
La Identidad es una transformación en movimiento que construimos como un proceso de convivencia, Y lo hacemos para formar parte de una comunidad, de un ambiente donde nos sentimos en armonía con otros. Por supuesto, en nuestra vida pertenecemos a diferentes comunidades, asociaciones o grupos políticos y culturales porque cuando somos parte de un grupo nuestras fuerzas se multiplican y toman significado, es más, si lo pensamos de forma objetiva todo lo que hacemos, lo realizamos con la comunidad en la mente, ya sea para bien o para mal, vivimos por la comunidad y para la comunidad, al menos así era hasta el siglo pasado.
El siglo XX se distinguió por ser un mundo dividido por bloques con diferentes religiones, filosofías y economías que respondían a diferentes geografías, las identidades eran muchas y fácilmente distinguibles, pero en el curso de un siglo aprendimos que ninguna doctrina es más real que otra y descubrimos que cualquier ideología puede pervertirse rápidamente, todas las religiones se mancharon las manos de sangre todas pelearon por el monopolio del fanatismo y todos los pensamientos siguen buscando la exclusiva de lo humano. Sin embargo, esa era parte de la belleza social, la múltiple gama étnica nos unía a toda la humanidad y además, estábamos vivos dentro de las grandes diferencias culturales nos unificaba la angustiante constante de pensar para existir, actuar, defender nuestra propia ideología en defensa de nuestra patria y nuestra identidad. Antes las sociedades eran rotundas y además radicales, atendíamos el adagio que decía “un enemigo es aquel de quien no sabemos su historia”,evidentemente, dando por hecho que su historia representa esa famosa identidad. Odiábamos la diferencia pero establecíamos acuerdos en cuanto conocíamos su punto de vista, finalmente entendíamos que todos somos iguales pero las historias nos diferían. Los Nazis son producto de su historia, los estados comunistas y los estados capitalistas eran ideologías antagonistas que se basaban en los inicios del pensamiento, los presocráticos ya lo habían sentenciado dentro del idealismo y el materialismo, o sea, insisto, la sociedad estaba viva.

La sociedad del nuevo siglo tiene a su disposición un nuevo poder, esta nueva generación nace y crece dentro de las redes sociales, desde muy pequeña toda la gente, todas las personas se desarrollan como figuras sociales, comparten su casa y su vida a través de una pantalla, de esta manera el ser humano adquiere en primera persona la capacidad de proyectar la imagen que quieren vender de si mismo a los demás, ahora somos actores de un teatro donde nadie reconoce realmente al otro, vivimos una comedia en la que representamos un papel que previamente elegimos, vendemos una imagen acorde a lo que la sociedad establece o impone como éxito, de esta forma estamos construyendo una nueva identidad social, la del fraude, ahora ya no somos, solamente parecemos, nuestra nueva identidad es la farsa, el engaño, somos títeres de una tragedia donde los protagonistas ni siquiera se han cuestionado si lo aceptado socialmente lo llevan a la práctica porque realmente los hace felices o aunque les disguste están dispuestos a hacerlo solamente para pertenecer a esta nueva tendencia de personas con identidad falsa. Esta forma de actuar donde ya no importa quienes somos sino lo que fingimos, nos creamos un personaje que proyecta un deseo, una idealidad personal que estamos condenados a no ser en realidad, las personas no tienen una identidad estable para compartir a través de imágenes como hubiera sucedido el siglo pasado, recuerdo mis álbumes de estampas que me hacían conocer como era una persona del otro lado del mundo, como se vestían tradicionalmente los rusos, los orientales o las tribus de Nueva Guinea, ahora los jóvenes son parte de un fenómeno que crea identidades vacías e irreales a través de imágenes. Los adolescentes pelean por construirse una identidad superficial que se alimenta de estándares y referencias que les lleva a vestirse con instrumentos que contribuyen a una individualización, creando una nueva moral que no fomenta el pensamiento de grupo, ni la defensa de ninguna comunidad, lo común hoy en día es no pertenecer, ahora somos animales feroces que buscan aniquilar al más cercano o al más popular, dentro de las redes sociales responsabilizamos a los demás de nuestra propia felicidad y los hacemos cerradamente partícipes de nuestras tragedias, buscamos llenar nuestro perfil de amigos con gente que no conocemos, nos compramos una pantera nos tomamos una foto y la subimos a la red social para demostrarle a los demás que estamos “triunfando”, fingimos una sonrisa dentro de las aplicaciones solamente para demostrarnos o hacernos creer a nosotros mismos que no estamos vacíos interiormente.

Estamos mutando en seres estúpidamente dependientes, estamos acomplejados y somos esclavos de una dependencia que manifestamos en todos los ámbitos, reclamamos la atención continua de los demás, discutimos porque no contestamos los mensajes inmediatamente; ya no sabemos estar solos, nos hemos convertido en una sociedad enferma de apegos, la felicidad radica en hallar el equilibrio entre la aceptación de nuestra identidad individual y la identidad del grupo al que hemos elegido para pertenecer, somos una sociedad “Fashion Victim” donde ya no es necesario definirse individualmente, quedamos satisfechos de ser simplemente clones de identidades que ni siquiera entendemos; sin embargo, es posible que el fenómeno de las Selfies, ir de compras solamente para atrapar el momento o ponernos un traje de baño y fingir la playa puede considerarse desde un punto de vista antropológico un elemento de nueva identidad cultural que comparten las nuevas generaciones, las redes sociales serán la memoria de los valores y los principios morales de este moderno grupo que desesperadamente buscan ser reconocidos. La necesidad constante de tener presencia en las redes sociales, una vez más, refleja la expresión de un vacío interior que las personas no saben llenar. La decisión de aceptar estos nuevos roles sociales o la determinación de atender estas nuevas necesidades absurdas desemboca finalmente en un sentimiento de culpa y una lucha interna derivada no del constructo de una identidad propia sino del miedo a ser rechazado, a no tener un solo LIKE, ser invisible dentro de un mundo globalizado. Tenemos que aceptar que nos encontramos ante la renuncia de nuestra propia esencia en pro de una aceptación colectiva, una renuncia que casi siempre deposita al individuo en la soledad, en la falta de autorrealización y frente al sentimiento de fracaso e inferioridad.

Afortunadamente siempre hay rebeldes, personas inconformes, almas revolucionarias que no se resignan y que no se dejan atrapar por los establecimientos sociales, espíritus que siempre rompen los cánones y vuelven el equilibrio al universo, así como lo hicieran los Hippies o los Punks en su momento. Una vez más afirmamos que la identidad de la gente moderna se viste de Soledad. Hemos olvidado estar con nosotros mismos, hemos desdeñado vivir para nosotros de manera congruente con lo que aprendemos de nuestras propias experiencias. Estamos sedientos de aceptación ajena. Le estamos dando la espalda y no queremos admitir que necesitamos muy poco para no fallarnos a nosotros mismos; no queremos atrapar la esencia de lo íntimo, de lo humano, preferimos entregarnos al placer breve de lo público.

Deseo concluir recordando el origen y significado de la palabra identidad, etimológicamente “Identitas” es una palabra latina que deriva del famoso “Idem” y que hace referencia a las cualidades que nos hacen percibir a una persona como única frente a las demás y simultáneamente que esa persona implica lo mismo que el resto si la consideramos dentro de un grupo. Por lo tanto, la identidad es el constructo de una imagen sobre nosotros mismos que nos permite actuar en un entorno de forma acorde a nuestros pensamientos, los cuales nacen y son congruentes a la interacción con el grupo al que pertenecemos. Por lo tanto, los deseos de “tener” nos nublan la conciencia que debería obligarnos a conocernos a nosotros mismos, nos negamos la posibilidad de descubrir que pequeños o grandes placeres son los que particularmente nos llenan de dicha y cuales no.

Finalmente, Eres lo que publicas en las redes sociales, somos personajes de un foro donde podemos decirle al mundo lo que estamos pensando, antes de darnos la oportunidad real de pensarlo. Las máximas Kantianas nunca estuvieron tan vivas, “obra de tal modo que uses a la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro”, lo malo es que no lo hacemos como un fin sino como un vil medio. Actúa como si Dios te observara porque seguramente lo está haciendo.
- ¿Buscas algo? Googlealo.
- ¿Buscas a alguien? Facebookealo.
- ¿Quieres pensar? Twitealo.
- Y respeta ante todo a tus viejos porque ellos aprobaron sus estudios sin ayuda de Wikipedia.

Para ustedes…
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