La educación y las malas palabras.

En la vida real, la mayoría de los seres humanos tenemos muy claras las reglas de etiqueta. Desde niños aprendemos que burlarnos de nuestros compañeros o insultarlos con groserías tiene consecuencias negativas ante las autoridades de las escuelas.

Los adolescentes conocen también los riesgos a los que se enfrentan con el bullying o con comportamientos antisociales.

Pero ¿qué pasa cuando existe otra realidad virtual en la cual las burlas, las ofensas y los abusos verbales son admitidos y hasta justificados?

Por desgracia, las redes sociales se han convertido en una arena en donde las celebridades o incluso personajes de la talla del presidente de EU se sienten con la libertad de publicar y compartir su mala educación. Aparentemente este comportamiento no sólo está tolerado en las redes sociales, sino incluso, aplaudido. Comportamientos tan torpes como los insultos de la celebridad Rob Kardashian contra su exnovia dentro de estos medios de comunicación le han generado mas de 7 millones de seguidores en Twitter.

Pareciera que las redes sociales son un conducto por el cual los enojos, las frustraciones, el odio y el veneno pueden circular sin tener repercusiones negativas. De acuerdo a expertos en la materia, psicólogos y educadores, este tipo de comportamientos en redes sociales están generando serios conflictos en los niños y en los adolescentes. Por una parte, en la vida real les estamos enseñando ciertas reglas de comportamiento y, por otra, en la vida virtual o mediática les estamos enseñando que es adecuado permitirnos comportamientos contradictorios. Esta doble moral genera confusión e incluso enojo, pues los patrones de comportamiento adecuado son poco claros e incongruentes.

En un segundo plano el alto grado de exposición de los niños y adolescentes a la vida virtual está alejándolos del trato personal con educadores, amigos y familia, lo cual ha tenido repercusiones negativas en su desarrollo, una de ellas la baja autoestima, derivada de la falta de contacto real con la sociedad y una relación mas bruta e insensible con el contacto interpersonal. La forma cómo algunos tratan de mitigar este comportamiento es aplastando cobardemente a sus compañeros a través de redes sociales o, simplemente crea una falsa personalidad cimentada en la cantidad de likes o seguidores que tiene. Casos menos afortunados de baja autoestima se ven reflejados en las altas tasas de suicidio que se han observado año con año en sociedades desarrolladas.

A pesar de la baja popularidad de algunos personajes en la actualidad, un hecho innegable es que la estrategia que utilizan en redes sociales es la siguiente: Analizando su historial en Twitter se puede apreciar que mientras ellos tuitean acusaciones escandalosas o cargadas de ofensas, su popularidad aumenta. Éste hecho es un precedente que podría ser devastador para nuestra sociedad, pues estamos aceptando colectivamente que la violencia en redes sociales nos genera popularidad y ese comportamiento está avalado por los actuales líderes de la sociedad.

Más allá de las legislaciones en esta materia, valdría también la pena preguntarnos como sociedad hacia dónde queremos ir, qué queremos enseñar a los que vienen detrás de nosotros y cómo vamos a transmitir estos valores.

Uno de los objetivos de la escuela es enseñar “la buena lengua”, tanto en su expresión escrita como oral. En este sentido, los docentes se esfuerzan en que, desde edades tempranas, los niños hablen correctamente.

En ocasiones, la práctica suele ir por senderos bastantes disímiles a los de la realidad.

El mundo adolescente y evidentemente el adulto está lleno de “malas palabras” que constituyen verdaderas transgresiones verbales. Pero el debate aparece cuando se trata de definir qué es una “mala palabra”, tanto en su significado (lo que se dice) como en su enunciación (cómo se dice).

La pregunta es por qué son malas las malas palabras, ¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras?, ¿son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente. No sé quién las define como malas palabras. Tal vez al marginarlas las hemos derivado en palabras malas. Ahora, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión comunicativa al hablar o al escribir.

Las “malas” palabras forman parte del lenguaje popular y suelen ser adquiridas en el contexto familiar. Más aún, hasta pueden llegar a ser las primeras que se aprenden, en el marco de la simpatía que provoca escucharla. Los padres creen o que su hijo no entiende o que no escucha lo que hablan, pero en realidad ellos aprenden todo lo que oyen, hasta con el tono de voz pertinente. Se ha roto el mito de que los niños dicen malas palabras porque sí. Más del 70 u 80 por ciento las han oído de sus mayores, padres o parientes, ya sea accidentalmente o por hábitos de la persona.

En los últimos años el “buen habla” ha entrado en cruzada con un poderoso enemigo: las redes sociales, definidas como la madre de todas las “malas palabras”. Por ellas circulan miles de expresiones “mal habladas” y “mal escritas” que, a entender de algunos maestros, corren el riesgo de transformarse en lenguaje cotidiano. Pero la realidad, nuevamente nos puede sorprender. Los jóvenes escriben y leen en distintos soportes, pero pueden distinguir perfectamente los contextos en los que se expresan.

Saben, por ejemplo, que muchos de los enunciados que circulan por las redes no son “políticamente correctos” en la escuela y en este sentido, no los utilizan, al menos como parte del lenguaje científicamente establecido.

El escritor Daniel Link sostiene “La red demanda una claridad expositiva muy diferente a la de la cultura libresca… Los chicos y jóvenes jamás se caracterizaron por el buen uso del lenguaje. Estigmatizar a los jóvenes de hoy es un resentimiento propio del mundo de los adultos”.

Pero la escuela es la escuela y desde siempre ha tratado de combatir la “barbarie” que se expresaba a partir del lenguaje “mal hablado”. Esta cruzada, no sólo, la libra contra las palabras obscenas, sino también y esto es más delicado, contra modelos lingüísticos utilizados por sectores populares, que en ocasiones, forman parte de su acervo cultural.

La concepción ilustrada de la educación, ha tratado de superar todo enunciado popular que constituyese, a su entender, una falta de respeto o de recato al orden ilustrado y científico.

Aunque la escuela es un espacio de formación científica, y como tal, debe trabajar sobre el “buen” uso del idioma, no puede dejar de reconocer que muchas veces estos emergentes de la lengua son expresión de las variables sociolingüísticas de la comunidad.

La transgresión verbal no constituye un accidente ni una desviación del lenguaje. Las malas palabras no son voces sueltas que se escapan en forma esporádica y ocasional, de las bocas adolescentes sino que, por el contrario, conforman una particular función del lenguaje que desempeña un importante papel en la vida social y psicológica.

En este sentido, hablamos de lenguaje como expresión sociolingüística de una comunidad, que como tal, forma parte de la cultura trasmitida de adultos a niños. Las palabras, “buenas” y las “malas”, como el “mal” y “bien” decir, son manifestaciones sociales que expresan el saber (pensamiento) y el sentir (emociones) de una comunidad en un momento dado.

Pero el saber y el sentir no se revelan de la misma manera en los distintos sectores sociales. Hay saberes dominantes que estigmatizan determinadas palabras como parte del patrimonio de clases populares, y como tal, susceptibles de ser desterradas. Estos saberes arbitrarios, no permiten fisuras ni debates. De esta manera, las palabras oprimidas quedan incomunicadas, no pueden expresar sus ideas, ni su sentir o lo expresan de manera “no convencional”.

Paulo Freire dice que el proceso de alfabetización tiene todos los ingredientes necesarios para la liberación. “… el aprendizaje y profundización de la propia palabra, la palabra de aquellos que no les es permitido expresarse, la palabra de los oprimidos que sólo a través de ella pueden liberarse y enfrentar críticamente el proceso dialéctico de su historización (ser persona en la historia). El sujeto, paulatinamente aprende a ser autor, testigo de su propia historia; entonces es capaz de escribir su propia vida, consciente de su existencia y de que es protagonista de la historia”.

En este contexto, la escuela, sin renunciar a la formación científica, podría acompañar la conquista del sujeto por su propia palabra, permitiendo que las “malas” expresiones se conjuguen con las “buenas”, en la jerarquización de un lenguaje inclusivo y respetuoso de la existencia de distintos saberes y formas de sentir.

Las palabrotas están por todas partes. Es raro el día que no escuchas una. Incluso en restaurantes o tiendas, frecuentemente oímos a los clientes soltar groserías con total indiferencia al ambiente. La palabrería vulgar en público es ahora tan común que ha llegado a los programas de televisión.

Puedes preguntarte dónde está el daño en eso; finalmente, son solo palabras. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de nosotros siente que hay algo que está mal. Sabemos que decir groserías no es saludable ni deseable. Es un mal hábito y una falta de educación.

En primer lugar, porque puede haber un uso legítimo para las palabrotas. Es una manera de poner una fuerza emocional extra en una declaración – ya sea para efecto o para aliviar el estrés extremo. El problema es que la sobreexposición a las malas palabras debilita su impacto y, como consecuencia, las vuelve inútiles. Al mismo tiempo, el hablar normal se vuelve menos eficaz y produce menos impacto.

Como adictos, exigimos dosis cada vez mayores para registrar cualquier efecto. Las palabrotas casuales, por lo tanto, se vuelven cada vez menos eficaces y, al mismo tiempo, nos fuerzan a usarlas cada vez más para intentar hacer que nuestras palabras tengan peso.

Lo que nos lleva a otro problema. El uso de palabrotas sirve para ofender al oyente, pero en conversaciones normales, eso es simplemente irrespetuoso – al igual que gritar con otra persona. La buena educación y cortesía determina que, en conversaciones comunes, debemos intentar que la otra persona se sienta razonablemente a gusto, mientras que usar malas palabras sirve para dejarla incómoda.

Juntar los dos aspectos es algo contradictorio. La única manera por la cual una persona se sentiría cómoda hablando con alguien que dice malas palabras todo el tiempo es que ésta admita que se ha vuelto insensible al punto de volver las groserías un sin sentido.

Finalmente, hay un problema un poco más abstracto. Es que lo que hacemos (incluyendo lo que decimos) afecta el modo en que pensamos. Los filósofos son conscientes de eso desde hace siglos, y los neurocientíficos están empezando a aprender también. Cada vez que hacemos o decimos algo, refuerza ciertas conexiones en nuestro cerebro, volviéndonos más propensos a hacer lo mismo una segunda vez, y así sucesivamente. Efectivamente, nuestro cerebro está creando hábitos todo el tiempo.

Esas conexiones no afectan solo una área del cerebro, sino todo. Cuando actuamos de cierta forma, empezamos a pensar de acuerdo con eso, y viceversa. Así, cuanto más vulgar fuera nuestro discurso, más vulgar será nuestro pensamiento y, en consecuencia, más vulgar será nuestro comportamiento y actitud en general.

Eso no quiere decir que hay una determinación extrema que relaciona las malas palabras a actitudes malas. Pero sí quiere decir y alertar sobre el hecho que un mismo proceso de pensamiento y actitud también incentiva al otro.

«La boca siempre habla de lo que está lleno el corazón»

En síntesis, decir malas palabras es algo grosero y destruye incluso una supuesta «utilidad» eventual de las palabrotas. Por todas esas razones, debemos intentar romper ese hábito.

El problema es que es muy fácil que se escape una palabra cuando el hábito de su uso está formado, especialmente en el calor del momento, cuando la mayoría de las palabrotas se siguen usando. Y una vez lanzadas, no hay vuelta atrás. Como Winston Churchill decía: Somos amos de las palabras no dichas, pero esclavos de aquellas que dejamos escapar.

Hay algunas formas de librarse del hábito de decir malas palabras. La primera es simplemente practicar no decir nada. Esta es una habilidad bastante fácil de desarrollar: durante las conversaciones normales cotidianas, basta hacer una pausa de vez en cuando antes de hablar. Cuando sientas ganas de maldecir algo, para y cuenta hasta cinco antes de abrir la boca. Eso ayudará a poner tu lengua bajo control (que es un hábito útil más allá de solo evitar palabras feas).

Por lo tanto, vamos a vigilar nuestra lengua e intentar elevarnos por encima de la vulgaridad que nos rodea.

Es por eso que en bachillerato, realizaremos un ejercicio de sensibilización, a fin de que los estudiantes reflexionen en torno al uso del lenguaje y las consecuencias de usar “Groserías”; promoviendo un lenguaje adecuado, respetuoso y amable con el otro.

Así mismo, al interior del colegio se ubicarán carteles con frases alusivas a la campaña, que permitan a los estudiantes identificar lo que implica usar un vocabulario grosero para comunicarse con otros.

Con estas actividades, buscamos fortalecer los valores del respeto, responsabilidad, amistad, fraternidad, solidaridad, entre muchos otros, en toda la comunidad educativa; a fin de que la Prepa, sea un espacio divertido y enriquecedor para el proceso de aprendizaje, como para la convivencia escolar. 

Desde acá… Radio GEA Informa.

El apego emocional.

¿Es el resultado de las heridas de la infancia?

Todos sabemos que los primeros años y etapas de nuestras vidas son sumamente importantes para nuestro desarrollo y por lo tanto, para la manera en que aprendemos a comportarnos en el mundo; ¿pero, alguna vez te has preguntado hasta dónde llegan las consecuencias de lo que experimentamos de niños y durante nuestra adolescencia? 

En este ensayo me interesa hablar de una de estas consecuencias en particular y profundizar en ella con el objetivo de lograr comprender de dónde surgen ciertas tendencias afectivas de los seres humanos.

 Me refiero al apego emocional como consecuencia de las heridas que se les infligieron a temprana edad a muchas personas. 

Primero es necesario analizar los vínculos afectivos, con el fin de descubrir cómo, por qué y en qué momento llevan al apego emocional, o si al menos, guardan una relación entre ellos. 

Desde nuestros primeros momentos de vida los seres humanos desarrollamos un vínculo afectivo entre nosotros y nuestros padres (o tutores). Estos vínculos nos generan sensaciones de pertenencia y seguridad, lo que implica que desde pequeños poseemos la tranquilidad de explorar nuestros alrededores y además relacionarnos con otros seres humanos bajo la seguridad de que alguien siempre está allí para cuidarnos. Es ésta una de las razones por las que considero que la forma en que desarrollamos vínculos afectivos con nuestros cuidadores es un factor no necesariamente determinante, pero sí esencial para la formación de nuestra personalidad y carácter. Sin embargo, ¿qué sucede cuando un niño no recibe esta sensación de protección y seguridad de la mejor manera, o en el peor de los casos, no lo recibe? La falta de este aspecto tan importante en nuestras vidas puede afectar nuestro desarrollo, impacta en la formación de nuestra personalidad y aún más importante: influye la manera en que creamos vínculos con otras personas al crecer y en la vida adulta. 

Nuestros mayores, nuestra familia, tienen la responsabilidad no sólo de brindarnos las necesidades básicas para sobrevivir, sino también de ocuparse de nuestro desarrollo emocional, social y mental, un niño necesita recibir atención, cariño, protección y ser brindado de seguridad y estabilidad. A mi parecer, los niños deben recibir un trato que apoye la formación de su autoestima y autoconfianza, sin embargo, no debe olvidarse que otro aspecto esencial en su desarrollo es su educación y eso implica otro tipo de formación: una dirigida a tener valores y responsabilidad social; siempre teniendo cuidado de que en esta educación moral no se ejerza violencia física o emocional sobre ellos. 

Y aunque esto es lo adecuado para nuestra vida temprana, la gran mayoría de veces esta educación idealmente sana no es otorgada por los padres. Esto suele ser por una ideología social sobre cómo se debe educar a los niños: aquí en México, por ejemplo, es de lo más común ver a padres que pretenden educar a sus hijos a base de golpes e insultos; afectando directamente su percepción sobre sí mismos y además dañando este vínculo de seguridad del que hablé previamente. O bien, llega a suceder que se repiten los mismos traumas de la infancia que tienen nuestros padres, gracias al trato que les dieron nuestros abuelos y así una cadena que se ha ido formando sucesivamente a través de los años. 

A lo que me interesa llegar, es que muchos niños y no sólo en México, desarrollan vínculos “dañados” con sus familiares mas cercanos puesto que reciben violencia, insultos, burlas y muchas veces, la falta de atención, cariño y tiempo que un niño necesita. Por ejemplo, muchos no ven a sus padres el tiempo adecuado puesto que tienen demasiado trabajo, otros tienen padres con vicios, y existen otros que tienen padres que simplemente no brindan esta disponibilidad emocional a pesar de estar “presentes”; provocando que los niños no se sientan con la seguridad de contarles cosas a sus padres puesto que en lugar de consejos o una buena conversación reciben gritos, o muchas veces incluso ni siquiera son escuchados. Existen padres que tienden a ignorar o a minimizar los sentimientos de sus hijos, así como sus experiencias y puntos de vista. 

Cuando esta figura que en teoría debería ser la que nos hace sentir seguros, no nos brinda confianza ni escucha todo lo que tenemos que decirle o contarle, nuestro vínculo con ellos se ve directamente dañado, pues de cierta manera, perdemos ese sentido de pertenencia, confianza y protección que solíamos sentir o deberíamos tener. 

¿A qué quiero llegar? ¿Por qué aseguro que esto afecta a los vínculos y relaciones que crean las personas en su vida adulta? 

Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: cuando una persona no recibe este sentimiento de seguridad tan mencionado en las primeras relaciones o en las más importantes que tiene en su vida, no sólo se ve el impacto en su manera de ser y en su comportamiento, sino que también muchas de estas personas suelen buscar inconscientemente llenar esta falta que han tenido durante mucho tiempo. 

Me atrevo a plantear que generalmente buscamos crear vínculos similares a los que hemos conocido toda nuestra vida. Con base en mi experiencia y lo que he logrado observar en otras personas, considero que existe un por qué detrás de esta tendencia y para explicarlo me gustaría introducir los siguientes puntos: como he dicho anteriormente, los humanos de cierta manera buscamos seguridad y tranquilidad con el objetivo de alcanzar o en dado caso mantener nuestro bienestar. E incluso teniendo en cuenta que cada persona tiene diferentes percepciones de lo que es el bienestar y la felicidad, además de la manera de alcanzar ambas, considero que de cierta manera muchos llegamos a compartir un punto de vista en común: preferimos evitar lo que nos hace sentir mal o en peligro. 

¿Qué relación tiene lo anterior con buscar y crear vínculos similares a los que se tuvieron en el pasado? 

Como mencioné, considero que los seres humanos siempre buscamos nuestro bienestar y tranquilidad, y es posible que encontremos tranquilidad al mantenernos en un “entorno” que ya conocemos. Demasiadas veces nos asusta lo desconocido puesto que implica salir de nuestra “zona de confort”, descubrir nuevas cosas y experimentar nuevas situaciones que pueden brindarnos ya sea alegría o dolor, pero siempre un sentimiento de incertidumbre. Y ya que no tenemos manera de predecir las sensaciones que tendremos en nuevos entornos, considero que tendemos a huir de lo que desconocemos. Dicho de otra forma, pienso que de cierta manera lo “conocido” nos brinda una sensación de seguridad, pues es algo en lo que ya tenemos cierta experiencia. Por ejemplo, para nosotros siempre será preferible transitar por calles que ya conocemos antes que vernos en la situación de estar en una ciudad completamente desconocida. Pienso que lo mismo sucede respecto a las relaciones que tenemos con las personas. 

Cuando somos tratados de determinada manera durante mucho tiempo nos adaptamos a ese trato y a la manera de vivir con ello, entonces, al momento de conocer a nuevas personas, es muy posible que nos quedemos con alguien que nos brinde el mismo trato. Es decir, si en el pasado se tuvieron relaciones afectivas basadas en la confianza, el respeto y el apoyo mutuo, es normal que en un futuro se busquen vínculos muy parecidos, puesto que ya estamos acostumbrados al trato que alguien nos brindó. Por ejemplo, si se tuvo un vínculo sano con nuestra madre solemos buscar personas que nos puedan brindar el mismo respeto y cariño. 

¿Pero qué sucede con las personas que no recibieron seguridad? 

Es muy común ver que de igual manera se relacionen inconscientemente con personas que los tratan de la misma forma, un ejemplo claro de esto serían todas aquellas personas que terminan en relaciones tóxicas y además “deciden” quedarse. Lo pongo entre comillas porque en realidad no me parece una decisión completamente consciente, debido a que la voluntad de estas personas se ve restringida por la coerción o manipulación que estas parejas o amistades tóxicas suelen ejercer sobre las víctimas. 

Considero que dentro de estas situaciones se puede observar igualmente lo relativo a la búsqueda de seguridad, lo cual genera un problema: aunque parezca extremadamente contradictorio asegurar que alguien busca seguridad en una relación tóxica, lo digo porque pienso que de cierta manera la búsqueda de esta sensación está centrada en otro factor: mantenernos en nuestra “zona de confort”. 

Por lo tanto, me interesa hacer los siguientes cuestionamientos: ¿por qué alguien pensaría que es más seguro quedarse dentro de lo “conocido” sabiendo que de igual manera es perjudicial? ¿No tendría mayor lógica optar por descubrir algo nuevo que podría ser mucho mejor para nosotros? ¿Por qué el criterio humano puede llegar a inclinarse por una opción mucho más irracional que la otra? Sin duda me parece una situación psicológica extremadamente complicada de comprender, sin embargo, mi primera suposición se inclina hacia el autosabotaje. 

Existe otro factor que de cierta manera lleva a esta toma de decisiones perjudiciales, además de la búsqueda de seguridad; y me refiero precisamente al vínculo ideal que no se les brindó en su entorno familiar. Es decir, ¿cómo esperar que busquen algo sano y lo mejor para ellos, si nunca se les dio un ejemplo de lo que es sano dentro de una relación? Es por eso que me parece que estas heridas o traumas de la infancia pueden afectar directamente las relaciones que forjamos en un futuro. 

Una vez expuestos los puntos acerca de aquellas personas que suelen buscar vínculos similares en sus relaciones (independientemente de si éstos son sanos o perjudiciales), me interesa hablar de un tercer resultado extremadamente interesante: aquellos que buscan el vínculo que no se les brindó, y que por lo tanto, a mi parecer, puede llevar al desarrollo del mencionado “apego emocional”. 

Se podría decir que de cierta manera este grupo de personas busca reemplazar a la figura que les falló respecto de su vínculo. Me refiero a lo siguiente: ¿no es extremadamente común ver a adolescentes que buscan parejas que los cuiden y se preocupen por ellos de una manera más maternal/paternal que romántica? 

A falta de atención emocional y de pertenencia en un entorno familiar, es muy común descubrir en estas personas que (tal vez no de manera completamente consciente) se quedan con quienes las escuchan, les dan atención y además están emocionalmente disponibles. ¿Esto a qué nos lleva entonces? Este grupo de personas tiende a buscar a alguien que tenga la capacidad de brindarles cierta sensación de seguridad, protección y pertenencia. Esto puede suceder de muchas maneras y por distintas razones, tal vez algunos reciben validación y cumplidos, mientras otros se sienten protegidos y con la confianza suficiente de contar con ellos para cualquier cosa. 

¿Qué relación tiene eso con el “apego emocional”? 

Se podría decir que el afecto que se desarrolla por los demás puede estar relacionado a la búsqueda de seguridad, protección y bienestar con una persona o un círculo de personas. En caso de que el vínculo afectivo se desarrolle de la manera adecuada en el núcleo familiar, el individuo en teoría debería encontrarse preparado para desarrollar diversos vínculos con personas externas, de lo contrario pueden presentarse repercusiones en el comportamiento como una falta de estabilidad, miedo al abandono, dependencia, desconfianza y problemas de ira, las cuales representan a su vez obstáculos para la vinculación sana con otros individuos. 

Menciono esta alternativa pues me interesa destacar que si bien es importante para la exposición de las diferentes consecuencias que puede tener el trato que se nos dio de pequeños, aún no he llegado precisamente al concepto del que me gustaría hablar. 

Para llegar a comprender lo que es el “apego emocional” me parece esencial distinguirlo de otros dos conceptos que suelen confundirse; el afecto, la dependencia emocional y el “apego emocional” son diferentes, a pesar de que guardan una relación íntima entre sí. Retomando todo lo previamente expuesto, me atrevería a decir que, al menos desde una reflexión personal, el “apego emocional” se da cuando encontramos a alguien que nos ofrece el trato que anhelamos recibir y como consecuencia, desarrollamos cierto afecto hacia esta persona, de cierta manera buscamos su constante compañía para la obtención de la tan mencionada sensación de seguridad y tranquilidad. 

Es importante destacar que con “apego emocional” no me refiero al afecto que podemos llegar a sentir por cualquier persona que nos rodee, pues es común sentir cariño por personas no completamente cercanas a nosotros, sino que lo veo como una especie de inclinación, estima y aprecio especial por aquel individuo que nos brinda el trato que se anhela recibir. 

Tampoco sería ideal confundir el “apego emocional” con la dependencia emocional. En caso de llegar a un punto donde el individuo comienza a depender de la compañía e interacción con esta persona, y por lo tanto pone al otro frente a sus propias necesidades, es cuando considero que se le podría llamar dependencia emocional, justo como sucede en las relaciones “tóxicas”. El individuo desarrolla una baja autoestima, inseguridades, temor al abandono y a cometer errores que piensa que llevarán al alejamiento entre ambos, lo cual tiene como consecuencia que no respondan ante la manipulación y la violencia física, psicológica y sexual ejercida sobre ellos. 

Sin duda todo lo que experimentamos en nuestra niñez es un factor esencial para nuestra formación, sin embargo, no me parece que sea necesariamente el único factor que influye en nosotros, pues también nuestras experiencias, la educación en cualquier etapa de nuestra vida y muchos otros factores más nos forman como personas. 

El trasfondo de algunas de las tendencias que presentamos los seres humanos respecto a nuestras relaciones es demasiado complejo de comprender, pues el comportamiento humano respecto a este campo de nuestras vidas se ve influido por diversos factores y por cientos de posibilidades ya que ninguna persona experimenta las cosas de la misma manera. 

Pero a partir de la reflexión realizada en este ensayo, podría llegar a la siguiente conclusión: el “apego emocional” puede verse como un resultado común de la vinculación afectiva que se dio con nuestros cuidadores. Independientemente de todas las posibilidades antes presentadas, es decir, de si se presenta el desarrollo una vinculación adecuada, una “dañada” o una totalmente ausente con nuestros mayores: por lo general, buscaremos encontrar vínculos afectivos que nos brinden un sentido de pertenencia y seguridad.

La presencia del “apego emocional” no es absolutamente imperativa en todas las relaciones afectivas que desarrollamos con otros individuos, pues este no se siente hacia todas las personas que forman parte de nuestras vidas. Es decir, podemos sentir afecto hacia diferentes miembros de nuestra familia, amistades e incluso conocidos, y eso no implica una presencia de “apego emocional” necesariamente. Personalmente pienso que este mismo se da con personas específicas, normalmente aquellas que nos brindan lo que deseamos experimentar: una sensación de seguridad, pertenencia y por consecuencia, de bienestar. 

No niego que muchas otras personas (como nuestras amistades) también sean capaces de brindarnos el sentimiento de estar en un ambiente seguro, pero me refiero a que algunas veces, simplemente se puede desarrollar un cariño y apego especial por aquellos que nos hacen sentir protegidos o de cierta manera podrían reemplazar una figura paternal o maternal. 

El único problema es que el apego emocional (el cual no aseguro sea “bueno”, pero tampoco “malo”) puede derivar en lo que llamamos dependencia emocional, especialmente en aquellas situaciones donde existe una falta de vinculación sana a temprana edad, la cual es sin duda una cuestión extremadamente perjudicial para cualquier individuo por los problemas que se mencionaron anteriormente. 

Mientras tanto, ¿qué sucede cuando el “apego emocional” no deriva en dependencia emocional? Es cuestionable que el apego emocional en sí representa algo sano para cualquier ser humano, pues tiende a surgir de heridas ocasionadas en la infancia, sin embargo, tampoco significa algo totalmente “malo”. Considero que se encuentra en un punto intermedio entre la balanza establecida, siendo los otros dos puntos que forman un equilibrio, el afecto y la dependencia emocional. 

¿Esto significa que todo vínculo en el que exista la presencia de apego emocional es automáticamente insano? 

Pienso que no necesariamente, y es precisamente esta cuestión lo interesante, considero que incluso aunque exista este término tan complejo dentro de una relación, este no afecta directamente el vínculo afectivo, pero tal vez sí tiene un impacto en la persona que experimenta el apego. 

Finalmente, desde una reflexión personal, me atrevería a decir que el apego emocional efectivamente surge de las heridas ocasionadas en la infancia. 

Katia Heredia Arredondo.

¿Por qué escribir Poesía?

El Yo Poético.

El título de esta reflexión cobija una paradoja que apenas puede resolverse de manera tautológica: se escribe poesía porque no se puede no hacerlo. Así supongo, le sucede a todos quienes practican el mas longevo y menos leído de los géneros. Seria entonces más lógico sustituir la pregunta ¿para qué escribir poesía? por otra menos exigente: ¿para qué no escribir poesía? Se escribe pues, porque algo impide que no se haga. Descartes, que bien podría haber dicho no descartes nada en lugar de pienso luego existo, solo dijo esto ultimo. La poesía es un pensar para existir, un modo de reflexión que ocupa una doble existencia; la del ser que escribe y la de la escritura. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir, o se siente solo y sale de su solipsismo en la libertad vigilada de las palabras, porque un hombre se enamora y una mujer quizá lo espera y espera un lenguaje transformado, y se escribe poesía por nostalgia, tristeza o felicidad, sin que necesariamente los estados de ánimos coincidan y terminen reflejándose con claridad en la página, lugar idóneo para aplicar a la existencia imperfecta un deseo imaginado.

Pero con el deseo no termina la ansiedad de los signos. También se escribe poesía para estar mas cerca de Dios y de uno mismo, pues para eso ya venimos creados a imagen y semejanza suya. Para ser una palabra más del Verbo. O posiblemente sea al revés. Dios, la mejor poesía del hombre. Yo, al menos, lo siento así. Recordaría, además, un lugar común y por eso comunitario: la poesía es el arte que permite divulgar emociones y celebrar la honestidad de las cosas que vemos. Su lugar es imprescindible pues deja conocer de otra manera los materiales que todo el mundo conoce y por ello sus únicas obligaciones son consigo misma. No en vano, la poesía es considerada la lectura mas difícil pues hay poetas que no pueden entender a otros poetas, algo que no podemos decir de un químico leyendo lo que escribió otro químico, y lo mismo puede aplicarse a disciplinas consideradas difíciles por el común de la gente, como la física y las matemáticas.

La poesía no tiene fórmulas que permitan poner en practica un proceso de decodificación y su dificultad parte de su falta de hipótesis, de puntos de partida y llegada. El acto poético deja percibir la distancia entre la palabra y su referente, sea una idea, un objeto o una emoción, haciendo de su posible sentido una estela móvil. Su utilidad no depende de la existencia de una verdad caracterizante situada en los elementos semánticos y lingüísticos, sino de la producción de diversos niveles de entendimiento no necesariamente relacionados con el mundo real. El poema esta definido por una forma, una estructura interna, una multiplicidad de sentidos y significados asociados a un proceso de representación no lineal, y a la suspensión del criterio de valor verdadero de emociones, sentimientos y cosas. Por ello mismo la poesía requiere un proceso lento de lectura y comprensión de la información de superficie.

En la época del Facebook, del Instagram y de los procesos mentales ayudados por un programa de software y de pantallas de computadora que actúan como paginas de un libro, todo debe captarse y demostrarse mas rápido que las variables consideradas, en tanto que las diferencias entre las elusivas diferencias no llegan a ser consideradas. A pesar de todo esto, la poesía se sigue leyendo de manera convencional, teniendo la participación del lector igual pasividad que cien años atrás. El método para interrogar al embellecimiento de la poesía no puede medirse pero tampoco apurarse. En su cadencia hay una integridad emocional y formal que rescata la fe en la realidad y descubre conexiones debajo de la superficie. El mejor uso de la lengua llega con ella, para no dejar de llegar a nosotros. Entonces, la pregunta ¿para qué escribir poesía? está respondida y podría terminar aquí mismo esta reflexión. Pero hay más. Antes que nada conviene apuntar que resulta extraño plantearse la pregunta casi al fin de una de las historias de la era, a grandes rasgos infinita, algo que no hubiera sido raro siglos atrás cuando la poesía gozaba de buena salud y los poetas todavía mas. A partir de la época moderna, diría en los últimos ciento cincuenta años, la poesía empezó a perder su poder de convocatoria y a convertirse en una isla a la deriva en el mar de las cosas nuevas que trajo la modernidad del nuevo siglo, porque otra no conozco. También, con el paso de los años se fue espaciando la intervención social de la poesía. El poeta paso a ser el raro, el desclasado, el ambiguo, el parásito enamorado de un lenguaje sin utilidad. Su ambición de novedad vino a toparse con un mundo donde cualquier cosa parece nueva porque todo se olvida (los procesos mnemotécnicos sufren un debilitamiento) y en la perdida del recuerdo reside la novedad ausente. Insatisfecho con lo que existe, el poeta encuentra un método vertical para disentir y lograr un análisis provisional de la realidad; desde allí deduce los universales del lenguaje para desintegrarlos. Cifra simbólica de una identidad detenida en la disimilitud y en la contigüidad, la poesía abarca un espacio de limites superpuestos que están dentro y fuera de lo que se quiere decir.

Se afirma desde distintos espacios culturales que la poesía está en crisis, que no se vende porque no se lee. Pocos editores se atreven a publicar poesía y los libreros se niegan a colocar en los escaparates de exhibición los libros de poesía alegando que a nadie le interesan. Prefieren dedicar ese espacio con precio a promocionar una novela cuya historia puede saberse antes de abrir el libro. No hay nada nuevo en esto, aunque la novedad, de tanto desgastarse se ha hecho más evidente. Desde el momento en que el hombre se preocupó de ordenar la vida como historia y no como mito, la poesía siempre ha estado en crisis. Su existencia depende de la crisis. En estos días autónomos y automáticos, la poesía no piensa tanto en su destino y en las amenazas de su extinción como en el sentido de su significado, mejor dicho, en la búsqueda tardía y parcial de este. Con esa facilidad que tienen los franceses para hacer marketing del apocalipsis, anunciaron hace tiempo que el arte en general esta muerto y lo mismo dirían de la poesía. Sin embargo, si vemos la cantidad de pintores que atentan diariamente contra la estética y el extraordinario número de libros de poesía que se publican en el mundo, con tirajes a veces millonarios como es el caso de la China, veremos entonces que la poesía, mucho mas que el arte en cuanto no tiene ningún fin lucrativo, es una contradicción viviente. Se escribe poesía mucho mas que antes (la imperfecta democracia moderna llegó a las musas), pero se lee menos, muchísimo menos. Según un estudio realizado en Estados Unidos, el 70 por ciento de los norteamericanos alguna vez escribió poemas, pero solo el 2 por ciento compro libros de poesía. Puede entenderse: es tanto el individualismo que a nadie importa la poesía de su vecino, ni siquiera para desearla. El furor romántico murió o se hizo desinterés, y pocos envidian las metáforas de los demás. El lugar singular debe ser de todos.

Ante una prueba estética, artística o escrita, el espectador anhela sentir algo que lo incluya en los acontecimientos. La distancia entre el objeto y el sujeto debe borrarse para que este último sienta la primacía de la respuesta sobre la pregunta. Las hipnóticas y pasajeras parábolas audiovisuales que nos sacuden diariamente cambiaron la forma de percibir la narración de la vida, la cual ahora sucede con teatralidad y sin nada esencial, ya que la existencia se percibe como una serie de secuencias en tecnicolor sin un argumento real. La mirada impaciente, casi sin prestar atención, encapsula la vivencia del momento; un momento de muy poco tiempo. Para seguir en ese tiempo se refugia en una vaguedad placentera que no esta aquí ni allá. Desde esa situación amorfa, carente de dogmas prevalentes y de un subtexto previo, la existencia asume las peculiaridades exhibicionistas de una incomunicación sin afán didáctico. Todo, incluso la poesía, sufre las trampas de una virtualidad real que permite al hombre ser ajeno al mundo y a sus semejantes. En ese ámbito de callado silencio, donde las cosas ahora son y ahora ya no, el olvido se convierte en desinterés y carencia de auditorio. Los jóvenes se encuentran absortos en las redes sociales y cuando la poesía se les presenta, los incipientes lectores quieren encontrar rápidamente el mensaje como si el poeta fuera un cartero que trae noticias para ser compartidas. Con el deterioro del lenguaje en la prensa y en la vida publica, las palabras resultan hoy una comodidad, una irrelevancia y una renuncia a su prestigio. Por eso cuando las palabras son complejas se tornan inexpresivas. La circularidad de la paradoja no deja de ser aterrante: todo debe ser entendido pues nada inentendible hay en el mundo.

Al desafiar el sentido y la idea de verdad, la poesía se recluye en su destino autosuficiente; virtual porque rechaza el reconocimiento. A través del mismo el conocimiento alcanza a liberarse de lo que no puede conocer. La poesía ejercita una libertad que une el presente con lo que paso hace mucho tiempo y por eso todavía no llego a ser actual. Cubre el trayecto de un descubrimiento que apela a las angustias, contradicciones y arbitrariedades de un lenguaje especifico que se sale del comercio del significado para evitarlo desde dentro. Henry James aconsejaba que el trabajo del arte fuera exquisito y que no se pareciera a la vida. La poesía, como disciplina emocional de un mundo imprevisible, cumple su cometido de traer la vida a un primer plano después de haberse distanciado de ella. Todas estas virtudes, creo yo ciertas, dejaron a un lado al poeta, quien paso a habitar en los márgenes de una sociedad mesocrática y utilitaria, guiada exclusivamente por valores de cambio y niveles de productividad. Su trabajo ocupa apenas una de las dos mitades modernas, aquellas a las que refería Baudelaire: «La modernidad es lo transitorio, lo volátil, lo contingente; es una de las mitades del arte; la otra mitad es eterna e inmutable».

El 27 de febrero de 1890 Mallarme dio una conferencia sobre su amigo, el poeta Villiers del’Isle-Adam, la cual comenzaba diciendo: «Un hombre acostumbrado a soñar viene a hablar de otro que esta muerto». Otro amigo de Mallarme, el pintor Edgar Degas, sentado en la primera fila, dijo apesadumbrado a los pocos minutos de iniciada la conferencia: «No entiendo, no entiendo». Se levantó y se fue. Como pocos antes, Mallarme celebró la dificultad como excepción y creía que sus contemporáneos, incluido el joven Marcel Proust, no sabían leer. Para Mallarme, un poema debería ser una entidad inalcanzable, pues no solo estaba separado de la sociedad y la cultura de la cual venía, sino también de la vida del autor. Debía dar la idea de que fue escrito fuera de la historia en cuanto, por su elíptica complejidad, está eximido de la diaria necesidad de comunicación. Queda claro, a partir de estos ejemplos, que el desdén de los jóvenes lectores por la poesía interesada en solo ser poesía no es nada nuevo. Max Nordau, en su libro Degeneración, de 1894, atacó las formas del arte moderno. Lo llamó insano. Particularmente aquel que no permitía la figuración de los temas. Desde mas de un siglo se le sigue pidiendo al poeta lo mismo: que prescinda del lenguaje figurativo, de la alusión y de la dicción elevada. Que describa al mundo tal cual es, con la mayor fidelidad y la mínima elaboración. En síntesis; claridad de expresión y simpleza de organización, además de una parsimoniosa lealtad a los sentimientos cotidianos y a las observaciones de los hechos ocurridos. Eso: la sinceridad de la experiencia y el lenguaje como ejemplo fotográfico. Para tener su espacio, la poesía debe ser inmediata y fácil, evitando presentar a las cosas en su estado de ignorancia. A partir de esta visión moderna, que ha insistido en hacernos creer que el lenguaje ordinario es más importante de lo que es, se concretó el rechazo de todo discurso que requiera mas de una interpretación. Para tener derecho de interacción social, la palabra poética debe respetar la lista de exigencias: la transparencia de la inteligencia presentada con un estilo vernacular, sin adornos y sin omitir la credibilidad de una vida (digo una porque hay otras) marcada por acontecimientos casuales y contingentes. Esto es: la realidad tenida como accidente o circunstancia.

En tiempos donde las ideologías y los grandes movimientos sociales que hacen reconocibles a las utopías históricas parecen cosa del pasado, la historia comprueba antes que nada la crisis del lenguaje y de la palabra escrita. Sobre todo, aquella crisis estética que rehusa lo anecdótico y lo narrativo. La poesía, sin posibilidad de opinión, devino un culto en la cultura; el juego religioso de unos cuantos pocos. Esto, evidentemente, no significó que se dejara de escribir poesía como tampoco se dejó de adorar a Dios incluso en aquellos regímenes donde las practicas religiosas son mas perseguidas. La analogía viene al caso: la página es el templo, y allí entra el poeta, absolutamente solo, a rezar, a estar más cerca de si mismo y del absoluto. Perturbadora y creadora de disturbios, la poesía aceptó su condición de practica absoluta y absolutamente privada, solipsista casi. Esto trajo grandes consecuencias ya que la poesía, como realidad literaria con valor de mercado, dejo de existir. Y en esto podemos estar de acuerdo, porque la realidad presente no permite desacuerdos, al menos de este tipo. Hoy escribimos en computadora, en tabletas, en smartphones y la escritura se ha hecho accesible. Tan fácil, que podemos corregir los textos sin tener memoria de lo que corregimos.

Vivimos la historia del acontecimiento inmediato y por lo tanto la perdida de tiempo, o mejor dicho, su falta de acumulación, es vista como una obscenidad sin atenuantes. La relectura solo puede existir en un tiempo de innecesario derroche (¿lo hay?), pues la lectura ha pasado a ser una practica tan fácil que podemos leer sin hacerlo. El texto existe como depositario de información de la cual tomamos solamente aquellas instancias retóricas de uso inmediato. En tiempos en que las cartas de amor se escriben y se envían a través de una máquina supuestamente secreta a la cual pueden tener acceso millones de usuarios, a nadie ha de extrañar que las intimidades radicales, como la poesía, sufran las consecuencias de estos desvaríos de la persona colectiva, que establece códigos para situar los secretos en la superficie. La poesía, que entre otras cosas exige una permanente corrección de la intimidad del significado, resulta una practica anacrónica en un tiempo, este, que quiere derrotar al tiempo dependiendo excesivamente de él. El ser que habla encuentra en la temporalidad un espacio y en lo que resulta del mismo, ambas cosas. Pronuncia una simple certeza: algo esta sucediendo. Nada protege a la poesía, salvo lo que en ella sucede. Nombrando actos y acontecimientos que solo suceden en las palabras, la poesía se ocupa de esa realidad situada entre lo que «ya esta en nuestras mentes y lo que todavía no pertenece a la memoria» (Flavio Ermini). La respuesta a su persistencia en ese trayecto aun sin definir es un signo impredecible y por ello algo difícil de descifrar, cuyas formas de mostrarse no se circunscriben a un solo y único momento de la interpretación. No sabemos de dónde viene ni a dónde va: está sucediendo y ya es bastante para validar su existencia. Por hacer de su objeto incompleto una excepción ideal, la poesía es la exageración del tiempo, la condensación del fragmento que contiene a todos los demás. Contiene un infinito cercano, al menos el de la elusividad del sentido, contribuyendo a que sus zonas retóricas sigan siendo inexploradas por las consecuencias del azar. En otras palabras, este existe como resultado de una razón sin razones, de un propósito que intenta definir pero sin definir.

El lenguaje poético no es inocente; en su producción sufre un proceso de sofisticación. Las condiciones bellas se resisten a ser reproducidas, pero finalmente ceden a las apariciones legitimas de las frases. De sus enigmas no nos podemos escapar. Cualquier posible escapatoria solo nos pondrá más cerca de la entrada. Lo que hace y deja hacer el lenguaje es infinito, convirtiéndose y siendo (ya antes de ser) en la única trascendencia a la cual tenemos acceso; no es una fe cuya existencia podemos aceptar o negar. Existe; esta allí como problema que nunca queda exhausto. Recuerda a la historia del niño judío que andaba por el pueblo pregonando, «tengo una respuesta excelente, que alguien me haga una pregunta». El lenguaje poético responde preguntas que todavía no se tienen. Como consecuencia, su inocencia resulta inaccesible pero su sabiduría visual logra que la percepción cambie de aspiraciones. Después de todo, lo inefable es ilegible. La poesía nos lleva al secreto que no sabíamos que estábamos buscando pero para el cual tenemos una respuesta.

Radio GEA Informa…

Colaboradoras gráficas de este artículo:

  • Fernanda Márquez.
  • Urania González Ortíz.
  • Alyssa Garduño.

Respirar el Vacío.

Si Vivimos el mejor de los momentos, o estamos en el peor de los tiempos, eso es lo de menos, somos seres presenciando la edad de la sabiduría y también de la locura, creamos la época de las creencias y de la incredulidad; somos la era de la luz y de las tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseemos, pero no tenemos nada… 

Hace un año aproximadamente teníamos en mente la construcción de un libro donde convergerían dos disciplinas bellas, honestas y sobre todo humanas; La Pintura y la Filosofía. En esta antología de pensamientos plásticos y literarios teníamos como proyecto analizar un poco las características propias de esta nueva generación, intentábamos realizar un retrato visual y textual de ese recalcitrante nihilismo que nos gobierna actualmente, al final, el artista plástico Enrique Jurado volvió a la tierra que lo vio nacer y con él se llevó el futuro de este libro que nunca pudo ver la luz. Así que a partir de esta semana intentaremos compartir algunos de estos ensayos en este humilde Blog con la intensión de que no se queden en el olvido. “Respirar el Vacío” … es el título del libro y así mismo representa una inminente amenaza que nos acecha si no hacemos algo al respecto.  

Una vida desprovista de sustancia.

Hemos llegado a nuevos tiempos, venimos del Existencialismo y del Postmodernismo, momentos sociales de crisis espiritual que evidentemente nos dejó agotados y que al parecer, provocó una nueva forma de existir donde se promueve que no se toque la vida. En este nuevo milenio, invocamos lo fácil y lo vacuo, parece como si en todos los estratos sociales viviéramos, cada vez más, una vida desprovista de sustancia. En esta nueva existencia se consume cerveza sin alcohol, carne sin grasa, café sin cafeína, sexo virtual ¡Sin Sexo! E intentamos escapar de esta violenta realidad en la menor provocación posible. Somos una generación cobarde y hueca. Esta nueva actitud humana describe una postura de rechazo a todo lo negativo, intentamos darle la espalda a una de las dos opciones que siempre nos ha ofrecido la vida, queremos los beneficios sin los daños inherentes, cerramos los sentidos a todo lo adverso, no queremos creer que absolutamente todo implica una perdida y una ganancia, tristemente le estamos heredando una paranoia irracional a las nuevas generaciones. Aun así, estos comportamientos humanos nos permiten ser optimistas al respecto porque nos deja entrever que las personas no son el error sino el sistema, todos estamos determinados en gran medida por nuestro entorno, queda claro  que nuestra forma de pensar y la forma en que estamos actuando son una influencia estructural del entorno en el que nos desarrollamos. Los gobiernos lo saben, saben que no pueden cambiar a las personas, al contrario, el pueblo y el estado representativo rompimos nexos históricos y hace mucho tiempo que somos enemigos naturales, somos antagonistas del mismo fenómeno, es por eso que ahora se modifican los sistemas sociales con la intención de que la gente se vea obligada a reaccionar a conveniencia del sistema que nos gobierna. Muchas de las conductas que obedecemos son inducidas por el sistema: las creencias, los prejuicios, los nuevos valores entre los que nos desenvolvemos son determinismos sociales, son constructos de poder. 

Somos resultado de un sistema manipulado, somos “Creaturas” al servicio del gobierno mundial, de este modo, si queremos inducir ciertos cambios personales, hay que transformar también el contexto. El poder opera de diferentes formas sobre las personas ya que también es quien induce una actitud de pasividad o indiferencia entre los individuos. Porque el hecho de no hacer nada no es un símbolo del vacío, es un síntoma y puede aplicarse tanto a situaciones cotidianas como a grandes hechos sociales, el no actuar, el no intervenir de forma activa es una forma de aceptar las condiciones dominantes y corremos el peligro de perpetuar esta actitud social.

Existen muchas personas tristes, decepcionadas de un sistema y además vacías internamente, sin objetivos para su vida individual, obviamente sufren un doble síntoma, no se dan cuenta pero quien se mantiene en estado de pasividad personal, está obedeciendo inconscientemente, o peor aún, bajo consciencia, a un mandato familiar o de círculo íntimo, sufren la manifestación del totalitarismo pero en su vida privada, porque quien siente que no tiene nada que hacer, aunque no se de cuenta está obedeciendo a otro, está pasivamente esperando indicaciones de otra persona. La pasividad social, equivale a la muerte de la consciencia. 

Finalmente, nos encontramos en una nueva realidad, vivimos un nuevo mundo donde gobiernan las empresas y la verdadera economía gira dentro de las redes sociales, a esto se le llama economía de la información porque resulta que en tan solo dos días generamos más información que la que escribimos en toda la historia impresa de la humanidad, pero tristemente tenemos que aceptar que solamente creamos basura intelectual, creamos información virtual que no le sirve a nadie, estamos atrapados en una competencia malsana, diariamente alimentamos una red absurda de comparaciones con los demás. No prestamos suficiente atención a lo que nos hace sentir bien porque estamos obsesionados midiendo si tenemos más o menos placer que el resto, nos estamos convirtiendo en miserables de la atención. Forjamos juntos una época en la que más que nunca nos hemos sometido a la aprobación o a la sanción social. Los nuevos valores se definen en función de la comparación con los otros, el punto ahora no es encontrar lo que nos gratifica personalmente, sino medir si esa gratificación es superior o inferior a la de los demás, lo que nos produce felicidad es superar a otros más que experimentar un sentimiento de superación y desarrollo personal. 

En una época en la que predomina la incertidumbre y donde los intelectuales se encuentran al servicio del sistema nace un ambiente idóneo para las artes, son ellas las que posiblemente nos ofrezcan nuevas alternativas humanas; así explicamos la existencia de este libro, es un espacio donde converge la filosofía y la pintura, no para revelar verdades porque precisamente ese es el principal problema de estos tiempos, donde todos quieren compartir sus verdades sin haber comprobado si son mínimamente ciertas. 

El artista plástico Enrique Jurado Nieto nos entrega su obra con intenciones interrogantes porque creemos firmemente que el arte aporta más preguntando que respondiendo y el profesor Víctor Andrés Cruz Pérez a través de pequeños manifiestos filosóficos intentará crear las preguntas más adecuadas porque precisamente ese es el objetivo al que debe apuntar la nueva filosofía. No queremos entregar respuestas que seguramente están inconclusas, sino forjar nuevas interrogantes para lograr diferentes puntos de percepción ideológica. 

Los intelectuales proclamados, los agentes de verdades mediáticas reveladas hacen mucho más daño que bien a un sistema confundido, porque nos inducen a mantener ideas absolutas o totalitarias que solo nos conducen a nuevas formas de esclavitud. Por eso la pintura y la filosofía se funden en estos textos para demostrar que no necesitamos nuevos profetas, sino generar nuevos senderos de libertad, lontananzas donde hay que madurar y aprender a responsabilizarnos de nuestra propia existencia. 

Vamos a dejar de respirar el vacío; estos manifiestos artísticos nos ayudan a reflexionar y a entender un mundo que no deja de ser complejo y ahora por momentos parece errático, vamos a calibrar la brújula de la época que nos toco vivir… vamos a darle sentido a nuestras vidas desprovistas de sustancia. Y lo vamos a lograr a través del arte el más bello de los lenguajes. El Arte es una afirmación que dentro de sus procesos subvierte sus intenciones creativas en razones netamente axiológicas y sobre todo ontológicas. 

“Respirar el Vacío” es un diálogo que nos invita a darnos cuenta que la modernidad no está cumpliendo sus promesas pasadas, y por ello, los autores nos obligan a aceptar que en lugar de convertirnos en un sueño futurista, nos estamos presentando como una generación vergonzante, como la peor de las Distopías  que ni siquiera el más atrevido de los escritores de Ciencia ficción se hubiera imaginado, estamos pero no somos, a lo más que podemos pretender con esta modernidad es a representar una tibia muestra de lo que es el vacío.

El campo de Batalla donde se escribe la Historia siempre será el lugar donde se decide el destino de los seres y ese campo en su generalidad hirviente pertenece al mundo de las artes, al mundo de la pintura y al mundo de la Filosofía, donde esta obra funge como una fuerza esencialmente creativa cuyas intensiones mueven nuestra existencia. En esta obra radica la magia, el hechizo interminable del artista plástico tijuanense que nos grita, pues la Revolución no es cambio sin alguien que se sumerja en ella en un mundo hecho por completo de percepción, y quien lo observa no es nuestro yo convencional, atado a las impresiones, sino ese otro yo ajeno y original que habita en la frontera de la reflexión. 

Un servidor y el artista Enrique Jurado Nieto somos observadores y críticos que parten de la idea de que sus lienzos, así como la filosofía son un intento de auto reconocimiento humano.

Radio GEA Informa…

Notas sobre el autor plástico…

La vida misma, tanto personal como social tiene una estrecha relación con su obra; concebida y entendida como experiencia, dentro de sus dibujos, no importa el objeto que sea, tanto si es utilitario, como social o poco atractivo, siempre se convierte en un mensaje, siempre es un apéndice del propio artista.  Enrique Jurado Nieto nace en Baja California  y desde su primer aprendizaje hasta el desarrollo presente  de su obra nos ofrece un diálogo donde el artefacto se convierte automáticamente en un hecho artístico (arte – facto), donde teje su magia convirtiendo inmediatamente sus bocetos de sensaciones  en actitudes, desde Tijuana hasta la ciudad de México el autor  aprende a través del arte plástico a plasmar sus más honestas y positivas intenciones en todo lo que realiza, la actividad humana  a través de su pincel, es elevada a lo sublime. Enrique se propone como un crítico radical de  nuestro ser y de todos nuestros actos.  Y precisamente en esta su nueva obra “La Era del Vacío” nos comparte las implicaciones creativas que conlleva la apreciación artística moviendo nuestra conciencia de forma  sísmica así como si fuera cierto que la inteligencia pudiera provocar terremotos, este fenómeno, esta propuesta, representa el descubrimiento personal en relación directa con la conformación de una comunidad, de un todo que exige ser explicado y entendido.  

El Tiempo.

Al parecer ya lo he mencionado anteriormente, los seres humanos contamos con una comunicación muy deficiente. Sumándole además que dentro de nuestro lenguaje tenemos muchos eufemismos que no indican nada, como por ejemplo la palabra interesante, ¡Es interesante! Afirmamos cuando no sabemos que pensar y existen miles más para expresar algo que es duro o difícil de decir, nuestro lenguaje es hipócrita, por otro lado, tenemos también palabras que usamos para definir fenómenos que no existen… ¿Por qué nos gusta nombrar lo que no existe? Podríamos  discutir sobre la existencia del alma o sobre la existencia de Dios y rápidamente se crearían dos tendencias de pensamiento, los que intentarían defender la existencia y obviamente los contrarios, que justificarían la no existencia de ambos conceptos. Nunca llegaríamos a una contundente verdad pero obviamente generaríamos afirmaciones muy profundas. Pero por qué todos damos por hecho la existencia de prodigios tales como la Paz, la Salud o la Libertad, cuando estas palabras por evidente definición son inexistentes. Si acaso los únicos conceptos que se justifican son el cero y el vacío porque obviamente representan lo que no es o lo que fue, pero por qué usamos la noción y referencia, es más, hasta lo usamos como un parámetro cuando ni siquiera existe y me refiero en este momento al fenómeno del tiempo. 

Tenemos la sensación errónea de que percibimos el tiempo, pero eso claramente es una mentira, no lo percibimos porque es evidente que no existe; percibimos el movimiento y el desgate de la realidad y a eso le llamamos tiempo. “El paso del tiempo” decimos, o también declaramos, “viaje en el tiempo”. Nos referimos tantas veces al concepto de tiempo que se ha vuelto común dentro de nuestro lenguaje y ahora es más difícil pensar que es inexistente, aquí radica el problema, es una anormalidad que damos por hecho y por eso lo usamos como referencia y parámetro de otros tipos de conocimiento, enturbiando de esta forma lo poco que sabemos de la realidad.

¿A dónde vamos si no conocemos el camino?

Yo los invito a romper el paradigma y a crear una nueva pauta de pensamiento, imaginen que no es el tiempo el que está pasando, aceptemos la idea de que somos nosotros los que se mueven, somos nosotros los que están viajando a través del universo. Cada momento que vivimos contiene nuestro pasado y nuestro futuro, ¿recuerdan sus viajes y sus reuniones?¿recuerdan el festejo de sus más grandes éxitos o el peor de sus fracasos? pues es solamente eso, recuerdos, pero nosotros le llamamos pasado, Cada momento es eterno, cada sonrisa, porque queda registrado para siempre en nuestra memoria. Es curioso que el tiempo sea un fenómeno tan subjetivo para todos, por ejemplo: para los niños parece ir muy despacio, conforme crecemos los lapsos van tomando un ritmo cada vez más rápido, nos da la sensación de que los años pasan más deprisa a pesar de que debería de ser el mismo para cada quien. Esto es un indicio de una cosa muy importante, nosotros no dependemos del tiempo, sino al revés, el tiempo depende de nosotros o para ser más exactos, el tiempo depende del movimiento, igual que la vida misma. Debemos entender que el tiempo no es relativo, simplemente no existe y debemos también asumirlo para poder crear nuevas determinantes. 

Existe el espacio, fraccionado y dividido en varias dimensiones, por lo tanto, existe la altura, la distancia, la profundidad,  evidentemente existe la luz y existe también la posibilidad de movernos dentro de estas realidades; estos son los verdaderos parámetros que podemos usar para definir nuestra existencia de forma objetiva y si los usamos como únicos factores vamos a entender relaciones más sugestivas y tan sorprendentes como la muerte misma.

¡La muerte y el tiempo NO existen!

El tiempo es un invento sensorial que se gesta en nuestro cerebro, el cual, procesa la relatividad temporal y fundamentalmente la entropía, o sea, percibimos el caos como una unidad o viceversa entendemos que cada elemento dentro del universo tiene una función determinada, nuestra posibilidad psicológica interpreta nuestro movimiento estelar como un devenir en términos de pasado, presente y futuro, estamos atrapados en un cerebro limitado que entiende así esta forma tan peculiar  a la que llamamos “tiempo”. La primer sorpresa de todo esto es que estamos viviendo esas alternativas a las que llamamos pasado, presente y futuro en un mismo momento, así mismo, descubrimos otras revelaciones, nuestra existencia y nuestra muerte necesitan nuevas y diferentes explicaciones si es que no existe un antes y un después fuera de la mente. Tenemos la costumbre de fragmentar los sucesos humanos pero todo lo que has vivido, lo que vives ahora y lo que vivirás está pasando justo en este momento. Lo que fue no es una flecha que avanza linealmente hacia lo que será porque insisto el pasado, presente y futuro existen simultáneamente. 

La realidad en este caso el universo es un rompe cabezas del cual solo percibimos algunas piezas, fragmentos que no podemos embonar en ningún lado porque aun nos faltan las piezas más importantes, tenemos  porciones de conocimiento que posiblemente estamos colocando al revés, tenemos conocimientos de la física clásica por un lado y conocimientos de la física cuántica por el otro y nos desespera darnos cuenta que son partes que no embonan, obviamente porque no sabemos dónde van y porque no sabemos que piezas nos faltan. Necesitamos salir de la tierra para entender diferentes fenómenos y que confundimos con el tiempo, vamos a  analizar el siguiente ejemplo para comprender mejor la cuestión y que nos expone a los humanos como una especie de radiotransmisor que solamente sintoniza una frecuencia a la vez. Somos un Radio que solamente puede sintonizar una parte pequeña de la realidad y la reproducimos como tal, habiendo miles de posibilidades más. Está científicamente comprobado que viajar a la velocidad de la luz nos transportaría directamente al futuro, desgraciadamente los que nos quedamos estáticos no lo podemos sintonizar. Alfa Centauri es una estrella que se encuentra aproximadamente a cuatro años luz de distancia de nosotros en la tierra, básicamente si quisiéramos visitar esta estrella el viaje a la velocidad de la luz nos demoraría una travesía sin escalas de cuatro largos años, bien, lo mismo pero en sentido inverso ocurre con la luz que produce Alfa Centauri, su luz tarda cuatro años en llegar hasta nuestro planeta y por lo tanto, lo que vemos de ella es lo que ocurrió hace cuatro años, en otras palabras, eso que percibimos justo ahora pasó hace cuatro años, estamos en el presente viendo directamente al pasado y si acometemos nosotros mismos ese alucinante viaje y miramos nuestro arribo a nuestra estrella vecina literalmente estamos presenciando el futuro de los que se quedaron en la tierra. Pero no importa donde nos encontremos, en el sistema solar o en el sistema de Alfa Centauri, más allá de lo que percibimos solamente podemos vivir el presente, creo que si podemos entender este simple ejemplo se nos revela lo sorprendente al comprender lo que propuso Albert Einstein en su momento sobre la relatividad del tiempo o aun mejor comenzar a aceptar que el tiempo solamente es una ilusión de nuestra conciencia. Ahora tendríamos una prueba real de que el pasado, el presente y el futuro se encuentra en un mismo plano, por lo tanto el tiempo es lo de menos, dentro de la inmensidad del universo todos los eventos tienen el mismo estatus de existencia, no es el tiempo el que está pasando, somos nosotros los que nos movemos a través del universo y vamos descubriendo los eventos que existen de manera atemporal, creamos modelos de tiempo construidos en la conciencia humana, nosotros inventamos el tiempo para fraccionar y describir el camino que cada uno de nosotros recorre a través de los eventos del cosmos, tu sentido del presente solo refleja en que parte del universo te encuentras, en este instante el pasado es solo una porción del universo donde te encontrabas y el futuro es un espacio donde estarás. No es una cuestión de tiempo, es una cuestión de espacio. 

Alfa Centauri se encuentra a 4,37 años luz de distancia de nosotros.

La gran diferencia determinante entre la ciencia y la filosofía posiblemente sea el concepto del tiempo, este invento humano le ha permitido a los científicos tener un parámetro de medida con el cual pueden experimentar a diferencia de la filosofía que al ser más honesta no se permite falsos parámetros y por lo cual no puede dar determinantes. La ciencia trata con causalidades y circunstancias repetibles con ayuda de parámetros y condiciones restringidas, aun así gracias a estos factores posiblemente inexistentes pueden obtener una explicación repetible, es por eso que la ciencia no trata con cosas como belleza o significados de lo que es bueno o malo porque no existen estas condiciones o parámetros ilusorios que permitan experimentos repetibles que puedan determinar por ejemplo y como dije al inicio la existencia del alma o de Dios. No existen unidades de medida para que algo se determine bueno o malo, queda de esta forma evidente porque la ciencia nunca podrá lidiar con la ética.  Finalmente, si aceptamos la no existencia del tiempo el problema del conocimiento es el siguiente: no tiene sentido hablar de una ley de comportamiento del universo como un todo, cuando los parámetros son irreales, ya no podemos asumir que existe un conjunto de cosas que son del mismo tipo y crear leyes que se aplican a todos estos objetos, obviamente, debe de existir una ley que rige y aplica para todo el universo pero aun no tenemos manera de comprobarlo porque nosotros solo podemos acceder a una perspectiva del universo, esa ley única existe pero los seres humanos no tenemos acceso a ella. La causalidad, la casualidad y el destino lo estamos tejiendo en este mismo instante, así que la indefinición del futuro cambia con la definición del pasado, es decir, todos los instantes existen simultáneamente y se encuentran creando el tejido al que llamamos futuro, todo lo que existe se encuentra implícitamente conectado por eso lo que hacemos ahorita afecta directamente nuestro destino, si somos optimistas y el ser humano evoluciona correctamente lograremos nuevas percepciones, haciendo de todos los ahora una nueva verdad. Al fin dejaremos de temer a la muerte, por fin entenderemos que somos eternos porque la materia no se destruye, posiblemente entenderemos nuestro verdadero significado.  

Así como el concepto de libertad, el de tiempo solo existe gracias a nuestra conciencia. La razón por fin está aceptando que existen diferentes realidades, esto nos indica que la existencia de las cosas en el espacio depende totalmente de una conciencia que les de significado. Tal vez lo que percibimos como tiempo no es más que la evolución de la conciencia posiblemente todos los ahora existen siempre y lo que percibimos como real solo es el viaje que nuestra conciencia recorre por todas las posibilidades que nos ofrece el universo y tal vez no podemos regresar en lo que percibimos como tiempo a los ahora pasados porque ya rebasamos el nivel de conciencia que les percibió en su momento, el tú que se despertó esta mañana no es el tú que está leyendo este pequeño artículo, si recuerdas algo en el pasado, lo estás recordando ahora con el arreglo estable de neuronas que crean esa memoria; este fenómeno se construye gracias a la percepción de un sin fin de posibilidades que puedes experimentar y las percibes como tal porque esa es la frecuencia de tu nivel de conciencia. Les recuerdo nuevamente que tal vez nuestra experiencia en la vida es como la de un radio que solo suena o reproduce las estaciones según las frecuencias que sintoniza, solo una a la vez, a pesar de que hay cientos tal vez miles de estaciones transmitiendo al mismo tiempo. 

La realidad cuántica es sorprendente.

Radio GEA… Informa.

La Libertad.

¡Es un autodescubrimiento!

El concepto de libertad (si es que podemos forjar uno lo suficientemente objetivo) es muy complejo. Para entender algunas de sus características hay que relacionarlo con algunos otros conceptos y preguntarnos primero ¿qué es? El libre albedrio, la autonomía, la conciencia, el deber, la determinación, el determinismo, el indeterminismo, la indiferencia, la voluntad, entre algunos otros fenómenos fuera del control humano y después de entender estos, intentar descubrir ¿Qué es la Libertad? Aun así, si continuamos analizando otras palabras como: Casualidad, causalidad, el efecto mariposa o la teoría del caos, nos servirá para llegar a conclusiones tan arriesgadas como aceptar que la libertad. ¡No existe!

¿La Libertad guiando al Pueblo?

Cuando analizo el concepto de libertad con mis alumnos me doy cuenta que rápidamente el fenómeno se convierte en un mero pretexto para descubrirnos como seres humanos en constante conflicto con la realidad que nos arroba. Comenzamos intentando conceptualizarla, descubrimos diferentes tipos de libertad y es revelador entender de forma sorpresiva que somos títeres del destino. La primer sorpresa deviene cuando aceptamos que realmente no nacemos libres, los jóvenes más dinámicos proponen que llegamos a este mundo sin nuestro consentimiento y de igual forma se nos arrebata la vida, ¿dónde esta la libertad entonces?  Siguiendo el curso de la clase, llega el momento de discutir qué función cumple la libertad, así caemos en los tópicos más comunes, libertad es la capacidad que tiene el hombre de autodeterminarse, otros la traducen como la capacidad que tiene una persona a través de la voluntad para optar entre el querer y el no querer y los más arriesgados llegan a afirmar que la libertad es no ser esclavo de nada, de ninguna necesidad, de ningún accidente y gracias a esto forjar la fortuna que nuestra potencia nos otorga; como seres humanos muchas veces nos portamos infantilmente ingenuos y este es el caso, por eso crear un significado para la palabra libertad es muy complejo. Estamos acostumbrados a centralizar el pensamiento, somos egocentristas, somos sociocentristas, somos humanistas, solamente hemos intentado filtrar la verdad a través de una perspectiva humana, pero cuando salimos de nosotros (aunque Heidegger dice que no podemos) para estudiar la realidad de una forma “CosmoCéntrica” la realidad se nos manifiesta de forma más creativa y la libertad es la primera que desaparece, somos parte de una maquinaria cósmica muy compleja y el ser Humano es un pequeño engrane dentro de ella, o sea, solo cumplimos una función y en cuanto seamos inútiles dentro del sistema vamos a desaparecer. Otra vez, ¿dónde está la libertad?

Nacemos y morimos como una determinante.

Imagina por un instante, que todo lo que eres es producto de una ecuación perfectamente trazada, que todo el Big Bang, la creación del universo, el comportamiento estelar, esa danza entre galaxias y la melodía que surge del movimiento de nuestro sistema solar, sumado a lo que previamente vivieron nuestros más lejanos antepasados, tus bisabuelos, tus abuelos, tus padres, imagina que todo llegó y se hizo en el momento propicio para que tú existieras, imagina que todo sucedió para tu existencia y para que tú disfrutaras de esta realidad donde todos los demás solamente somos parte de tu escenario; ahora imagina que dentro de estas variables surgiera la más mínima variación, por ejemplo, la más próxima que tus padres no se hubieran conocido, ¿dónde demonios está? O ¿qué papel juega la libertad?

¿Realmente podemos decidir?

Sin embargo, en este momento de la clase mis alumnos no se encuentran desanimados, sino al contrario, quedan necios de descubrir a que le llamamos libertad o por qué prevalece el concepto. Comenzamos humildemente por aceptar que la libertad es una forma de auto engaño, es una mentira piadosa que nos fabricamos para defendernos del miedo al fenómeno del determinismo y como un premio a nuestra modestia caemos en cuenta de que todo lo que pertenece al orden de la libertad, solamente pertenece al orden de la razón, o sea, la libertad solamente existe para el espíritu. Solamente es libre el hombre cuando se comporta de forma racional y dispuesto a actuar con responsabilidad, por tanto, es posible que todo el cosmos esté determinado, incluyendo la vida del hombre. Pero en la medida en que estas vidas son racionales y tienen conciencia de que todo está determinado, gozan de libertad. En esta concepción la Libertad es propia solamente del sabio, todos los hombres son por definición racionales, pero solo los que tienen dominio de sus emociones, de sus apetitos y de sus instintos, tienen la facultad de ser libres. La libertad es un autodescubrimiento, es la “Enkrateia” es el dominio de si mismo. Finalmente la libertad es real, pero no se trata de una condición previamente dada a nuestra existencia, ¡NO! Es una creación evolutiva de la actividad humana y las creencias humanas. Ahora, por fin todos entendemos el adagio… ¡La verdad nos hará libres! La libertad solamente es bajo palabra y la puerta que nos abre esta posibilidad es la conciencia.

«Actuando contra nuestro mejor juicio»

Radio GEA Informa…

La Nueva Identidad.


La Identidad es una transformación en movimiento que construimos como un proceso de convivencia, Y lo hacemos para formar parte de una comunidad, de un ambiente donde nos sentimos en armonía con otros. Por supuesto, en nuestra vida pertenecemos a diferentes comunidades, asociaciones o grupos políticos y culturales porque cuando somos parte de un grupo nuestras fuerzas se multiplican y toman significado, es más, si lo pensamos de forma objetiva todo lo que hacemos, lo realizamos con la comunidad en la mente, ya sea para bien o para mal, vivimos por la comunidad y para la comunidad, al menos así era hasta el siglo pasado. 

El siglo XX se distinguió por ser un mundo dividido por bloques con diferentes religiones, filosofías y economías que respondían a diferentes geografías, las identidades eran muchas y fácilmente distinguibles, pero en el curso de un siglo aprendimos que ninguna doctrina es más real que otra y descubrimos que cualquier ideología puede pervertirse rápidamente, todas las religiones se mancharon las manos de sangre todas pelearon por el monopolio del fanatismo y todos los pensamientos siguen buscando la exclusiva de lo humano. Sin embargo, esa era parte de la belleza social, la múltiple gama étnica nos unía a toda la humanidad y además, estábamos vivos dentro de las grandes diferencias culturales nos unificaba la angustiante constante de pensar para existir, actuar, defender nuestra propia ideología en defensa de nuestra patria y nuestra identidad. Antes las sociedades eran rotundas y además radicales, atendíamos el adagio que decía “un enemigo es aquel de quien no sabemos su historia”,evidentemente, dando por hecho que su historia representa esa famosa identidad. Odiábamos la diferencia pero establecíamos acuerdos en cuanto conocíamos su punto de vista, finalmente entendíamos que todos somos iguales pero las historias nos diferían. Los Nazis son producto de su historia, los estados comunistas y los estados capitalistas eran ideologías antagonistas que se basaban en los inicios del pensamiento, los presocráticos ya lo habían sentenciado dentro del idealismo y el materialismo, o sea, insisto, la sociedad estaba viva.

El Comunismo.

La sociedad del nuevo siglo tiene a su disposición un nuevo poder, esta nueva generación nace y crece dentro de las redes sociales, desde muy pequeña toda la gente, todas las personas se desarrollan como figuras sociales, comparten su casa y su vida a través de una pantalla, de esta manera el ser humano adquiere en primera persona la capacidad de proyectar la imagen que quieren vender de si mismo a los demás, ahora somos actores de un teatro donde nadie reconoce realmente al otro, vivimos una comedia en la que representamos un papel que previamente elegimos, vendemos una imagen acorde a lo que la sociedad establece o impone como éxito, de esta forma estamos construyendo una nueva identidad social, la del fraude, ahora ya no somos, solamente parecemos, nuestra nueva identidad es la farsa, el engaño, somos títeres de una tragedia donde los protagonistas ni siquiera se han cuestionado si lo aceptado socialmente lo llevan a la práctica porque realmente los hace felices o aunque les disguste están dispuestos a hacerlo solamente para pertenecer a esta nueva tendencia de personas con identidad falsa. Esta forma de actuar donde ya no importa quienes somos sino lo que fingimos, nos creamos un personaje que proyecta un deseo, una idealidad personal que estamos condenados a no ser en realidad, las personas no tienen una identidad estable para compartir a través de imágenes como hubiera sucedido el siglo pasado, recuerdo mis álbumes de estampas que me hacían conocer como era una persona del otro lado del mundo, como se vestían tradicionalmente los rusos, los orientales o las tribus de Nueva Guinea, ahora los jóvenes son parte de un fenómeno que crea identidades vacías e irreales a través de imágenes. Los adolescentes pelean por construirse una identidad superficial que se alimenta de estándares y referencias que les lleva a vestirse con instrumentos que contribuyen a una individualización, creando una nueva moral que no fomenta el pensamiento de grupo, ni la defensa de ninguna comunidad, lo común hoy en día es no pertenecer, ahora somos animales feroces que buscan aniquilar al más cercano o al más popular, dentro de las redes sociales responsabilizamos a los demás de nuestra propia felicidad y los hacemos cerradamente partícipes de nuestras tragedias, buscamos llenar nuestro perfil de amigos con gente que no conocemos, nos compramos una pantera nos tomamos una foto y la subimos a la red social para demostrarle a los demás que estamos “triunfando”, fingimos una sonrisa dentro de las aplicaciones solamente para demostrarnos o hacernos creer a nosotros mismos que no estamos vacíos interiormente.

El Capitalismo.

Estamos mutando en seres estúpidamente dependientes, estamos acomplejados y somos esclavos de una dependencia que manifestamos en todos los ámbitos, reclamamos la atención continua de los demás, discutimos porque no contestamos los mensajes inmediatamente; ya no sabemos estar solos, nos hemos convertido en una sociedad enferma de apegos, la felicidad radica en hallar el equilibrio entre la aceptación de nuestra identidad individual y la identidad del grupo al que hemos elegido para pertenecer, somos una sociedad “Fashion Victim” donde ya no es necesario definirse individualmente, quedamos satisfechos de ser simplemente clones de identidades que ni siquiera entendemos; sin embargo, es posible que el fenómeno de las Selfies, ir de compras solamente para atrapar el momento o ponernos un traje de baño y fingir la playa puede considerarse desde un punto de vista antropológico un elemento de nueva identidad cultural que comparten las nuevas generaciones, las redes sociales serán la memoria de los valores y los principios morales de este moderno grupo que desesperadamente buscan ser reconocidos. La necesidad constante de tener presencia en las redes sociales, una vez más, refleja la expresión de un vacío interior que las personas no saben llenar. La decisión de aceptar estos nuevos roles sociales o la determinación de atender estas nuevas necesidades absurdas desemboca finalmente en un sentimiento de culpa y una lucha interna derivada no del constructo de una identidad propia sino del miedo a ser rechazado, a no tener un solo LIKE, ser invisible dentro de un mundo globalizado. Tenemos que aceptar que nos encontramos ante la renuncia de nuestra propia esencia en pro de una aceptación colectiva, una renuncia que casi siempre deposita al individuo en la soledad, en la falta de autorrealización y frente al sentimiento de fracaso e inferioridad.

La Soledad.

Afortunadamente siempre hay rebeldes, personas inconformes, almas revolucionarias que no se resignan y que no se dejan atrapar por los establecimientos sociales, espíritus que siempre rompen los cánones y vuelven el equilibrio al universo, así como lo hicieran los Hippies o los Punks en su momento. Una vez más afirmamos que la identidad de la gente moderna se viste de Soledad. Hemos olvidado estar con nosotros mismos, hemos desdeñado vivir para nosotros de manera congruente con lo que aprendemos de nuestras propias experiencias. Estamos sedientos de aceptación ajena. Le estamos dando la espalda y no queremos admitir que necesitamos muy poco para no fallarnos a nosotros mismos; no queremos atrapar la esencia de lo íntimo, de lo humano, preferimos entregarnos al placer breve de lo público.

Unidos en la personalización de ideologías.

Deseo concluir recordando el origen y significado de la palabra identidad, etimológicamente “Identitas” es una palabra latina que deriva del famoso “Idem” y que hace referencia a las cualidades que nos hacen percibir a una persona como única frente a las demás y simultáneamente que esa persona implica lo mismo que el resto si la consideramos dentro de un grupo. Por lo tanto, la identidad es el constructo de una imagen sobre nosotros mismos que nos permite actuar en un entorno de forma acorde a nuestros pensamientos, los cuales nacen y son congruentes a la interacción con el grupo al que pertenecemos. Por lo tanto, los deseos de “tener” nos nublan la conciencia que debería obligarnos a conocernos a nosotros mismos, nos negamos la posibilidad de descubrir que pequeños o grandes placeres son los que particularmente nos llenan de dicha y cuales no.

Ignoramos nuestras bases de identidad.

Finalmente, Eres lo que publicas en las redes sociales, somos personajes de un foro donde podemos decirle al mundo lo que estamos pensando, antes de darnos la oportunidad real de pensarlo. Las máximas Kantianas nunca estuvieron tan vivas, “obra de tal modo que uses a la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro”, lo malo es que no lo hacemos como un fin sino como un vil medio. Actúa como si Dios te observara porque seguramente lo está haciendo.

  • ¿Buscas algo? Googlealo.
  • ¿Buscas a alguien? Facebookealo.
  • ¿Quieres pensar? Twitealo.
  • Y respeta ante todo a tus viejos porque ellos aprobaron sus estudios sin ayuda de Wikipedia.
Nuestra Identidad se viste de Soledad.

Para ustedes…

Radio GEA. ¡Informa!