y la dramática es representativa; la lírica, por su parte, plasma el sentimiento puro en el texto. Entre más pro-funda es la sensibilidad poética, más humana resulta: la lírica es la literatura de lo excelso, del enaltecimiento, de la conversión y del idealismo. La poesía está construida por el fondo y la forma, los cuales conjugan sus procederes para integrar y lograr el resultado lírico. Se entiende como fondo la temática que da sentido a la poesía, y como forma la conjunción organizada de vocablos que convocan a la comunicación; fondo es el sentimiento mismo, y forma es la estructura correspondiente. En este sentido, la poesía lírica busca la estética interior y la estética exterior. Este gusto por lo sensible y lo bello ha estado presente en el espíritu humano desde los más antiguos tiempos, no hay que olvidar las “jarcias” y las “muhuashajas”, que son las primeras composiciones líricas que surgen en la España medieval, y también debemos voltear la mirada al presente, considerar la canción popular de hoy en día que llega hasta nosotros por toda clase de medios tecnológicos; en muchas de ellas se ofrecen rasgos puramente líricos que mueven y estimulan los sentimientos de los oyentes. A pesar de lo que se piense en círculos sociales alejados de la cultura artística, la poesía sigue presente en la actualidad conmoviendo a una gran cantidad de personas que la hacen suya a través del contacto directo con la lectura o escuchándola en festividades alusivas. Prueba de la actividad poética que pervive en nuestros días son los recitales públicos, los certámenes literarios, las presentaciones de escritos poéticos, las lecturas en voz alta, las mesas redondas sobre publicaciones poéticas, las entrevistas televisadas a poetas, la presencia de poemarios en las bibliotecas públicas, la venta de textos poéticos en librerías autorizadas, la presencia de ediciones antiguas en puestos improvisados, etcétera.

La poesía lírica tiene diferentes perfiles de estructuración, veremos a continuación algunas de las más importantes composiciones.

Oda

Se trata de una composición poética que proviene de la antigua civilización griega y que ha llegado hasta nuestros tiempos. La oda tiene la característica de ser cantada, o de decirse en voz alta acompañada de un instrumento musical, como podía ser la lira; justamente de este término, con el cual se denominaba a aquel instrumento, viene el vocablo lírico o lírica. La oda presenta distintos temas y especialmente se dirige a héroes, exaltando sus atributos, o a cualquier persona con el propósito de rendirle homenaje; la oda puede ser religiosa,

heroica, amorosa o filosófica, destacando siempre al individuo u objeto que tiene como motivo de inspiración.

Este tipo de composiciones tiene un origen mitológico, pues se supone que el primer declamador o cantor que las elaboraba como fuerza creadora fue Orfeo, héroe del universo mítico griego, que se dedicaba a la música y a la composición. Como señala cualquier mitología, pierde a su esposa, Eurídice, y sabiendo que ella ha pasado a la otra vida, baja al lugar de los muertos con el propósito de recobrarla. Se acompaña de su lira y de su ingenio poético, esperando que con ambos podrá convencer a las divinidades infernales para que su bella cónyuge le sea devuelta. Ahora bien, en realidad fue Píndaro, el primer magno cantor de la lírica griega, el que le concedió grandeza y virtuosismo a este tipo de composiciones. A él lo siguieron otros poetas de reconocida trascendencia en la antigüedad como Safo y Alceo, Anacreonte y Horacio, hasta llegar al mismo fray Luis de León con La oda a la vida retirada y, en épocas recientes, Pablo Neruda con Odas elementales.

Elegía

En sus orígenes, la elegía proviene de la antigüedad clásica, de Grecia en específico. Se trata de un canto funerario o de una lamentación por la muerte de una persona; es una composición poética de tipo lírico que se decía en los funerales como una especie de homenaje mortuorio.

Era de cierta brevedad; posteriormente, modificó su tamaño y se hicieron de mayor extensión y de diversos temas dolorosos que traían como consecuencia un pesar lírico por el fallecimiento de un ser querido. En su desarrollo, amplió sus perspectivas y usó como motivo los problemas familiares, los desastres provocados por las batallas, los problemas nacionales e, incluso, el quebranto por los conflictos amorosos. Si se puede decir que la oda es un homenaje a la vida, la elegía es un culto a la muerte, es un lamento por el despojo y el duelo irreparables que el hombre ha sufrido.

Las elegías se pueden clasificar en dos grupos: las llamadas elegías heroicas y las que se conocen simplemente como elegías. Las primeras implican una voz colectiva pues tienen por tema causas públicas, y las segundas presentan un duelo por motivos personales y, en este sentido, son más íntimas. Para su construcción, se habla del verso pentámetro o dístico elegíaco. Según se sabe, las primeras elegías proceden del siglo VII antes de Cristo y dos grandes escritores se disputan el honor de haber sido el primero en darlas a conocer, es decir, de ser reconocido como el creador original. Los especialistas no han llegado a una conclusión fundamentada sobre esta situación, y el nombre de los contrincantes literarios son Calino y Arquíloco. Si bien en la actualidad la elegía no está a la orden del día como tal, el sentimiento permanece porque la huella por el ser querido siempre es motivo de pesar y se convierte en duelo. El sufrimiento elegíaco se padece por una amistad perdida, por la patria lejana, por las desgracias inesperadas, por los afectos no correspondidos, por un cambio de fortuna inesperado. En este sentido, podemos recordar la famosa “Elegía a Ramón Sijé”, de Miguel Hernández o “La muerte del mayor Sabines”, de Jaime Sabines.

Égloga

Se trata de una idealización amorosa entre dos pastores (pastor y pastora), igualmente sublimados, que viven su romance en un escenario pastoril o bucólico; esto no es otra cosa más que un pretexto para rendir homenaje a la naturaleza y al tipo de vida que ésta prodiga. Las primeras églogas se recrean en la antigua Grecia y se surten de recurrencias de orden teatral para el lirismo de su expresividad, especialmente usan el monólogo y el diálogo. En ocasiones, el poeta mismo toma la personalidad del pastor para que, por medio de este re-curso, dé rienda suelta a su sentimiento poético. 

Las primeras églogas de las cuales se tiene noticia fueron creadas por Teócrito con el nombre de Idilios. Posteriormente, la evolución de las églogas siguió adelante haciéndose más extensas bajo la autoría de otros nombres, como fueron el de Virgilio, que adoptó la idea de encubrir su personalidad bajo la figura de un pastor y darle un toque autobiográfico. De esta manera, siguió idealizando personajes pertenecientes a la realidad social encubriéndolos con una apariencia pastoril; asimismo, las relaciones humanas toman presencia en un juego amoroso que tenía cierta conexión con acontecimientos provenientes de su vida personal. Con el Renacimiento, las églogas se retoman con Giovanni Bocaccio y Jacoppo Sannazaro; más tarde, hacen nuevas creaciones nombres tan destacados en la Historia de la literatura como Juan del Encina, Garcilaso de la Vega, Juan Boscán y Lope de Vega. También se dieron casos en que la égloga era tan común y popular que con cualquier pretexto aparecía una composición lírica de este tipo en el desarrollo de una novela pastoril.

Canción

Este término se gestó para nombrar poemas líricos que tenían la característica de ser cantados y acompañados con música. Esta determinante no es del todo exacta, porque muchas canciones en realidad eran odas o romances u otro tipo de composiciones a las que se les daba este nombre; así, llegó un momento que a cualquier poesía de tipo lírico con tema amoroso se le dio tal denominación. Posiblemente, el primer escritor que las popularizó fue Petrarca con su libro titulado Canzoniere; pero debemos señalar que las canciones como tales son más antiguas que la literatura medieval, y tuvieron su origen en tiempos de las épocas griega y romana.

De forma Poética… RADIO GEA INFORMA.

La otra cara de Dios.

La nada no existe por sí sola, nosotros la creamos y la significamos. El vacío no está fuera del hombre, posiblemente tampoco existe, el vacío, la nada, está dentro de nuestra existencia y nosotros únicamente la proyectamos en los mantos de nuestra realidad. Esto provoca que el hombre sea estrictamente individual y responsable de su propio descubrimiento.

La Nada es de forma abstracta, la otra cara de Dios”.

En la primera mitad del siglo XX se creó un debate inconsciente y transgeneracional entre dos grandes filósofos, por un lado, en 1927 Martín Heidegger nos ofrece su discurso del “Ser y el Tiempo”, en lengua germana nos explica (entre otras cosas) su percepción del Hombre, por otro lado, en 1943 surge en Francia una especie de respuesta que lleva por nombre “El Ser y la Nada” escrita por Jean Paul Sartre. 

El hombre es un artesano de las palabras, todo lo nombra y con ello le da presencia a las cosas, más no existencia, inventamos conceptos tales como libertad, muerte, amor, entre muchos otros que sí somos objetivos rápidamente descubriremos que no existen; se trata de una paradoja curiosa porque el hecho de que sean fenómenos inexistentes, no significa que no nos importe o que no nos impacte, al contrario, tienen significados tan profundos, que por ello terminan determinando nuestra vida. El cero lo inventamos como una representación de lo que no existe; el vacío es sinónimo de algo que ya se agotó, de todo aquello que fue eliminado, es equivalente a lo desierto, a lo frívolo, a lo que está ausente, es un término que aplicamos a las personas “que son pero no están”. Pero el concepto de la Nada es por demás trascendente, obviamente porque por definición no puede existir pero al mismo tiempo lo puede ser todo. El concepto de la nada no se le puede aplicar a los objetos, se trata de un supuesto ontológico que solo aplica al ser.

«Ser o no Ser, ese es el dilema».

En este infinito universo solamente se desenvuelve la existencia, todo es, todo lo que contiene la realidad existe, por lo tanto, una negación, la Nada, solo es una enunciación del conocimiento, es la creencia intuitiva de que posiblemente algo no existe, pero si ese algo no existe ¿Cómo es que lo sabemos? Por cuestiones lógicas no podemos pensar en algo que no existe porque obviamente al pensarlo le estamos dando existencia. Esto quiere decir que todo tipo de negación nace más bien del rechazo de la existencia. La Nada es entonces un rechazo que provoca carencia, ausencia y sobre todo angustia.

Los seres humanos tenemos poderes divinos, somos Dios pues lo creamos a nuestra imagen y semejanza y si lo deseamos reducimos todo a la nada, tras un proceso cognitivo traemos la Nada al mundo, ahora, tenemos que definir algo, ¿La nada es un producto de la negación? O ¿Se presenta la negación y el NO ante la idea de la nada? La cuestión tiene gran importancia pues la respuesta justifica el papel del hombre, lo responsabiliza o lo exime. Por eso digo que la Nada es el otro rostro de Dios, por ejemplo, si Dios existe y nos tiene determinados eso nos exime de muchas culpas, pero si no existe, estamos en problemas serios. Si la Nada es externa al hombre no le incumbe, pero si esta se gesta dentro de nosotros se trata de una responsabilidad muy fuerte. Así como hemos creado palabras para nombrar cosas inexistentes, nos hace falta crear neologismos que simbolicen nuevos presentimientos.  Si Dios no existe o la Nada es externa a nosotros estos fenómenos se imponen ante nuestra insignificante vida y nos provoca un miedo pánico hacia la realidad, evidentemente estos sentimientos trastocan nuestra vida y nos obligan a transformarla, pero, si Dios existe o la Nada es interna esto nos provoca angustia y nos trastorna psicológicamente. La angustia se diferencia del miedo porque este es un síntoma de sobrevivencia mientras que la angustia es un deseo de trascendencia, el miedo es al mundo, la angustia es al hombre, el miedo es una amenaza que provoca la modificación de nuestras vidas pero la angustia es un confrontamiento humano personal, porque no se trata de significar la realidad sino significarnos a nosotros mismos.    

El hombre común y gracias a la ciencia, se siente seguro pues el conocimiento científico avanzado rechaza la existencia de la Nada y determina que el todo nos envuelve, pero el hombre metafísico descubre esa nada que está oculta dentro de nuestro ser y obligados por la angustia la compartimos y la proyectamos hacia lo que percibimos, estamos condenados a traer esa nada al mundo y eso nos abre la inmensa responsabilidad de estar a la altura de nuestros actos pues mediante ellos significamos al mundo, actuamos llenando ese vacío interior, pero si no actuamos la Nada nos consume; “de la nada inconsciente venimos y hacia la Nada consciente nos dirigimos, si en este momento de lucidez no actuamos, en eso nos convertimos en NADA.

Si ya comenzamos a entender la paradoja de la “Nada”, el “to be or not to be” comprendemos que el hombre es el único responsable de sus actos, es el individuo quien establece sus propios valores y actúa conforme a ellos; el hombre que se refugia en valores ajenos, en la moralidad colectiva, quien vive en un mundo con valores que no entiende y que son alienantes sigue siendo un individuo que renuncia a su propia responsabilidad personal en un intento de mitigar su angustia.

«Un Hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo».

En un lugar del planeta existe un supermercado normal donde la gente elige qué comprar y hace cola para pagar, pero si acudimos a él nos vamos a llevar una sorpresa, los clientes miran con curiosidad los productos, los agitan y los tocan hasta que descubren que todas las cajas, las latas y las envolturas están vacías; obvio y es real, del envase no sale shampoo y en las latas no hay bebida y las bolsas de fritura están llenas de “NADA”, este supermercado está en China (como lo puede usted comprobar si acude a él) y todos los productos que se encuentran en sus estantes se encuentran literalmente vacíos menos la intención comercial, esta es clara y reflexiva, se trata de provocar una reacción al consumismo irracional, la iniciativa de esta tienda NO es vender, sino provocar una introspección personal, lo absurdo es que sí venden y posiblemente vende más que una tienda normal obviamente porque sus envolturas vacías pero limpiamente cerradas se convierten en una curiosidad.

Cuando esta perspectiva de lo vacío llegó a las artes, la crítica social comenzó a tomar formas más significativas, por ejemplo, en 1962 el artista francés Yves Klein creó las “Zonas de sensibilidad pictóricas” que consistía en una serie de performances, libros, pinturas y espacios visiblemente vacíos, obviamente las justificaba como objetos idóneos para dedicarse a la espiritualidad para meditar, relajarse, aislarse y contemplar desde una visión radicalmente distinta a la vida. Evidentemente esta obra superó a la pintura y a la escultura, dando paso a una pieza de arte acción en la que el principal material de composición era lo inmaterial. El proceso dentro del fenómeno de compra venta era lo obra misma, por ejemplo, comprar el contenido de una vitrina vacía no era el objetivo final, comprar un poco de pigmento seco y resina sintética sobre un cartón, o sea, un trozo de cartón pintado simplemente de color anaranjado, no era el fin último, el performance propuesto por el artista consistía en la compra venta de un espacio “Vacío” a cambio de un poco de oro, el comprador pagaba el oro convenido, se le entregaba su mercancía, literalmente nada, y a continuación podía conservar el recibo de pago o continuar con el concepto porque para finalizar el fenómeno se le pedía al comprador que incinerara el papel y el oro era arrojado al río Sena. Para validar la transición se contaba con un crítico de arte, con el director de un museo y un notario como testigos.

Somos el único animal que al rechazar por miedo el “vacío” descubrimos la “nada”, confrontamos el incalculable valor del arte en un sistema capitalista que le pone precio a todo, cuando le ponemos precio a un objeto lo convertimos en propiedad privada, no cabe duda que somos genialmente inteligentes o somos impresionantemente estúpidos; esta obra artística puede compararse con la inversión intangible de comprar una estrella, si yo presumo que un planeta me pertenece, mi interlocutor pensará que estoy loco, pero si le muestro un recibo certificado que demuestra que pagué por ello automáticamente la cosa cambia; Pero ¿por qué? Queda claro que estamos viviendo tiempos insustanciales, la tecnología es sorprendente pero nosotros no estamos a la altura de tantas maravillas.

El artista mexicano Enrique Jurado Nieto ilustrador de el libro “Respirar el Vacío” nos grita a través de su obra precisamente todo esto en su serie de pinturas que llevan por nombre “La Era del Vacío” y que ilustran este ensayo, son un ejemplo de que ya nada nos conmueve, solemos menospreciar las pequeñas cosas y con ello devaluamos nuestro momento histórico. “Quicasso” además de mostrarnos que el arte se encuentra en todas partes, nos demuestra al igual que Yves Klein que estamos construyendo una época preocupante donde por un lado el objeto del arte ya no es un lienzo o una escultura, sino el recibo de propiedad, producimos nada a precios exorbitantes pero el que paga por ello se lo merece, lo que se nos presenta primero como una comedia y trasmuta a una tragedia es lo que se encuentra detrás del fenómeno y que nos obliga a preguntarnos. ¿Qué somos realmente?

Hemos forjado una sociedad moderna hueca, vacía de significado y con una moral mediocre y no me lo tienen que creer, solamente hay que salir a la calle para comprobarlo, sin embargo, esto siempre tiene solución, yo creo que debemos confrontarnos y evocar un nuevo movimiento existencialista que provoque una reacción humana, porque finalmente lo que hace a los seres humanos diferentes a todas las demás especies es el hecho de que podemos elegir qué hacer, es finalmente nuestra única y verdadera responsabilidad, no existe un camino de salida trazado para llevar al hombre a su salvación; debemos inventar constantemente nuestro propio camino, porque al intentarlo somos libres y responsables, se terminan las excusas y nacen dentro de cada uno de nosotros nuevas esperanzas.

Vamos a ser auténticos, ya no debemos autoengañarnos, tenemos que decidir ser comprometidos y asumir la acción, existen demasiadas exigencias inevitables en estos tiempos, como para pasar viendo cómo se comportan los gatos en las redes sociales. 

La autenticidad misma se ha convertido en una mercancía, nos venden grabaciones “auténticas” en discos de vinilo (otra vez), “auténticos” cereales para el desayuno, ropa “auténtica” y “auténticas” experiencias de vacaciones; pero nos debe quedar claro que la auténtica autenticidad tiene más que ver con la honestidad y el estado de alerta, por ejemplo, la tarea distintiva de un filósofo debe permanecer siempre vigilante para que cuando los delirios políticos seductores o las mentiras comerciales se arrastren sobre nuestras mentes, ellos nos despierten del vergonzoso error, es su obligación juzgar el discurso, señalarnos el engaño y ayudarnos a labrar una decisión menos contaminada, la nueva filosofía debe salir al mundo y hacer la diferencia, por otro lado, las artes no solamente deben hablar y entregar discursos huecos, es su obligación hacer campaña contra la ignorancia y la estupidez, solamente ellas tienen la plena autoridad de mostrarnos como en un espejo cuan idiotas llegamos a ser los seres humanos, las artes plásticas tienen la posibilidad de inocularnos la creencia de la importancia que envuelve el compromiso, los artistas del mundo deben tomarse atributos, deben de tomar incluso pequeñas decisiones como si fueran a decidir por toda la humanidad.

A partir de ahora sabemos que existe el vacío y que la Nada nos gobierna, la tecnología nos ha desvalorizado, la modernidad de este nuevo siglo ha dejado vacantes nuestras almas, nos están forjando sueños desiertos; son tiempos difíciles, el pensamiento se estancó, nos encontramos embrutecidos con el juego de significados que se tejen en las redes sociales y estamos al final desinteresados por las personas reales. Siempre es un buen momento para volver a empezar, vamos a responsabilizarnos y para estar a la altura de estos tiempos vamos a comenzar por respondernos sin autoindulgencia las preguntas más grandes y personales que nunca hemos sabido resolver. ¿Qué somos? ¿Qué nos hace realmente diferentes de los otros animales? ¿Qué es la Libertad? ¿Cómo podemos seguir viviendo de manera significativa y con un propósito? ¿Qué responsabilidades personales tenemos? Obviamente, estas cuestiones las debe responder el espíritu y su valor final radica en la autenticidad de la respuesta. Volvamos a un nuevo existencialismo. ¿Por qué? Evidentemente los existencialistas no nos dan soluciones fáciles y como alternativa humana se tornan demasiado defectuosos pero finalmente son exigentes y lo más importante es que nos recuerdan que la existencia es difícil y que los seres humanos ante tal situación nos  comportamos de forma terrible, debemos confrontar nuestra existencia para intentar llenar el vacío que nos enferma. 

La Nada es un síntoma, es una proyección psicológica del hombre hacia el infinito espacio.

Una vez más … Radio GEA Informa.

El Futuro Patrimonio Humano.

Todos los seres humanos tenemos vicios, defectos que de forma sublime se convierten poco a poco en nuestra medicina personal, los libros, el sexo, los enervantes, la pornografía, la belleza, el arte, las drogas, algunos de estos daños sufren el duro juicio social, mientras que algunas de estas virtudes son magnificadas por su consumo pero finalmente todas representan un alivio, una fuga, son terapias que nos curan heridas y nos devuelven la paz. Las adicciones también crean revoluciones, todos somos adeptos a una ideología,  a un partido político, o a un equipo que nos representa, somos adictos al amor, somos adictos a las personas, somos adictos de la atención, somos animales acomplejados, vacíos de sentido, somos seres simpatizantes de la autodestrucción; la realidad es tan violenta que nos duele, la vida pasa fácil pero nos deja heridas profundas, por eso buscamos todos los días un placebo que nos dé el coraje de seguir intentándolo, tenemos corazón, tenemos alma, fabricamos sueños, sentimientos y esperanzas, nos desfragmentamos como un rompecabezas y solamente nuestras filias nos vuelven a unir.

Somos seres primitivos y con un carácter infantilmente simple, somos como ardillas desconfiadas, perdidas en un bosque agresivo, solamente observamos una opción de comportamiento, un propósito dentro de todas las alternativas que nos ofrece esta sorprendente realidad, y al no aceptar que tenemos diferente opciones, hemos elegido la más estúpida, ACUMULAR, nunca nos conformamos con lo que tenemos, siempre deseamos más. Somos animales inseguros que le temen al devenir y en un intento de evitar un dolor futuro, nos prevenimos y buscamos escapar del “fracaso”, acumulamos conocimientos para tomarle ventaja a los demás animales, acumulamos bienes para darle seguridad a nuestra familia, acumulamos poder para dominar a los demás, en resumen, solo acumulamos. 

Los seres humanos estamos más preocupados por poseer que por conocer. No queremos entender nada, soltamos todo y elegimos una sola motivación, al igual que cualquier acumulador social, acaparamos recuerdos y objetos que en algún momento fue valiosos pero que si miramos en retrospectiva la acumulación termina siendo al final una pila de basura, los despojos llenan nuestra casa y nuestra vida, tenemos la cultura de lo fácil, de lo inmediato y esto provoca una depreciación de la cultura, de las artes, de la ciencia, es evidente que esa actitud genera mucha basura.

Uno de los inventos más ociosos y obviamente ventajosos de la humanidad es la economía, una disciplina que administra los recursos más valiosos que tenemos y que nos obliga a pelear entre nosotros por los recursos más escasos, es así como se justifica el feudalismo, el esclavismo y el imperialismo, hemos tenido diferentes monedas de intercambio e inventamos oferta y demanda muchas veces inexistente, vivimos diferentes mercados pero hoy en día estamos sufriendo algo que llamamos la economía de la información, un mercado que gira en las muy populares redes sociales. Al parecer, dentro de este nuevo mundo comunicativo generamos en tan solo dos años más información que lo que se ha escrito en toda la historia de la humanidad, lo malo es que toda esta información es errónea o innecesaria, estos ambientes virtuales solamente los usamos para mendigar un poco de atención y gracias a toda una elaborada red de diseñadores y técnicos programadores en computación se ha convertido en nuestro nuevo vicio, es la más novedosa adicción que hemos adquirido.

Esta necesidad egocentrista crea un nuevo mercado donde se colocan productos a cambio de un poco de atención, esto quiere decir que nosotros no somos el cliente, ni mucho menos, el objeto o fin último, todas las cortesías necesarias son para las empresas y a nosotros solamente nos manipulan y nos acarrean como ovejas, es así como descubrimos que nosotros no ganamos nada con las redes sociales, no ganamos dinero, eso es propio únicamente para las empresas, tampoco obtenemos conocimientos correctos porque el grueso de la información es errónea; por otro lado, estamos perdiendo cualidades humanas, por ejemplo: cada vez es más escaso entre los hombres algo que en tiempos románticos llamaban empatía, solamente acudimos a la red de internet para consumir basura, no entramos a leer un libro electrónico o a un foro cultural ¡NO! Sería perder el tiempo, entramos para sumarnos al bulling colectivo, nos encanta la información amarillista, queremos certificar que hay personas a las que les va peor que a nosotros, nos burlamos y disminuimos a la diferencia, yo te doy un like si tú me das dos; es increíble que a través de un medio de comunicación masiva estemos perdiendo precisamente eso, la comunicación, estos espacios sociales deben informarnos, entretenernos, educarnos y sobre todo unirnos, pero está sucediendo exactamente lo contrario, las redes sociales nos están fracturando como sociedad, una escena común hoy en día se encuentra dentro de nuestro propio hogar, en la noche mientras nos integramos nuevamente, cuando nos reunimos como familia, antes que saludarnos y preguntarnos cortésmente cómo nos fue en el trabajo o en la escuela nos ignoramos, el padre se refugia en Facebook, los hijos disfrutan su noche mandando selfies por Instagram y la madre es feliz compartiendo su vida a través de WhatsApp. También estamos perdiendo inteligencia y los ejemplos sobran para darnos cuenta de ello, en la antigüedad todos esperaban a que el sabio hablara porque siempre tenía algo interesante que decir, ahora solamente hablan los tontos que creen que es forzoso decir algo para que los demás sepan de su existencia. Evidentemente, mucha de la información que se encuentra en la red es errónea o descaradamente falsa, pero nadie lo cuestiona, la tomamos y la compartimos sin ningún tipo de filtro, obviamente existen curadores de información  pero de nada sirve porque a la mayoría eso no le importa, siempre es mejor la información escandalosa, datos que no solo los jóvenes sino los adultos mismos usamos de forma irracional, estamos perdiendo la salud mental.

Hay problemas muy importantes que discutir en el mundo a través de las redes sociales, las guerras, el hambre, la manipulación mediática, el descontrol ecológico, pero, para discutir y resolver estos problemas necesitamos Empatía, Comunicación, e Inteligencia, necesitamos volver a ser seres humanos. Finalmente, si nosotros somos un elemento de las redes sociales también nos hemos convertido en basura porque dentro de esta nueva cultura de lo desechable donde todo se usa y se tira, solamente nos objetivisamos, somos parte de un entorno donde solo se busca un uso y un disfrute momentáneo, los autos son de moda y por lo tanto desechables, las nuevas tecnologías son momentáneas, las consolas de videojuegos, las pantallas, las computadoras, en fin, todo queda obsoleto en muy poco tiempo, usamos esta tecnología un breve momento y rápidamente la tenemos que renovar, generamos basura, los vasos y los platos son desechables, basura, las botellas ya no son retornables, basura, sin embargo, este estilo de vida, está no sólo en los productos que consumimos, sino también en las relaciones humanas, las cuales también se han hecho desechables, creamos una idea de lo efímero, al inicio de una relación, la que sea, amistad, matrimonio o relación laboral, si no sirve se tira. Esta es la visión que generalmente se tiene al llevar una relación, se vive claramente una falta de visión y compromiso futuro o presente, ya no queremos aferrarnos a la permanencia, ya no es imperativo darle importancia al compromiso. Por el contrario, estas nuevas relaciones cuando se deterioran en lugar de hacer algo por recuperarlas, cuidarlas y atenderlas, se van quedando así como si se supiera que al dejar de servir se tiran y punto.  Esta es la idea con la que llegan muchas parejas al matrimonio y al ámbito laboral, “si no funciona, me separo y se acabo”, “ si no me sirve, lo despido y el que sigue”,  obvio, lo malo no es separarse o romper un contrato, si hay problemas de por medio, la dificultad no es separarse, el problema es iniciar un contrato o una relación con una idea de lo desechable. Ya perdimos la costumbre de buscar soluciones, es desgastante para las nuevas generaciones y para la sociedad consumista que siempre tiene la necesidad y el vicio de adquirir.

Las empresas nos crean siempre nuevos vicios, nos provocan la renovación infinita por obvias razones, sucede con la ropa y con los alimentos, a través de los medios de comunicación nos instigan el deseo continuo de renovación sobre las posesiones y nos venden siempre la idea de que la felicidad está ligada directamente a lo que compramos, la felicidad es renovación, dicen las empresas, nos aportan el Fen Shui de los idiotas, planean la obsolescencia y nos esclavizan para que compremos artículos cuya vida es lo suficientemente larga como para no causar quejas de los clientes, pero lo suficientemente corta como para obligarnos a que los reemplacemos por nuevos productos. 

Todo aquello que produce el ser humano, el único animal que siempre se ha comparado con Dios, generalmente acaba tirado en grandes basureros, la creación de basura es inevitable, es nuestro peor invento, es nuestra herencia a este planeta, porque parece ser que la imperiosa y absurda necesidad de tener por siempre cosas nuevas, nunca se nos va a quitar. La tierra proporciona lo suficiente para cubrir las necesidades de cada hombre, pero nunca será suficientemente grande para satisfacer la codicia de cada uno de nosotros, la basura no habla pero definitivamente dice mucho de su creador.

Radio GEA Informa…

Respirar el Vacío.

Si Vivimos el mejor de los momentos, o estamos en el peor de los tiempos, eso es lo de menos, somos seres presenciando la edad de la sabiduría y también de la locura, creamos la época de las creencias y de la incredulidad; somos la era de la luz y de las tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseemos, pero no tenemos nada… 

Hace un año aproximadamente teníamos en mente la construcción de un libro donde convergerían dos disciplinas bellas, honestas y sobre todo humanas; La Pintura y la Filosofía. En esta antología de pensamientos plásticos y literarios teníamos como proyecto analizar un poco las características propias de esta nueva generación, intentábamos realizar un retrato visual y textual de ese recalcitrante nihilismo que nos gobierna actualmente, al final, el artista plástico Enrique Jurado volvió a la tierra que lo vio nacer y con él se llevó el futuro de este libro que nunca pudo ver la luz. Así que a partir de esta semana intentaremos compartir algunos de estos ensayos en este humilde Blog con la intensión de que no se queden en el olvido. “Respirar el Vacío” … es el título del libro y así mismo representa una inminente amenaza que nos acecha si no hacemos algo al respecto.  

Una vida desprovista de sustancia.

Hemos llegado a nuevos tiempos, venimos del Existencialismo y del Postmodernismo, momentos sociales de crisis espiritual que evidentemente nos dejó agotados y que al parecer, provocó una nueva forma de existir donde se promueve que no se toque la vida. En este nuevo milenio, invocamos lo fácil y lo vacuo, parece como si en todos los estratos sociales viviéramos, cada vez más, una vida desprovista de sustancia. En esta nueva existencia se consume cerveza sin alcohol, carne sin grasa, café sin cafeína, sexo virtual ¡Sin Sexo! E intentamos escapar de esta violenta realidad en la menor provocación posible. Somos una generación cobarde y hueca. Esta nueva actitud humana describe una postura de rechazo a todo lo negativo, intentamos darle la espalda a una de las dos opciones que siempre nos ha ofrecido la vida, queremos los beneficios sin los daños inherentes, cerramos los sentidos a todo lo adverso, no queremos creer que absolutamente todo implica una perdida y una ganancia, tristemente le estamos heredando una paranoia irracional a las nuevas generaciones. Aun así, estos comportamientos humanos nos permiten ser optimistas al respecto porque nos deja entrever que las personas no son el error sino el sistema, todos estamos determinados en gran medida por nuestro entorno, queda claro  que nuestra forma de pensar y la forma en que estamos actuando son una influencia estructural del entorno en el que nos desarrollamos. Los gobiernos lo saben, saben que no pueden cambiar a las personas, al contrario, el pueblo y el estado representativo rompimos nexos históricos y hace mucho tiempo que somos enemigos naturales, somos antagonistas del mismo fenómeno, es por eso que ahora se modifican los sistemas sociales con la intención de que la gente se vea obligada a reaccionar a conveniencia del sistema que nos gobierna. Muchas de las conductas que obedecemos son inducidas por el sistema: las creencias, los prejuicios, los nuevos valores entre los que nos desenvolvemos son determinismos sociales, son constructos de poder. 

Somos resultado de un sistema manipulado, somos “Creaturas” al servicio del gobierno mundial, de este modo, si queremos inducir ciertos cambios personales, hay que transformar también el contexto. El poder opera de diferentes formas sobre las personas ya que también es quien induce una actitud de pasividad o indiferencia entre los individuos. Porque el hecho de no hacer nada no es un símbolo del vacío, es un síntoma y puede aplicarse tanto a situaciones cotidianas como a grandes hechos sociales, el no actuar, el no intervenir de forma activa es una forma de aceptar las condiciones dominantes y corremos el peligro de perpetuar esta actitud social.

Existen muchas personas tristes, decepcionadas de un sistema y además vacías internamente, sin objetivos para su vida individual, obviamente sufren un doble síntoma, no se dan cuenta pero quien se mantiene en estado de pasividad personal, está obedeciendo inconscientemente, o peor aún, bajo consciencia, a un mandato familiar o de círculo íntimo, sufren la manifestación del totalitarismo pero en su vida privada, porque quien siente que no tiene nada que hacer, aunque no se de cuenta está obedeciendo a otro, está pasivamente esperando indicaciones de otra persona. La pasividad social, equivale a la muerte de la consciencia. 

Finalmente, nos encontramos en una nueva realidad, vivimos un nuevo mundo donde gobiernan las empresas y la verdadera economía gira dentro de las redes sociales, a esto se le llama economía de la información porque resulta que en tan solo dos días generamos más información que la que escribimos en toda la historia impresa de la humanidad, pero tristemente tenemos que aceptar que solamente creamos basura intelectual, creamos información virtual que no le sirve a nadie, estamos atrapados en una competencia malsana, diariamente alimentamos una red absurda de comparaciones con los demás. No prestamos suficiente atención a lo que nos hace sentir bien porque estamos obsesionados midiendo si tenemos más o menos placer que el resto, nos estamos convirtiendo en miserables de la atención. Forjamos juntos una época en la que más que nunca nos hemos sometido a la aprobación o a la sanción social. Los nuevos valores se definen en función de la comparación con los otros, el punto ahora no es encontrar lo que nos gratifica personalmente, sino medir si esa gratificación es superior o inferior a la de los demás, lo que nos produce felicidad es superar a otros más que experimentar un sentimiento de superación y desarrollo personal. 

En una época en la que predomina la incertidumbre y donde los intelectuales se encuentran al servicio del sistema nace un ambiente idóneo para las artes, son ellas las que posiblemente nos ofrezcan nuevas alternativas humanas; así explicamos la existencia de este libro, es un espacio donde converge la filosofía y la pintura, no para revelar verdades porque precisamente ese es el principal problema de estos tiempos, donde todos quieren compartir sus verdades sin haber comprobado si son mínimamente ciertas. 

El artista plástico Enrique Jurado Nieto nos entrega su obra con intenciones interrogantes porque creemos firmemente que el arte aporta más preguntando que respondiendo y el profesor Víctor Andrés Cruz Pérez a través de pequeños manifiestos filosóficos intentará crear las preguntas más adecuadas porque precisamente ese es el objetivo al que debe apuntar la nueva filosofía. No queremos entregar respuestas que seguramente están inconclusas, sino forjar nuevas interrogantes para lograr diferentes puntos de percepción ideológica. 

Los intelectuales proclamados, los agentes de verdades mediáticas reveladas hacen mucho más daño que bien a un sistema confundido, porque nos inducen a mantener ideas absolutas o totalitarias que solo nos conducen a nuevas formas de esclavitud. Por eso la pintura y la filosofía se funden en estos textos para demostrar que no necesitamos nuevos profetas, sino generar nuevos senderos de libertad, lontananzas donde hay que madurar y aprender a responsabilizarnos de nuestra propia existencia. 

Vamos a dejar de respirar el vacío; estos manifiestos artísticos nos ayudan a reflexionar y a entender un mundo que no deja de ser complejo y ahora por momentos parece errático, vamos a calibrar la brújula de la época que nos toco vivir… vamos a darle sentido a nuestras vidas desprovistas de sustancia. Y lo vamos a lograr a través del arte el más bello de los lenguajes. El Arte es una afirmación que dentro de sus procesos subvierte sus intenciones creativas en razones netamente axiológicas y sobre todo ontológicas. 

“Respirar el Vacío” es un diálogo que nos invita a darnos cuenta que la modernidad no está cumpliendo sus promesas pasadas, y por ello, los autores nos obligan a aceptar que en lugar de convertirnos en un sueño futurista, nos estamos presentando como una generación vergonzante, como la peor de las Distopías  que ni siquiera el más atrevido de los escritores de Ciencia ficción se hubiera imaginado, estamos pero no somos, a lo más que podemos pretender con esta modernidad es a representar una tibia muestra de lo que es el vacío.

El campo de Batalla donde se escribe la Historia siempre será el lugar donde se decide el destino de los seres y ese campo en su generalidad hirviente pertenece al mundo de las artes, al mundo de la pintura y al mundo de la Filosofía, donde esta obra funge como una fuerza esencialmente creativa cuyas intensiones mueven nuestra existencia. En esta obra radica la magia, el hechizo interminable del artista plástico tijuanense que nos grita, pues la Revolución no es cambio sin alguien que se sumerja en ella en un mundo hecho por completo de percepción, y quien lo observa no es nuestro yo convencional, atado a las impresiones, sino ese otro yo ajeno y original que habita en la frontera de la reflexión. 

Un servidor y el artista Enrique Jurado Nieto somos observadores y críticos que parten de la idea de que sus lienzos, así como la filosofía son un intento de auto reconocimiento humano.

Radio GEA Informa…

Notas sobre el autor plástico…

La vida misma, tanto personal como social tiene una estrecha relación con su obra; concebida y entendida como experiencia, dentro de sus dibujos, no importa el objeto que sea, tanto si es utilitario, como social o poco atractivo, siempre se convierte en un mensaje, siempre es un apéndice del propio artista.  Enrique Jurado Nieto nace en Baja California  y desde su primer aprendizaje hasta el desarrollo presente  de su obra nos ofrece un diálogo donde el artefacto se convierte automáticamente en un hecho artístico (arte – facto), donde teje su magia convirtiendo inmediatamente sus bocetos de sensaciones  en actitudes, desde Tijuana hasta la ciudad de México el autor  aprende a través del arte plástico a plasmar sus más honestas y positivas intenciones en todo lo que realiza, la actividad humana  a través de su pincel, es elevada a lo sublime. Enrique se propone como un crítico radical de  nuestro ser y de todos nuestros actos.  Y precisamente en esta su nueva obra “La Era del Vacío” nos comparte las implicaciones creativas que conlleva la apreciación artística moviendo nuestra conciencia de forma  sísmica así como si fuera cierto que la inteligencia pudiera provocar terremotos, este fenómeno, esta propuesta, representa el descubrimiento personal en relación directa con la conformación de una comunidad, de un todo que exige ser explicado y entendido.  

El Programa de Revista.

Pues sí! Es como si tomarás una revista y la comenzaras a hojear, pasear por sus artículos con la oportunidad de detenerte a profundizar solamente en los temas que más te causan sensación. Ahora… inténtalo de igual forma pero en Radio y Televisión.

El programa de Revista es un Género de producción radiofónica y televisiva que utiliza y combina los formatos de este medio, pero conservando la unidad: noticiero, editorial, comentario, entrevista, charla dialogada o ilustrada, mesa redonda, panel, debate, música, efectos sonoros, etc. 

Su objetivo principal es brindar un momento agradable y de aprendizaje a los espectadores, ofreciéndoles un gran banquete… se trata de que el público aprendan algo pero de una manera divertida.

Los nuevos medios de comunicación, definen a la programación de revista (magazine) como «el género híbrido por excelencia, por ser el mayor contenedor de géneros y en el que se juntan una gran variedad de temas. Es un género que muestra, como ningún otro, el fenómeno de la hibridación de los géneros (informativos, musicales, de opinión, de entretenimiento, etc.) Es un mosaico amplio (puede durar varias horas), caracterizado por la diversidad de contenidos, de tratamientos y de enfoques».

El escritor Umberto Eco señala a la ficción e información como los dos grandes géneros dentro de una nueva etapa de la radio y la televisión denominada nueva comunicación. Por ejemplo, Umberto Eco ordena históricamente la evolución de la televisión en dos conceptos: la paleotelevisión y la neotelevisión. En la neotelevisión aparecen y se desarrollan cada vez más nuevos géneros, llamados híbridos. «Estamos hoy ante unos programas en lo que se mezclan de modo indisoluble información y ficción y donde no importa que el público pueda distinguir entre noticias “verdaderas” e invenciones ficticias» agrega Eco, hoy día llamadas “Fake News”.

Algunos ejemplos de una programación de revista son los siguientes:

  • Docudrama (documental + drama).
  • Docutainment (documental + entretenimiento).
  • Docusoap (documental de la vida real).
  • Infotainment (información+entretenimiento).
  • Dramedia (drama + comedia).
  • Magazine (informativos, entretenimiento, musicales, de opinión, periodístico).

Estos géneros se definen híbridos por ser contenedores de varios géneros y en donde se juntan una gran variedad de temas.

Características de un programa de Revista.

1.- Se dirige a todo tipo de audiencia, pero es habitual trabajar para un segmento o público determinado. Por ejemplo, para jóvenes, para niños o para adultos.

En un programa de Revista se tratan diferentes temas: por ejemplo la violencia infantil, vinculándola con situaciones que pasan en la comunidad y noticias del momento.

Otros nombres que se le da a la programación de Revista es… Magazine, Revista del aíre, programa ómnibus, misceláneas o programa de variedades.

2.- En la Programación de Revista se puede utilizar todos los formatos que existen, relato, noticia, entrevista, conversación, comentario, opinión, poesías, narración, reportaje, música, canciones, dramatización, cuentos, etc..

Un programa de Revista informa de manera amena y cuando tiene segmentos muy serios, los acompaña con otros más ligeros: curiosidades, chistes, cuentos, adivinanzas…

Por lo general este producto es presentado por una pareja de conductores hombre y mujer, o incluso más.

3.- Un formato para cada sección.

Un programa de Revista está compuesto por partes que llamamos secciones o segmentos, cada una con su forma particular, es decir, con su propio formato.

Generalmente en este tipo de programas se suelen utilizar los siguientes formatos:

  • Informativos y de Opinión: noticias comentarios, reportajes, entrevistas, documentales, testimonios, editoriales, mesa redonda, paneles, debates, participación directa del oyente..
  • Microprogramas diversos: charlas narrativas, dialogadas e ilustradas, cuñas o spots, poesías, chistes, sketch, cartas, promocionales.
  • Dramatizados: Socio-dramas, radio-dramas, radioteatros, radionovelas, adaptaciones, serie de personajes, leyendas, tradiciones y cuentos dramatizados.
  • Música: canciones, reportajes musicales, entrevistas musicales, cortinas y fondos.

Partes de un Programa de Revista.

Presentación, carátula o portada (Entradilla).

Aquí aparece el título o nombre del proyecto, y está orientado sobre la temática que trata, y ayuda a visualizar la líneas generales que se desarrollan.

Puede incluir el nombre de la entidad, grupo o la empresa que presenta o produce, el título o nombre del programa.

Menú o índice.

se trata de presentar un menú de todo lo que se tiene para la emisión específica.

Introducción (se plantean los problemas principales).

Debe ser cuidadosamente elaborada, para captar la atención del espectador y despertar el interés. Su objetivo no es agotar el tema, sino ubicar al auditorio y motivarlo a observar el resto del programa.

Secciones (segmentos).

Cada uno es independiente, tiene su propia estructura, un tema y un objetivo específico que contribuye a lograr el objetivo general del programa. 

Los conductores.

Hacen el papel de facilitadores. Deben ser amenos, creativos y activos para fomentar el conocimiento y comprensión de los temas. Entre cada segmento establecen un diálogo con la audiencia.

Analizan críticamente los temas o situaciones planteados en las secciones o segmentos.

Un cierre o conclusión.

Puede ser un comentario final de los conductores.

Contra portada o carátula de cierre (Créditos).

Incluye básicamente los mismos elementos de la presentación.

Condiciones de un Programa de Revista.

Atractiva e interesante.

Un programa aburrido, pesado, no tiene buena acogida. No es atractivo para los oyentes. Para que sea dinámica y atractiva, compartimos algunos recursos a continuación:

  • Adecuada presentación estética.
  • Creatividad, buen gusto y sentido común.
  • Conocimiento de los gustos del público.
  • Buena calidad de imagen y sonido.
  • Uso adecuado del lenguaje.

Fácil de comprender.

Para lograr sencillez y claridad conviene tomar en cuenta los aspectos siguientes:

  • Adecuar el mensaje al nivel cultural de las personas destinatarias.
  • Usar un lenguaje sencillo, fácilmente entendible.
  • Sencillez y claridad en las ideas.
  • Impactar los sentidos.
  • Coherencia y lógica.
  • Ofrecer la información precisa y necesaria.

Lograr la aceptación siendo respetuosa, veraz y honesta.

Un programa de Revista debe ofrecer valores positivos y apreciados que no critica o disminuye a las personas y a sus audiencias. Tampoco ridiculiza aspectos de la cultura y la vida de su audiencia.

Propone algo alcanzable, razonable, deja libertad de opción y sobre todo evita aspectos que causen reacción negativa.

Ofrecer elementos de identificación que muevan a la reflexión y a la acción.

Un programa de Revista debe de ofrecer elementos de la vida cotidiana de la audiencia para que sientan el mensaje y sean capaces de “ponerse en los zapatos del otro” se involucren y pongan en práctica las propuestas del programa. Así mismo debe:

  • Responder a los intereses de sus destinatarios.
  • Platicar con su audiencia.
  • Responder a sus preguntas dudas y necesidades.
  • Evocar vivencias y experiencias comunes.
  • Proyectar imágenes y situaciones de su barrio, comunidad, medio ambiente, etc…

Pasos para elaborar un Programa de Revista.

Primero… debemos establecer ¿Quiénes somos?, ¿Qué queremos y adónde queremos llegar?Debemos conocer a nuestros interlocutores ¿Con quiénes nos queremos comunicar de manera efectiva? Debemos conocer de nuestro público… Sexo, edad, etnia o raza, condiciones sociales, económicas, qué hacen, educación, cuales son sus actividades más comunes.

Segundo… Plantear ¿Qué queremos lograr? y Tener objetivos claros.

Tercero… ¿Y de qué vamos hablar?

A partir de una investigación se define de qué vamos a hablar, qué vamos a comunicar. Debemos asumir temas específicos que se puedan abordar. Pensar y definir qué formatos vamos a utilizar. Ubicar ¿Cuál es el formato adecuado para cada tema?

Cuarto… Describa y póngale nombre al programa. ¿Qué características tendrá el proyecto? ¿Cómo se llamará o se titulará? El nombre se le puede poner al final de plantear  todo el proyecto.

Quinto… Duración, horario y frecuencia. Por lo general duran entre 30 y 60 minutos. Debemos definir el horario y días de emisión.

Sexto… Definir la estructura del programa. A las diferentes partes, espacios cortos o mini-programas de un proyecto, se les llama segmentos y secciones. Se debe tener en cuenta los criterios de interés, utilidad, variedad, sucesión, amenidad, brevedad. Cada segmento puede durar de 8 a 10 minutos.

Séptimo… Pasos para la producción de cada emisión.

Producir una programa de Revista es como armar un rompecabezas. Por eso hay que planificar el día, hora, tiempo y personas necesarias para:

  • Definir los objetivos de la emisión.
  • Determinar el tema principal y los subtemas.
  • Investigar los contenidos de la emisión.
  • Producir cada segmento.
  • Revisar los trabajos realizados.
  • Redactar el guión de conducción.
  • Grabar los segmentos.
  • Grabar la conducción.
  • Montar los segmentos y la conducción.
  • Salir al aire o emitir el programa.

Finalmente…

En radio, la radio-revista o magazine es, desde su origen, un género híbrido, al igual que los son en televisión géneros más recientes como el docudrama o el reality-show. Es, sin embargo, en la televisión donde permanece más fiel a la idea original que lo hizo mundialmente conocido, aunque en ocasiones se confunda con programas magazine. Los magazines matutinos incluyen en el producto una característica del talk-show: la sorpresa, lo insólito de algunos testimonios, para reforzar la presencia cercana de los medios a la gente de la calle y el interés de la producción por promocionar ese acercamiento a su público.

La tendencia tradicional de los últimos años a que los magazines de las mañanas estén más dedicados a la información de actualidad –donde tiene un peso importante la política-, con predominancia de análisis y comentarios por parte de invitados y colaboradores, mientras la cultura, la tertulia, el concurso o la música gozan de más fuerza en el horario de tarde, sigue siendo una realidad, aunque esta realidad aparezca ahora más fragmentada e impregnada de un estilo que está calando en todos los medios, la tendencia al Info-Show. Este cambio de estilo se puede observar en la nueva puesta en escena del programa, con la preferencia por un tono más informal que simula naturalidad para que el oyente, en este caso, se sienta más identificado con “la familia” que hace el programa.

Con independencia de la franja horaria en la que se emiten -mañana, tarde y noche-, los magazines de las emisoras analizadas comparten grandes similitudes entre sí, tanto en su estructura de formato contenedor, como en el punto de partida del espacio, donde basándose en asuntos actuales de interés general, cuentan con testimonios de los protagonistas de la jornada y con la presencia de especialistas en los diferentes temas que se tratan. Para ello se nutren de diferentes géneros periodísticos, dando también cabida a la participación ciudadana, bien a través de la forma más tradicional, es decir, mediante llamadas telefónicas, bien a través de los comentarios, sugerencias y aportaciones que la audiencia deja a través de las redes sociales en las que están presentes estos espacios.

Una vez más. Radio GEA Informa…